Sex Tape
Como en las películas más populares de Cameron Diaz y Jason
Segel, Sex Tape fácilmente podría pasar por la comedia lasciva del verano, pero
tras esa primera impresión se desvela uno de los temas más espinosos y menos
resueltos de la ansiedad colectiva en la era de la obsesión-dependencia por
compartir hasta los detalles más nimios de nuestras vidas a través del internet
y con la inmediatez de un click.
Diaz y Segel interpretan a Annie y Jay, una pareja que tras
años de convivir en un matrimonio estable pero monótono, deciden darle sabor a
su relación, particularmente a su vida sexual, grabando un video con el iPad de
Jay. Éste desconoce que el video se ha sincronizado simultáneamente en su
aparato y en “la nube”, como se le llama en la jerga tecnológica a los
servidores que almacenan contenidos digitales en línea, y en los que es cada
vez más común que el usuario promedio guarde sus videos, fotos y documentos
personales.
El video sexual se filtra más por un proceso automatizado que
por mano humana, y la posibilidad de que los contactos de la pareja súbitamente
tengan acceso a él a través de sus propios dispositivos móviles y en tiempo
real, es algo que aterra a Annie y Jay, que intentan “recuperar” el video para
darse cuenta de la posibilidad de que su acto íntimo y su imagen ya no les
pertenezca, y que además pueda ser perfectamente reproducible como un virus,
ante su mirada atónita e ingenua. Esta simple premisa desencadena una serie de
consecuencias tratadas de manera chusca, pero que dan cuenta de la asombrosa
facilidad en que lo que alguna vez consideramos nuestra intimidad, carece ya de
sentido.
No sólo eso. La rutina de colocar nuestra privacidad en
servicios de hospedaje digital ajenos, sugiere que alguien más ha tomado el
control de nuestros contenidos, y a nadie le consta que sea únicamente para
fines comerciales, sobre todo a partir del escándalo Edward Snowden vs. NSA,
donde se reveló la cooperación abierta de las grandes empresas de internet con
la agencia estadounidense de espionaje.
Lo que hace sólo cinco años podría considerarse paranoia y
teorías de la conspiración, hoy es un hecho documentado que parece no
importarle al gran público. No es exagerado afirmar que en varios servidores
alrededor del mundo, no sólo existen perfiles de usuario basados en gustos y comentarios,
sino especialmente en datos mucho más privados e invaluables, como nuestras
fotografías, huellas digitales, expedientes médicos y por supuesto, filiaciones
políticas. La comedia escrita por Kate Angelo y dirigida por Jake Kasdan
mantiene un tono gracioso y afable, pero no necesariamente peleado con la
reflexión que surge (o debería surgir) a partir de estas nuevas prácticas tan
cotidianas.
El tono cómico de la película está afortunadamente lejos de
lo ingenuo; piénsese más en los papeles raunchy
que ha protagonizado Cameron Diaz en Hay algo acerca de Mary, la tremenda The
Counselor y sobre todo Bad Teacher, en la que actuó con Jason Segel, y que
podría considerarse el antecedente de Sex Tape. Ambos actores están claramente
desinteresados en hacer comedias políticamente correctas, y en el caso de
Segel, añade a sus interpretaciones cierto humor neurótico que le resta
ligereza a la historia.
El humor de Sex Tape es cercano a la supuesta ingenuidad y la
auto-denostación que caracteriza a comediantes como Steve Carrell, Ben Stiller
o Judd Apatow, quienes efectivamente parecen hacer tragicomedias de la vida
cotidiana, con inserciones de humor juvenil y zonzo ante los cuales es
imposible no reír. Es refrescante que ya se pueda considerar a Cameron Diaz
como la antítesis de Sandra Bullock o Jennifer Aniston, y Rob Lowe, el
rompecorazones de los 80 con rostro perfecto, también parece más que dispuesto
a burlarse de sí mismo en su papel de jefe de Annie.
Podría decirse que Sex Tape es, mucho más que una “comedia de
sexo”, una parodia del género de la comedia romántica, y que además aprovecha a
mofarse de nuestra dependencia a lo digital y a la omnipresencia de los
dispositivos móviles que más que “conectar”, facilitan la trivialidad que
caracteriza a esta generación.
Un humor forjado en la
televisión norteamericana
Mientras que lo de Cameron Diaz ha sido siempre el cine, el
humor de Sex Tape se puede rastrear más fácilmente a la televisión, que al
séptimo arte. Es en el medio televisivo donde Jason Segel se ha dado a conocer
no sólo como actor, sino también como guionista, en un estilo similar al de
Judd Apatow y Seth Rogen. Es la televisión también donde el joven director Jake
Kasdan ha desarrollado gran parte de su carrera. Coincidió con Segel en la
serie de culto Freaks and Geeks.
La lasciva y salvaje película Bad Teacher de 2011, en la que
Diaz y Segel logran una química innegable como nueva pareja cómica, que se
repite en Sex Tape, resultó ser un éxito de taquilla que le mereció ser
adaptada a una serie de televisión con el mismo nombre, pero distintos actores
y argumentos. No resulta difícil suponer que la clasificación C que casi
siempre es asignada a estos contenidos en el cine, tenga en la diversidad de
producciones televisivas más margen de acción y libertad, a diferencia de las
restricciones que imponen las producciones fílmicas con presupuestos
millonarios, y que por lo tanto, casi nunca arriesgan.
Probablemente sin el soporte televisivo, la comedia
estadounidense norteamericana de la actualidad sería más conservadora. Al menos
en este sentido se puede afirmar que el cine se está nutriendo como nunca de
ese medio muchas veces considerado “menor”, que es la televisión.