West of
Memphis
En años recientes filmes como
Presunto culpable han cobrado notoriedad al incidir en el espacio público,
específicamente a favor de las víctimas de sistemas de justicia corruptos. Siguiendo
en buena medida los preceptos del Cinéma vérité, este tipo de documental tiene
una clara intención de ladear la balanza a favor del inculpado. Lejos de ser un
cine “objetivo”, presenta el caso dentro de un amplio contexto a partir del
cual el público puede sacar sus propias conclusiones. Otra característica es
que el realizador está consciente de que el asunto a tratar habla por sí mismo
y de que su presencia o declaraciones dentro del filme deben ser discretas, a
diferencia del muy conocido y protagónico documentalista Michael Moore, por
ejemplo.
En Estados Unidos uno de los
filmes que más han contribuido a modificar el curso de una sentencia es la
trilogía Paradise Lost, antecedente directo de West of Memphis y que da cuenta
del amañado juicio y condena de los adolescentes Damien Echols, Jason Baldwin y
Jessie Misskelley por el asesinato de tres niños en West Memphis, Arkansas, en mayo
de 1993. Enjuiciados con pruebas fabricadas, un inverosímil escenario de magia
negra y rituales satánicos, confesiones forzadas, un jurado y una opinión
pública presa de la histeria colectiva, los muchachos pasaron cerca de 20 años
en la cárcel por un crimen que no cometieron, hasta que en 2011 obtuvieron su
libertad en un acuerdo legal que no incluía el reconocimiento del craso error
por parte del estado.
Paradise Lost fue una astuta
saga de documentales realizada por los experimentados socios Joe Berlinger y
Bruce Sinofsky (editor en su momento de los reconocidos Albert y David Maysles),
quienes siguieron de cerca este caso durante dos décadas. En ese lapso ellos
mismos se ocuparon de contribuir al financiamiento de la defensa, a la vez de
pagar una suerte de regalías a las familias de las víctimas por sus testimonios
filmados. Con el tiempo y una mejor defensa, aparecieron nuevas pruebas que
hacían insostenible la condena de pena de muerte para Echols y cadena perpetua
para sus amigos. Sin la intervención de los directores y de este importante
proyecto, es seguro que la condena se hubiera cumplido.
En West of Memphis la directora estadounidense
Amy Berg sigue un curso similar, acaso con un tono de denuncia más firme. Con
Peter Jackson y el mismo Damien Echols en la producción, podría pensarse que
este documental es un contraataque con la intención de que el estado de
Arkansas rectifique públicamente y declare la inocencia de los jóvenes. Para
ello Berg se ha asegurado de volver a contar detalladamente la historia y de
aportar pruebas más incontrovertibles, buscando, por ejemplo, a quienes
aportaron testimonios falsos, así como realizando entrevistas osadas a los
mismos detectives y fiscales que fabricaron el caso.
La directora debutó en 2006 con
un sustancioso recuento del pedófilo cura Oliver O’Grady y sus múltiples
crímenes sexuales durante la década del 70 en Los Ángeles, solapados todos por
altos jerarcas de la arquidiócesis de esa ciudad. Sobre este escandaloso
suceso, Berg consiguió una serie de entrevistas con el acusado que revelan el
entramado de complicidades en esa organización. Asimismo retratan la frialdad y
la escalofriante perversidad del depredador sexual. El consenso entre críticos
y público en general es que este documental, Deliver Us From Evil, es un
documento de enorme valor cinematográfico y político.
Con estos antecedentes, Berg
además ha aprovechado, siguiendo el ejemplo de Berlinger-Sinofsky, la
contribución de músicos y actores famosos que han dado renombre a estos documentales
desde la primera parte de Paradise Lost en 1996, cuando de manera inédita el
grupo Metallica cedió los derechos de varias de sus canciones para ser reproducidas
en los filmes. El condenado a la pena capital había sido señalado en gran parte
por su supuesto involucramiento en un culto satánico, y se le había condenado
con base en su apariencia –cabello negro y largo, camisetas de Metallica y
otros grupos de metal, carácter huraño, aspecto “raro”…–. En West of Memphis, el
músico de la legendaria banda de punk Black Flag, Henry Rollins, aporta música
escrita específicamente sobre el caso, así como sus decididos puntos de vista.
Otras voces que se han
pronunciado a favor del documental y de lo que denuncia, es el actor Johnny
Depp en cadena nacional con David Letterman, así como muchas otras figuras
públicas. West of Memphis se antoja, pues, un documental imperdible no sólo por
lo que aborda, sino por un uso sobrio del lenguaje cinematográfico que logra
conmover a la vez de generar conciencia sobre el tema, pero también sobre el
alcance y la relevancia del cine en el espectro político.
[COLOFÓN]
Compás documental
Algunas resonancias del estilo
documental de West of Memphis se pueden rastrear hasta el trabajo de Errol
Morris, los mencionados Albert y David Maysles y el más reciente filme de
Werner Herzog.
El primero debutó en 1978 con
una historia sobre un cementerio de mascotas titulada Gates of Heaven. La
realidad observada con ojo poético es el estilo personal que adopta Morris en
este filme que rompe por completo con la noción de “realidad objetiva”. Las
entrevistas que consigue Morris con los afligidos dueños de mascotas fungen como
ocasiones impensadas para reflexionar sobre la vida misma.
La trayectoria fílmica de los
hermanos Albert y David Maysles se remonta hasta el inicio de los 60. Sus
documentales sobre The Beatles y The Rolling Stones los colocaron en el radar,
pero es su trabajo de la década siguiente el que sobresale por un estilo
fílmico personalísimo. Éste se puede apreciar sobre todo en Grey Gardens, una
película donde los límites entre observador/observado son difuminados con una
cámara-ojo contemplativo. En Gray Gardens, los Maysles nos permiten habitar
íntimamente el mundo “excéntrico” de las protagonistas.
Otra mirada única es la del
alemán Werner Herzog. Podría decirse que Into the Abyss (2011) es su filme más
“lineal y objetivo”, pero lo cierto es que en esta historia sobre dos
condenados a la pena de muerte, con su narrativa equilibrada entre víctimas y
victimarios, Herzog logra, en esos minutos de epifanías tan característicos de
su cine, convocar a una honda reflexión sobre el sentido de la vida, cuando la
muerte está anunciada.
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