El Ciudadano Buelna
Felipe Cazals: la mirada historiográfica
Parte
del canon de la cinematografía nacional desde la década del 70, con algunos
títulos imperdibles para comprender el México del siglo XX, como Las Poquianchis, El apando o Canoa (1976),
Felipe Cazals es posiblemente el cineasta en activo más relevante que hay en el
país. Y esto no sólo por el trayecto recorrido, sino por su permanente puesta
al día, proponiendo algunos de los cuestionamientos más críticos sobre la
historia reciente (Digna: Hasta el último
aliento, 2004) y en particular, la oficial.
En el
marco del festejo bicentenario por la Independencia y la Revolución en 2010,
Cazals filmó la que es una de las revisiones más críticas del mito de la
Revolución mexicana: Chicogrande. Al
respecto, el documentalista argentino Raymundo Gleyzer ya había ofrecido en México, la revolución congelada (1970)
una mirada demoledora sobre la historia oficial que se había escrito acerca de ese
proceso histórico, y de la que el régimen resultante, al institucionalizar esa
revolución, se benefició durante décadas. Este documental fue filmado durante el
sexenio de Luis Echeverría quien, al ver la película, ordenó inmediatamente la
deportación de Gleyzer y la censura de su documental.
En una
entrevista reciente y denuncando la falta de recursos del CONACULTA para su
segunda gran revisión de la Revolución mexicana, que es El Ciudadano Buelna, Felipe Cazals se refiere a que su mirada
crítica sobre la Revolución la tenía pensada desde los 70, pero con Echeverría
y luego López Portillo en el poder, hubiera resultado no sólo imposible, sino
peligroso llevarla a cabo.
Varias
décadas más tarde los intentos de censura del régimen no han desaparecido del
todo. Con CONACULTA bloqueando el financiamiento (una de muchas formas de
censura), Cazals ha conseguido producir El Ciudadano Buelna con dinero del
estado de Sinaloa, donde Buelna es un héroe local. En este contexto es que
Cazals ha estado examinando los momentos de la historia de México que más le
fascinan o preocupan, porque no los ve como un mero asunto del pasado, sino
como un continuum en el que las circunstancias que han derivado en los
movimientos armados más caóticos y sangrientos de nuestra historia, siguen
vigentes.
En Chicogrande Cazals hizo de lado el gran
relato de la historia oficial para centrarse en una microhistoria trágica, de
esas que no entran ni en un apéndice de la historia oficial: la del villista
Chicogrande (Damián Alcázar, estupendo) y el sacrificio al que se sometió por
defender al general Villa en una batalla que tenían perdida. El verdadero peso
de la historia para Cazals radica en los “procesos vivos”, o en cómo las
situaciones que se van concatenando hasta hacer historia, se destruyen vidas
sobre las que nunca se hablan. El relato oficial construye mitos, la mirada
crítica reivindica las omisiones.
Este es
el mismo camino que sigue Cazals en El
Ciudadano Buelna, que versa sobre el joven general sinaloense Rafael Buelna
Tenorio, quien de acuerdo a Cazals, tuvo una participación crucial en varios
momentos de la Revolución, y de los que el gran público no conoce nada. Por
ejemplo: el hecho de haber tenido bajo custodia a un joven revolucionario a
quien le perdonó la vida, de nombre Lázaro Cárdenas.
La
historia de Buelna no es muy disímil de la de Chicogrande: dos hombres leales y
de férreas convicciones rebasados por las circunstancias y olvidados por la
historia. Para el papel del general Buelna, Cazals puso su confianza en el
novato Sebastián Zurita, aduciendo en primera instancia el sorprendente
parecido físico de éste con el general Buelna. Demián Alcázar vuelve a
participar en el filme, junto a otros importantes actores como Marimar Vega,
Bruno Bichir y Tenoch Huerta.
Contra
todos los pronósticos, Cazals vuelve a dar la batalla más importante, sobre
todo ahora que el régimen ha retomado el poder: entablar una discusión
inteligente con el público que le permita cuestionar su pasado y presente, cuando
los espacios para ello son cada vez más reducidos y vigilados.
ESPEJOS
PARA MIRAR CRÍTICAMENTE
Este
mismo año se estrena una mirada diamentralmente opuesta a la del México de
Cazals: Mariachi Gringo, producción
estadounidense filmada en Guadalajara, es una “comedia romántica sobre un joven
de la América profunda que -tras tener como improvisado maestro de guitarra a
un emigrante- viaja a México huyendo de su vida tediosa y de su familia, para
ejercitarse como mariachi.” Esta propuesta Mexican
curious se antoja como un ejercicio de comparación interesante donde un
mismo país se ve de manera tan distinta. Por un lado, un cineasta de amplio
bagaje cultural, que aprovecha su medio como una plataforma para cuestionar, y
por otro lado, una producción planteada por el vecino lejano cuyo acercamiento
no pasa de un retrato pintoresco. ¿Cuál es estos Méxicos es el que piensa más
el público mexicano?