The Green Inferno
Algo que caracteriza al cine revisionista de horror es su
dificultad para adentrarse en algo más que la cinematografía técnica de las
películas clásicas en las que dice basarse, mientras sus novísimos creadores se
declaran “fans” de esos títulos del pasado. Un ejemplo es la más reciente
película de Eli Roth, el ya no tan joven director estadounidense que permanece
desde hace más de una década como una latente promesa de este género
cinematográfico. En una extraña amalgama de influencias, Roth recientemente
declaró que pretendía acercar su película a títulos tan dispares como Aguirre o
Apocalypto, con un aire de Terrence Malick.
El name-dropping de
Roth, lejos de impresionar, revela que la enorme distancia ideológica que tiene
con Werner Herzog es inversamente proporcional a la cercanía ideológica con el
cine de Mel Gibson y su versión de la cultura maya como una de salvajes sádicos
con sed de sangre. De haber entendido Aguirre, Roth se habría adentrado a la
Amazonía para contar una historia desde el punto de vista del otro, o por lo menos habría reflexionado
sobre la incursión del hombre occidental por los mundos “nuevos” o “distantes”,
y la destrucción que ha llevado consigo.
En The Green Inferno Roth critica la supuesta ingenuidad de
los actuales activistas pro ecología que lo mismo se encadenan a árboles a
punto de ser talados, o se organizan por medio de las redes sociales para
protestar por el encarcelamiento de la banda Pussy Riot o contra las
operaciones financieras de Wall Street. Eli Roth no cree en estas personas. Es
así como se basa en ellas para trazar personajes con brocha gorda en The Green
Inferno. La ingenuidad que el director les atribuye, los lleva a viajar del
centro del mundo moderno (Nueva York), al centro del pre-moderno (la selva
peruana) con el objetivo de impedir la desaparición de una tribu nativa.
El grupo de jóvenes activistas se accidenta en el fondo de la
selva peruana después de un viaje cuyo propósito era detener a una compañía
petrolera que pretendía extraer el recurso natural del suelo habitado por la
tribu, a la par de contratar a un grupo paramilitar para asesinar a los
nativos, pero éstos, lejos de ser salvados, capturan a los activistas. Este
predecible “choque de culturas” tiene su clímax en el hábito que tienen los
habitantes de la Amazonía por comer seres humanos. Canibalismo insospechado
como cheque de “realidad” para grupos de concienzudos hipsters, parece ser la
moraleja de Roth. Por fortuna, el director se separa de la cinematografía
efectista de Apocalypto y adopta parcialmente la de Holocausto caníbal, la
película que Ruggero Deodato dirigió en 1980 y que fusionó el horror con el
gore en una muestra de brutalidad y violencia extrema difícilmente superada.
El éxito de Holocausto caníbal fue la verosimilitud de la
historia, construida a partir de elementos del cine documental o de los
noticieros de televisión, como las imágenes de archivo y las actuaciones
improvisadas de actores no profesionales –nativos– y locaciones no recreadas.
En efecto, el director italiano se adentró en la selva amazónica para contar su
historia de canibalismo extremo. Roth no retoma las imágenes de archivo,
recurso ya bastante cansado en el horror revisionista, pero sí encuadra
locaciones y actores nativos en contraste con sus actores profesionales.
En un nivel de personajes se encuentran caracterizados otros
habitantes de la selva: jaguares, hormigas venenosas y hasta el río, todos
amenazas tan letales como los nativos que actúan al margen de la civilización.
El desafío de Roth es que se sepa distanciar de la cinematografía tipo
documental de los clásicos del subgénero de horror caníbal, tanto como de las
técnicas actuales de animación y retoque digital, a la vez de lograr tomas en
alta definición de la densidad y el verdor de la Amazonía (es decir, la
majestuosidad sobrecogedora de la naturaleza que dimensiona la pequeñez del
humano) sin emular un documental de National Geographic.
Además de una película de género, una lectura interesante y actual
de The Green Inferno es el binarismo que alude a la modernidad o civilización,
y la barbarie opuesta con la que el diálogo es imposible. The Green Inferno
remite, tal vez sin proponérselo, a nuestra actualidad política: desde las
ríspidas relaciones de los Estados con sus poblaciones originarias
(“indígenas”, “aborígenes”, “nativos” y todos esos términos acuñados por los
vencedores), hasta los Estados hegemónicos hoy amenazados por el medievalismo
semi-moderno de grupos como los fundamentalistas islámicos de Medio oriente que
ponen a prueba un sistema social que perpetuamente se valida a sí mismo
mientras desconoce/destruye al contrario: no los “nativos”, sino el mundo
moderno.
EXTRA:
La trayectoria de Eli Roth en el cine de horror
Puede que su filmografía no sea vasta, pero lo que nadie
puede negar es que Eli Roth figura dentro de los primeros nombres del cine de
horror actual, después de que sus filmes de 2001 y 2005 causaran tanto interés
como controversia. Cabin Fever (2001). Durante los años previos a su
producción, Eli Roth ya se había hecho de una reputación como el próximo gran
director del cine de horror, de la misma manera que ha sucedido con algunos de
sus contemporáneos. Cabin Fever se inscribe dentro del cine-homenaje a los
héroes del pasado, aunque por debajo de éstos. Aludiendo a los creadores de la
violencia extrema como Tobe Hooper, Sam Reimi o George Romero. Lejos de lograr
una visión novedosa, Roth demuestra su conocimiento sobre el género y su
habilidad para emularlo.
Hostel (2005). La inocencia se pierde cuando las vacaciones
se convierten en una incursión dentro del crimen organizado en Europa del Este,
específicamente del tráfico de personas y la prostitución. Haciendo uso de la
violencia extrema, la conservadora Hostel no gustó casi nada a críticos, pero
se ganó millones de seguidores probablemente tan “fans” del género como el
director. Comparada al cine de horror japonés o coreano, y a ciertos títulos
franceses o australianos, esta discreta producción hollywoodense muestra
claramente la obsesión de este punto neurálgico de la industria fílmica por el remake y la fórmula.