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Feb 17, 2013

El Ciudadano Buelna

El Ciudadano Buelna
Felipe Cazals: la mirada historiográfica

Parte del canon de la cinematografía nacional desde la década del 70, con algunos títulos imperdibles para comprender el México del siglo XX, como Las Poquianchis, El apando o Canoa (1976), Felipe Cazals es posiblemente el cineasta en activo más relevante que hay en el país. Y esto no sólo por el trayecto recorrido, sino por su permanente puesta al día, proponiendo algunos de los cuestionamientos más críticos sobre la historia reciente (Digna: Hasta el último aliento, 2004) y en particular, la oficial.
En el marco del festejo bicentenario por la Independencia y la Revolución en 2010, Cazals filmó la que es una de las revisiones más críticas del mito de la Revolución mexicana: Chicogrande. Al respecto, el documentalista argentino Raymundo Gleyzer ya había ofrecido en México, la revolución congelada (1970) una mirada demoledora sobre la historia oficial que se había escrito acerca de ese proceso histórico, y de la que el régimen resultante, al institucionalizar esa revolución, se benefició durante décadas. Este documental fue filmado durante el sexenio de Luis Echeverría quien, al ver la película, ordenó inmediatamente la deportación de Gleyzer y la censura de su documental. 

En una entrevista reciente y denuncando la falta de recursos del CONACULTA para su segunda gran revisión de la Revolución mexicana, que es El Ciudadano Buelna, Felipe Cazals se refiere a que su mirada crítica sobre la Revolución la tenía pensada desde los 70, pero con Echeverría y luego López Portillo en el poder, hubiera resultado no sólo imposible, sino peligroso llevarla a cabo.

Varias décadas más tarde los intentos de censura del régimen no han desaparecido del todo. Con CONACULTA bloqueando el financiamiento (una de muchas formas de censura), Cazals ha conseguido producir El Ciudadano Buelna con dinero del estado de Sinaloa, donde Buelna es un héroe local. En este contexto es que Cazals ha estado examinando los momentos de la historia de México que más le fascinan o preocupan, porque no los ve como un mero asunto del pasado, sino como un continuum en el que las circunstancias que han derivado en los movimientos armados más caóticos y sangrientos de nuestra historia, siguen vigentes.

En Chicogrande Cazals hizo de lado el gran relato de la historia oficial para centrarse en una microhistoria trágica, de esas que no entran ni en un apéndice de la historia oficial: la del villista Chicogrande (Damián Alcázar, estupendo) y el sacrificio al que se sometió por defender al general Villa en una batalla que tenían perdida. El verdadero peso de la historia para Cazals radica en los “procesos vivos”, o en cómo las situaciones que se van concatenando hasta hacer historia, se destruyen vidas sobre las que nunca se hablan. El relato oficial construye mitos, la mirada crítica reivindica las omisiones.

Este es el mismo camino que sigue Cazals en El Ciudadano Buelna, que versa sobre el joven general sinaloense Rafael Buelna Tenorio, quien de acuerdo a Cazals, tuvo una participación crucial en varios momentos de la Revolución, y de los que el gran público no conoce nada. Por ejemplo: el hecho de haber tenido bajo custodia a un joven revolucionario a quien le perdonó la vida, de nombre Lázaro Cárdenas.

La historia de Buelna no es muy disímil de la de Chicogrande: dos hombres leales y de férreas convicciones rebasados por las circunstancias y olvidados por la historia. Para el papel del general Buelna, Cazals puso su confianza en el novato Sebastián Zurita, aduciendo en primera instancia el sorprendente parecido físico de éste con el general Buelna. Demián Alcázar vuelve a participar en el filme, junto a otros importantes actores como Marimar Vega, Bruno Bichir y Tenoch Huerta.

Contra todos los pronósticos, Cazals vuelve a dar la batalla más importante, sobre todo ahora que el régimen ha retomado el poder: entablar una discusión inteligente con el público que le permita cuestionar su pasado y presente, cuando los espacios para ello son cada vez más reducidos y vigilados.

ESPEJOS PARA MIRAR CRÍTICAMENTE
Este mismo año se estrena una mirada diamentralmente opuesta a la del México de Cazals: Mariachi Gringo, producción estadounidense filmada en Guadalajara, es una “comedia romántica sobre un joven de la América profunda que -tras tener como improvisado maestro de guitarra a un emigrante- viaja a México huyendo de su vida tediosa y de su familia, para ejercitarse como mariachi.” Esta propuesta Mexican curious se antoja como un ejercicio de comparación interesante donde un mismo país se ve de manera tan distinta. Por un lado, un cineasta de amplio bagaje cultural, que aprovecha su medio como una plataforma para cuestionar, y por otro lado, una producción planteada por el vecino lejano cuyo acercamiento no pasa de un retrato pintoresco. ¿Cuál es estos Méxicos es el que piensa más el público mexicano?



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