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50 años de Lawrence of Arabia

Este año se cumplen 50 años de una de las películas más canónicas en la historia del cine. La épica dirigida por el británico David Lean...

Dec 7, 2012

Infancias repensadas: El niño de la bicicleta y La caza

Infancias repensadas: El niño de la bicicleta y La caza

Este mes la cartelera de cine presenta una interesante ocasión para el debate con el estreno de dos miradas inteligentes sobre el tema de la infancia y su relación ineluctable con la edad adulta. Se trata de la belga El niño de la bicicleta, y la danesa La caza, ambas merecedoras de la Palma de oro en Cannes (2011 y 2012, respectivamente).

El niño de la bicicleta redondea la serie de películas humanistas, como se les suele categorizar, que conforma la filmografía de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne. Autodefinidos como “una persona con cuatro ojos”, los hermanos se iniciaron como dramaturgos para después encontrar en el cine el medio más adecuado para narrar sus historias. Como en la mejor tradición del inglés Ken Loach, la mirada de los Dardenne bien podría emparentarse en esa concepción del cine como un vínculo íntimo entre autores y sus sujetos a filmar, donde los primeros simpatizan abiertamente con intérpretes y personajes frecuentemente localizados en situaciones de vulnerabilidad o desesperación.

Tal es el caso de Cyril Catoul, un púber de 11 años que es abandonado por el padre y ante el riesgo de que su tutela recaiga en el Estado, emprende una frenética búsqueda afectiva a bordo de su única posesión: su bicicleta. No es casual que la apasionada demanda de amor y de hogar que lleva a cabo este chico, se simbolice fehacientemente con el color rojo, empezando por su cabello y su indumentaria, recordatorios directos del color que bombea su corazón durante esas trayectorias agotadoras, de día y de noche.

A su lado o un pedalazo atrás de Cyril, como público participamos activamente en esta búsqueda y su resolución está dirigida tanto a él como a nosotros. El realismo con que los hermanos retratan la infancia desolada contrasta con el acogimiento femenino, más que materno, en el que se resuelve el conflicto de la historia.

¿Reflejar la realidad o sostener un punto de vista?
Es frecuente asociar el cine de los Dardenne con el neorrealismo italiano de la posguerra; en efecto, la poética de la forma en los Dardenne establece un vínculo emocional entre personaje y espectador inmediato, como en los mejores momentos de Rossellini o De Sica, escuela indudable de los hermanos belgas, del mismo modo que la Nueva Ola francesa y en particular el Antoine Doinel de Los 400 golpes, es evocado en el impulso irrefrenable y casi vandálico de Cyril.

En un rumbo más polémico se encuentra el cine nórdico que aborda temas sociales como el que ocupa el cine de los hermanos belgas. Polémico en el sentido de suscitar una necesaria discusión que se diluye o banaliza en tiempos de corrección política, el cine de autores como Lasse Hallstrom (brillante es Show Me Love de 1998), Joachim Trier (Reprise, 2006), Erik Poppe (Troubled Water, 2008), Susane Bier (In A Better World, 2010) o Thomas Vinterberg, inciden en el espacio público en el momento en que sus filmes incomodan, inquietan, provocan e incluso reconfortan.

El cine de Vinterberg se desplaza entre el escándalo protagonizado por uno de los pilares de la sociedad (la familia de La celebración), la histeria masiva de un pueblo entero, y la redención de su personaje principal, como sucede en La caza, protagonizada por Mads Mikkelsen, un profesor de bachillerato sobre el que pesa una acusación calumniosa, por lo que es sujeto a la condena y la humillación públicas. La de Lucas, su personaje, es una suerte de crucifixión que ha sido varias veces explorada por las cintas pertenecientes al manifiesto dogma, pero el tormento del profesor remite de manera más cercana a la excelente Troubled Water y su protagonista Jan, el exreo acusado del homicidio de un niño.

Mikkelsen es probablemente el actor con mayor rango histriónico de una generación de actores daneses de sobrada pericia, como sus contemporáneos Jakob Cedergren, Nikolaj Lie Kaas, Ulrich Thomsen o Nicolas Bro. La caza ratifica el estatus de Thomas Vinterberg como un director de grandes dramas engranados en problemáticas sociales complejas –después de la excesiva Submarino –, pero sobre todo se ha reconocido el trabajo de un Mikkelsen, ya bastante conocido en Hollywood, pero que encuentra en las historias producidas en su país una inigualable plataforma para su ejercicio actoral, imperdible en esta cinta.

Tanto El niño de la bicicleta como La caza nos presentan el desafío de superar la corrección política en temas que frecuentemente se tratan con condescendencia y simplificación. Tal tarea resulta relevante  especialmente hoy, ante la oleada de cintas que aseguran reflejar las angustias y pesares (“basadas en hechos reales”) de los niños y adolescentes de la actualidad (el ya famoso tema del “bullying”, por ejemplo), pero no sin un dejo de misantropía y superficialidad que reflejan más la incomprensión del cineasta que de sus lejanos sujetos fílmicos.

OTROS TÍTULOS OBLIGATORIOS DE LOS DARDENNE Y VINTERBERG
L’enfant (¿El niño?), 2005. Los Dardenne cobraron notoriedad en nuestro país con esta película donde unos padres novatos –niños ellos mismos– venden a su bebé sin ningún dejo de conciencia ni culpa. Más que poner la lupa sobre alguna especie de sociopatía individual o excepcional, los Dardenne muestran un acto que cada vez se percibe más como la regla en una sociedad compulsivamente antisocial.

La celebración, 1998. Uno de los dramas más demoledores del manifiesto Dogma, La celebración es un título irónico sobre el lento e irreversible derrumbamiento  de una familia durante la fiesta de cumpleaños del patriarca. En la mesa el platillo principal será la depravación develada por el hijo mayor, después de años de represión y neurosis.

Nov 7, 2012

Cloud Atlas

Cloud Atlas

El cine posmoderno del último cuarto del siglo XX tuvo en The Matrix (1999) uno de los relatos más memorables del periodo, reiterados en el par de populares secuelas que hicieron de sus productores, Andy y Larry Wachowski, dos de los creadores fílmicos más interesantes de Hollywood.

Desde entonces los hermanos han producido éxitos que han rebasado por mucho las ganancias de taquilla, como su adaptación del cómic V de Vendetta (2006), cuyo antihéroe redentor se ha convertido ahora en icono de las luchas sociales surgidas en la primera década de este siglo, particularmente las que tienen que ver con el movimiento Occupy y el ciberactivismo asociado con el grupo Anonymous. Después de V de Vendetta, los Wachowski se entretuvieron con la ingeniosa adaptación del anime Speed Racer (2008), un festín de cinematografía y efectos especiales, pero carente del comentario filosófico que hasta entonces era sello de los hermanos.

Desde entonces se rumoraba que su siguiente proyecto tendría proporciones tan ambiciosas como la de The Matrix o V de Vendetta. Lo que los ha tenido ocupados entos cuatro años es la adaptación de una novela titánica y que bien puede inscribirse en el sello posmoderno característico de nuestros tiempos: Cloud Atlas, la tercera novela del inglés David Mitchell, especialista en construir narrativas complejas e intercaladas (varias historias dentro de una sola), con numerosos saltos de tiempo.

Intervenciones
Mientras que la novela en sí es un desafío para el lector más versado en narrativas lineales, su puesta en filme ha requerido de un equipo con amplia experiencia en armar historias audiovisuales como quien resuelve y desmonta un cubo de Rubik: además de los Wachowski, el guión y la dirección corren a cargo del alemán Tom Twyker, adepto a los cruces de géneros y saltos de tiempo, como hizo en Corre, Lola, Corre (1998).

Pero la mejor noticia de este equipo de trabajo es que se trata de cineastas que además de su probada pericia técnica, han cuidado un pensado punto de vista, que empieza por la selección misma de la obra a adaptar. Porque si la polinarrativa es una característica del cine actual que puede llegar a parecer una práctica adquirida, lo cierto es que la novela de Mitchell es un audaz comentario historiográfico contado en forma de novela. Esto es; una visión crítica de los “grandes” relatos no sólo fílmicos, sino históricos y políticos.

Así como el cine de Quentin Tarantino interviene en Inglorious Basterds (2009) el relato único del Holocausto y convierte a las víctimas en justicieros, David Mitchell está consciente de que la Historia es de quien la cuenta, y desde su lugar como escritor, ha elegido apropiarse de ese gran relato para deconstruirlo en varios.

Lo personal es político
Una historia mercurial, Cloud Atlas se perfila como el gran regreso de Andy y sobre todo Larry, ahora conocida como Lana Wachowski, tras su largo proceso como transgénero. Lana ha hecho de su propio cuerpo una de las más osadas narrativas; con la sabiduría acumulada en esta transición, no sorprende que ella y su alma gemela que también es su hermano, hayan escogido una historia compleja y desafiante en un momento de importantes recomposiciones políticas en gran parte del mundo.

Aunado al numeroso equipo en la dirección, el elenco actoral sin duda hará de enorme imán en la taquilla: Tom Hanks, Halle Berry, Susan Sarandon y Hugh Grant, entre otros, protagonizan los varios relatos que se unen como puntos dispersos en el gran atlas de la historia, sin mayúscula.



--TEXTOS EXTRA--
Otras polinarrativas para mentes curiosas
House of Leaves, de Mark Z. Danielewski (novela)
En 2000 Danielewski publicó una ambiciosa metaficción donde intervenía el género del suspenso. Esta novela está compuesta por saltos de tiempo, historias dentro de historias, pies de página y comentarios aledaños casi siempre más importantes y abarcadores que el cuerpo del texto principal, y hasta distintas tipografías. Danielewski ha coqueteado con la idea de adaptar House of Leaves junto a Darren Aronofsky, o incluso dirigirla él mismo. 
Watchmen (cómic y película)
El célebre cómic del inglés Alan Moore es una de las obras más representativas de la ficción posmoderna. Intervención del género del superhéroe que rompió con las reglas mismas del lenguaje historietístico, Watchmen se antoja ya un clásico y su adaptación al cine hecha por el estadounidense Zack Snyder en 2009, fue mejor lograda de lo que muchos suponían, empezando por Moore.
El eternauta y Mort Cinder (cómics)
Mucho antes de que los centros de conocimiento entraran en la fase histórica de la posmodernidad, en el Buenos Aires de los lejanos 50 trabajaban Héctor Oesterheld y los dibujantes Francisco Solano López y Alberto Breccia en apropiaciones e intervenciones inteligentes de lo que entonces era un medio masivo, como la historieta. En El etenauta Oesterheld deconstuye al superhéroe individual y edifica al colectivo, y en Mort Cinder desmonta el gran relato de la Historia. Un ambicioso proyecto cultural para la América Latina del siglo pasado cuya agenda política sólo ha sufrido cambios cosméticos.


Oct 17, 2012

El origen de los guardianes

El origen de los guardianes
La animación infantil tiene en El origen de los guardianes la más firme apuesta que se recuerde dentro del género, desde la clásica Monsters hasta la más reciente Cars. Esto se debe en parte al grupo creativo convocado por Guillermo del Toro –sin duda un referente mundial en la cinematografía de fantasía y animación– como productor ejecutivo, William Joyce como productor y guionista, y Peter Ramsey en la dirección.


Con la estampa de DreamWorks, esta historia toma prestados algunos de los personajes más representativos del imaginario infantil, como Santa Claus, El conejo de Pascua o el Hada de los dientes, quienes unen sus poderes mágicos para salvar a los niños del mundo ante la amenaza de un espíritu maligno llamado Pitch.


El equipo se completa con un importante cartel de actores: Alec Baldwin, Hugh Jackman, Chris Pine y Jude Law dando voz a los personajes. De ellos, Baldwin es el que ofrece la interpretación vocal más gustosa. Poca sorpresa en ello, si se considera que la comedia es el fuerte del estadounidense, como ha demostrado al frente de la serie 30 Rock y en sus frecuentes presentaciones en el programa Saturday Night Live. 


Por otra parte, será muy interesante apreciar el lado lúdico de Hugh Jackman como un conejo gruñón, teniendo en cuenta la fama de galán viril que tiene el australiano. El joven Chris Pine tiene el papel principal como el pequeño Jack, y  a Jude Law le ha tocado hacerla de villano.


Pero El origen de los guardianes no empieza ni termina únicamente en la película, sino que hay toda una historia rica que la circunda. Un poco de contexto: El relato surge en una imaginación de William Joyce; polifacético ilustrador, escritor y guionista que ha realizado portadas para The New Yorker y laborado en los estudios Pixar. Co-creó la popular Robots de 2005 y no hace mucho que se ganó el Oscar por el fabuloso corto de animación The fantastic flying books of Mr. Morris Lessmore (se puede ver una reciente versión interactiva para tabletas digitales en https://vimeo.com/25833596). Con El origen de los guardianes y Epic, que se estrenará el próximo año, se espera que Joyce se haga de un nombre tan importante en la industria, como el de su colega Del Toro.


En la dirección lo acompaña Peter Ramsey, quien tiene en sus créditos una de las versiones de la taquillera Monsters, en la que trabajó junto a Reese Witherspoon, Hugh Laurie y Kiefer Sutherland, entre otros. Aunque los productores le han dado un voto de confianza y El origen de los guardianes es su segunda gran dirección, ésta ha sido supervisada siempre de cerca por Guillermo Del Toro, que oficialmente funge como productor ejecutivo, pero ha hecho sugerencias importantes en todo el proceso creativo de la película.


Mientras que la historia apela sobre todo a un público infantil, lo cierto es que el arte por computadora con que factura esta película promete ser un goce visual que no admite límite de edad. Si el fascinante mundo de William Joyce y compañía lo es también para el público, hay algunos productos que acompañan a la película, recomendables en igual proporción.


PILONCILLOS
Para leer

1) La película se basa en el libro de William Joyce, The Guardians of Childhood, por lo que el público más dedicado querrá conocer a detalle el relato remitiéndose a la historia original. En realidad “el libro” está lejos de ser completado, pues se trata de una serie de aproximadamente 13 tomos que se irán publicando en los próximos años.

2) Las horas de labor artesanal que se invierten en la creación de una cinta de animación no han cambiado sustancialmente desde los viejos días de la Disney y sus dibujantes a mano, y los animadores de hoy con potentes CPUs y programas de diseño como herramientas. The Art of Rise of the Guardians es un libro que recoge testimonios y cuenta con un afectuoso prefacio escrito por Alec Baldwin.

Para jugar

El estudio de videojuegos Torus Games está por sacar del horno su versión de El origen de los guardianes para quienes no queden satisfechos con la película. Famoso por sus versiones interactivas de Scooby Doo o Shrek, el estudio ha añadido super poderes a los protagonistas de esta historia, y se encontrará disponible en las principales consolas y PCs.


Para escuchar

El soundtrack contiene un tema escrito por el actor devenido músico Jared Leto, e interpretado por 30 seconds To Mars, el grupo que formó junto a su hermano Shannon Leto. Tan versátil como Joyce, Leto tiene en su currícula créditos como músico, pintor, actor, escritor y fotógrafo. “Kings and Queens” ha tenido una magnífica rotación por radio, televisión e internet, y ha ganado numerosos premios.

Sep 17, 2012

50 años de El Satánico Dr. No, de Terence Young

50 años de El Satánico Dr. No, de Terence Young

Este año es el cincuenta aniversario de una de las películas más idiosincráticas del cine de la posguerra. El legado de Ian Fleming ha logrado, como pocos, insertar su ideología en el imaginario popular, y de manera más eficaz, con la estetización sofisticada provista por sus adaptaciones al cine, en particular la primera película sobre James Bond, llevada a cabo por el egresado de Cambridge, novelista, guionista y ex-militar Terence Young.
Durante la década del 50 Young se desempeñó como un solvente guionista de historias dramáticas que se convirtieron en éxitos internacionales. Respaldado por los productores Albert R. Broccoli y Harry Saltzman, Young dirigió las adaptaciones de la novela de Ian Fleming: Dr. No (1962), From Russia With Love (1963) y Thunderball (1965).

La estética de Terence Young y el inicio de un género
En sólo tres años, Young acuñó una de las estéticas más memorables del cine de los 60. Las aventuras y las tramas protagonizadas por el agente Bond serían escenificadas en países “remotos” y exotizados (Jamaica); ambientes propicios para el lucimiento de las habilidades del protagonista, un héroe moderno y conquistador en el terreno político y en el sexual.
Para ello Young se aseguró de que literalmente desde los créditos iniciales, creados por Maurice Binder, su James Bond sería icónico. Young colaboró en el guión con Kevin McClory, Jack Whittingham y el mismo Ian Fleming. El habilidoso editor Peter R. Hunt fue el responsable de esas secuencias de persecuciones que forjaron escuela. La cinematografía, el diseño visual y el soundtrack fueron aspectos en los que se puso especial atención. Pero de todos los elementos que hicieron de la trilogía de Young un clásico, el más importante fue su protagonista, el actor escocés Sean Connery.

La lista de oficios de Connery, previos a su trabajo actoral, son tantos y tan diferentes, que podría decirse que esa fue su verdadera escuela de actuación: lechero, marino, conductor de tren, salvavidas, obrero, modelo, barnizador de ataúdes y fisiculturista.

De toda esta experiencia de vida es que Connery obtuvo más de un secreto para dotar de carisma y habilidades seductoras a su personaje más conocido: el agente 007. El poderío físico de Connery, su mirada y porte de Don Juan, y las decisiones certeras que casi siempre derivaban en acciones heróicas, fueron todos elementos de virilidad que hasta al día presente se asocian a Sean Connery (le siguen llamando “el hombre más sexy del mundo” y la Reina Isabel lo ha hecho Caballero), y de manera más importante, necesarios para el protagonista de un género que entonces se gestaba: el del agente secreto.
Visto a la luz de los años, el legado de Terence Young es una creación visual excepcional que inauguró, desde el cine, la iconografía de los 60. Como un filme eminentemente político, su peso histórico es mucho menor que el estético.  

La lupa sobre el agente
Los personajes que destinan irrecuperables horas de su vida e ingenio, y arriesgan su integridad física y mental en pos de un fin más importante que ellos, siempre han cautivado la imaginación de los lectores, pero los que más asombro provocan son, acaso, aquellos que maniobran en el límite siempre en nombre de un ente supremo o un mando superior incuestionable, que en el caso del James Bond de los 60, es nada menos que el Imperio Británico. James Bond es una narrativa clásica del imperialismo cultural que desde su puesta en escena y casi en cada reedición, ha sido puesta en cuestionamiento desde la crítica cultural y el análisis fílmico, pero quizás de manera más significativa, desde la misma creación literaria y cinematográfica.

La obra de John Le Carré, ex-espía británico que dejó el servicio exterior para dedicarse a la literatura, es una dedicada tarea por desentrañar la sombría política de la Gran Bretaña durante la posguerra. Los de Le Carré, como los de ese gran escritor de tramas políticas que fue Grahan Greene (“El factor humano”), son agentes no al servicio de ningún Estado o corporación, sino agentes en tanto hombres cuyas decisiones tomadas en circunstancias apremiantes, los vuelven libres. Le Carré y Greene forjaron, desde la experiencia y la cuidadosa observación de la política de su tiempo, personajes multidimensionales con dilemas y contradicciones (imperdible es la adaptación al cine de Tinker, Tailor, Soldier, Spy, protagonizada por Gary Oldman en 2011), y en un esquema más amplio, personajes contextualizados que fijaban la postura política de los escritores y se convertían en narrativas históricamente relevantes.  

Más recientemente, nada menos que el actor Matt Damon, en una de las giras promocionales de la saga Jason Bourne (el agente de la CIA que desde la deserción desmonta la corrupción sistemática de sus superiores), defendía esta historia y señalaba a James Bond como un agente “imperialista, misógino y sociópata”. Mientras que las palabras de Damon cuentan con una enorme dosis de verdad, hay que notar que el James Bond interpretado por Daniel Craig es el más interesante en décadas, cuando su destreza como espía lo ha llevado a descubrir los complots de los recientes gobiernos estadounidenses, en particular los de George W. Bush contra ciertos gobiernos de países latinoamericanos, como afirma Juan Cole en su artículo “A Quantum of Anti-Imperialism”[1].

Desde el James Bond de Terence Young al de Marc Forster existe una notoria y astuta estrategia de quienes controlan la franquicia por poner la historia al día. En este sentido, James Bond no está exento de la práctica ya común (aunque no siempre bien lograda) de las historias autorreflexivas.


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