Infancias repensadas: El niño de la bicicleta
y La caza
Este mes la cartelera de cine
presenta una interesante ocasión para el debate con el estreno de dos miradas
inteligentes sobre el tema de la infancia y su relación ineluctable con la edad
adulta. Se trata de la belga El niño de la bicicleta, y la danesa La caza,
ambas merecedoras de la Palma de oro en Cannes (2011 y 2012, respectivamente).
El niño de la bicicleta redondea
la serie de películas humanistas, como se les suele categorizar, que conforma
la filmografía de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne. Autodefinidos como “una
persona con cuatro ojos”, los hermanos se iniciaron como dramaturgos para
después encontrar en el cine el medio más adecuado para narrar sus historias. Como
en la mejor tradición del inglés Ken Loach, la mirada de los Dardenne bien
podría emparentarse en esa concepción del cine como un vínculo íntimo entre
autores y sus sujetos a filmar, donde los primeros simpatizan abiertamente con
intérpretes y personajes frecuentemente localizados en situaciones de
vulnerabilidad o desesperación.
Tal es el caso de Cyril Catoul,
un púber de 11 años que es abandonado por el padre y ante el riesgo de que su
tutela recaiga en el Estado, emprende una frenética búsqueda afectiva a bordo
de su única posesión: su bicicleta. No es casual que la apasionada demanda de
amor y de hogar que lleva a cabo este chico, se simbolice fehacientemente con
el color rojo, empezando por su cabello y su indumentaria, recordatorios
directos del color que bombea su corazón durante esas trayectorias agotadoras,
de día y de noche.
A su lado o un pedalazo atrás de
Cyril, como público participamos activamente en esta búsqueda y su resolución
está dirigida tanto a él como a nosotros. El realismo con que los hermanos
retratan la infancia desolada contrasta con el acogimiento femenino, más que
materno, en el que se resuelve el conflicto de la historia.
¿Reflejar la realidad o sostener
un punto de vista?
Es frecuente asociar el cine de
los Dardenne con el neorrealismo italiano de la posguerra; en efecto, la
poética de la forma en los Dardenne establece un vínculo emocional entre
personaje y espectador inmediato, como en los mejores momentos de Rossellini o
De Sica, escuela indudable de los hermanos belgas, del mismo modo que la Nueva
Ola francesa y en particular el Antoine Doinel de Los 400 golpes, es evocado en
el impulso irrefrenable y casi vandálico de Cyril.
En un rumbo más polémico se
encuentra el cine nórdico que aborda temas sociales como el que ocupa el cine
de los hermanos belgas. Polémico en el sentido de suscitar una necesaria
discusión que se diluye o banaliza en tiempos de corrección política, el cine
de autores como Lasse Hallstrom (brillante es Show Me Love de 1998), Joachim
Trier (Reprise, 2006), Erik Poppe (Troubled Water, 2008), Susane Bier (In A
Better World, 2010) o Thomas Vinterberg, inciden en el espacio público en el
momento en que sus filmes incomodan, inquietan, provocan e incluso reconfortan.
El cine de Vinterberg se desplaza
entre el escándalo protagonizado por uno de los pilares de la sociedad (la
familia de La celebración), la histeria masiva de un pueblo entero, y la
redención de su personaje principal, como sucede en La caza, protagonizada por
Mads Mikkelsen, un profesor de bachillerato sobre el que pesa una acusación
calumniosa, por lo que es sujeto a la condena y la humillación públicas. La de
Lucas, su personaje, es una suerte de crucifixión que ha sido varias veces
explorada por las cintas pertenecientes al manifiesto dogma, pero el tormento del
profesor remite de manera más cercana a la excelente Troubled Water y su
protagonista Jan, el exreo acusado del homicidio de un niño.
Mikkelsen es probablemente el
actor con mayor rango histriónico de una generación de actores daneses de
sobrada pericia, como sus contemporáneos Jakob Cedergren, Nikolaj Lie Kaas,
Ulrich Thomsen o Nicolas Bro. La caza ratifica el estatus de Thomas Vinterberg
como un director de grandes dramas engranados en problemáticas sociales
complejas –después de la excesiva Submarino –, pero sobre todo se ha reconocido
el trabajo de un Mikkelsen, ya bastante conocido en Hollywood, pero que
encuentra en las historias producidas en su país una inigualable plataforma
para su ejercicio actoral, imperdible en esta cinta.
Tanto El niño de
la bicicleta como La caza nos presentan el desafío de superar la corrección
política en temas que frecuentemente se tratan con condescendencia y
simplificación. Tal tarea resulta relevante
especialmente hoy,
ante la oleada de cintas que aseguran reflejar las angustias y pesares
(“basadas en hechos reales”) de los niños y adolescentes de la actualidad (el
ya famoso tema del “bullying”, por ejemplo), pero no sin un dejo de misantropía
y superficialidad que reflejan más la incomprensión del cineasta que de sus
lejanos sujetos fílmicos.
OTROS TÍTULOS OBLIGATORIOS DE
LOS DARDENNE Y VINTERBERG
L’enfant (¿El niño?), 2005. Los
Dardenne cobraron notoriedad en nuestro país con esta película donde unos
padres novatos –niños ellos mismos– venden a su bebé sin ningún dejo de
conciencia ni culpa. Más que poner la lupa sobre alguna especie de sociopatía
individual o excepcional, los Dardenne muestran un acto que cada vez se percibe
más como la regla en una sociedad compulsivamente antisocial.
La celebración, 1998. Uno de los
dramas más demoledores del manifiesto Dogma, La celebración es un título
irónico sobre el lento e irreversible derrumbamiento de una familia durante la fiesta de
cumpleaños del patriarca. En la mesa el platillo principal será la depravación
develada por el hijo mayor, después de años de represión y neurosis.
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