Zero
Dark Thirty
Este año Hollywood tiene sus más
altas apuestas en la única mujer galardonada por esa industria: Kathryn
Bigelow. Experta en narrativas trepidantes, la filmografía de la oriunda de
California ha adoptado en esta década –específicamente desde 2001– un cariz
polémico que se puede notar particularmente en sus filmes sobre las guerras de
Irak y Afganistán.
La caza de Osama bin Laden,
historia que ocupa Zero Dark Thirty, ha suscitado tanta controversia que
recientemente la directora y el guionista han tenido que defenderla. Desde los
políticos republicanos de su país, que han exigido una investigación por las
supuestas filtraciones de información clasificada que fue compartida con el
equipo de producción, hasta las plumas críticas que la califican como poco
menos que propaganda imperialista (algunas con muy buenos argumentos, como el
texto de Jane Mayer para The New Yorker), lo cierto es que el filme no debería
entenderse por sí mismo, o como una historia desligada de la Historia.
Existe el contexto –más si se
trata sobre semejante tema–, y existe el antecedente de 30 años de trayectoria
fílmica. En realidad Bigelow es una directora más complicada de lo que sugieren
las posiciones encontradas. La maquinaria de la violencia como tema nodal no es
una preocupación reciente en su cine, sino que ha sido la constante desde su
ruptura con el mundo de la pintura y su encuentro a inicios de los 70 con el
grupo de artistas Art & Language, que desde la crítica buscaban incidir en
el espacio político.
Bigelow halló su voz no en su
formación como pintora, sino en el cine, un medio en el que no se necesitaba de
una formación especializada para poder comunicar las ideas que le preocupaban a
la directora en aquel entonces. Podría decirse que la escuela más importante de
Bigelow fue intuitiva. Ha declarado un antes y después a partir de su encuentro
con el cine de Fassbinder, y fácilmente podría deducirse que con algunos de los
más astutos exploradores de la violencia como impulso vital: Sam Peckinpah y
Akira Kurosawa.
“Poner los pies en el campo de
batalla” ha sido, pues, el abordaje que pasa por hiperrealismo en Bigelow, que
como mujer en una industria primordialmente de hombres, ha sido incesantemente
interrogada y sometida al escrutinio durante casi 30 años sobre su rol como directora.
Ante ello ha optado por una neutralidad forzada o defensiva en sus
declaraciones, pero sus películas indican algo distinto. Despojada de sentimentalismo,
o de la “sensibilidad femenina” asociada
a películas como las de Jane Campion (muy válida, pero ciertamente no la única),
el cine de Kathryn Bigelow no sólo tiene una manufactura impactante, sino una
mirada distintiva y sí, femenina. Hay que recordar el enorme contraste entre
hombres y mujeres en películas como The Loveless (1982) o Point Break (1991):
la violencia de los hombres como resultado de vínculos inexistentes o frágiles
con las segundas.
Mas la directora no ha asignado
mucho metraje a la representación de la mujer en sus películas, hasta Zero Dark
Thirty, que tiene como protagonista a una analista de la CIA que a pesar de los
frecuentes obstáculos de sus pares –hombres–, logra el objetivo de asesinar a
Osama bin Laden después de 10 años de búsqueda. Se trata de la agente Maya, un
personaje basado en una (o un) supuesta agente real de la CIA. Sobre este punto
Bigelow no abunda por protección a sus fuentes, pero no es necesario, pues su
interés no es hacer solo un recuento basado en “hechos comprobables”, sino
posicionar a una mujer en puestos de comando claves, que, salvadas las
diferencias, recuerdan a la misma biografía de Bigelow.
La película sigue esa estrategia
del “pie en el campo de batalla”, sin ofrecer contexto y transitando sin
problemas de la neutralidad a la apología de la violencia del Estado, o la
doctrina de la “violencia preventiva” que legó el gobierno de George W. Bush y
suscribieron varios.
He aquí un tema para el debate:
¿el empoderamiento de la heroína de Kathryn Bigelow es tal en una estructura
que legaliza la violencia e incluso hace de ella una industria? ¿No debe la
“mirada femenina” cuestionar la estructura misma del poder, deconstruirlo?
Algunas de las escenas más escandalosas de Zero Dark Thirty muestran a la
agente Maya proveyendo el vaso de agua con que los colegas torturan a los
detenidos.
¿Quizá la heroína de Kathryn
Bigelow sea exactamente lo contrario y habría que leerla más cercana a las
mujeres sometidas a la violencia patriarcal que han retratado recientemente
cineastas más incisivas como Chantal Akerman (La Folie Almayer, 2011) o Claire
Denis (White Material, 2009)? Ciertamente la puesta en escena
descontextualizada y las declaraciones neutrales de Bigelow contribuyen a las
severas críticas, y no es difícil imaginar que Zero Dark Thirty le signifique
un villancico a Dick Cheney. El punto a favor de la película, así haya sido su
intención o no, es que la controversia es una oportunidad excelente para el
debate, tan necesario y poco frecuente en el autocomplaciente Hollywood.
Otras películas notables de
Kathryn Bigelow
THE LOVELESS (1982)
Dirigida por Bigelow y Monty
Montgomery, este estilizado guiño a de The Wild Ones (1955) cuenta la historia
de un motociclista con dificultades para demostrar las emociones que siente por
una chica. Interpretado con sutileza por un joven Willem Dafoe en lo que fue su
primer largometraje.
BLUE STEEL (1989)
Una de las pocas películas de
Bigelow sobre mujeres en puestos de autoridad reservados para hombres, y las
consecuencias de ello. Actúa Jamie Lee Curtis en el papel principal. La tensión
en Blue Steel fue perfeccionada en las siguientes Point Break y The Hurt
Locker.
POINT BREAK (1991)
Dos de las interpretaciones más
memorables de Patrick Swayze y Keanu Reeves, Bigelow empujó al límite sus
capacidades histriónicas y sobre todo, físicas. Cuenta la historia de una banda
de ladrones liderada por Swayze y perseguidas por Reeves. En un punto las
motivaciones del malechor y el policía se vuelven indiferenciables.
STRANGE DAYS (1995)
Producida junto a su entonces
marido James Cameron, Strange Days es una historia que varía el ritmo
adrenalínico y adopta uno más surrealista, lyncheano. Una meditación de fin de
milenio, Lenny Nero es un ex policía que trafica con discos duros que contienen
memorias, emociones y oscuras historias. Interpretado por Ralph Fiennes.
THE HURT LOCKER (2008)
El regreso de Bigelow después de
casi un lustro de inactividad. Cuenta la historia de un escuadrón anti-bombas
en Irak. El realismo y la tensión de la película han sido calificados por
algunos veteranos de guerra como la representación más fiel de la angustia y el
terror de la experiencia en Irak. Ganadora del óscar por mejor película y mejor
directora.
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