Saving Mr. Banks
Quizá la primera oportunidad de ver en pantalla grande a uno
de los emprendedores más icónicos del siglo XX, Walt Disney, y producida por el
mismo estudio Disney (junto a la británica BBC y otras productoras menores),
Saving Mr. Banks se centra en la vida de la escritora inglesa P. L. Travers,
autora de la célebre novela para niños Mary
Poppins (1934). La película intercala la infancia de la autora, su
consolidación como tal, y su difícil relación de trabajo con Walt Disney, a
quien le llevó cerca de 20 años conseguir los derechos de la novela para su
adaptación filmica.
Esto último porque, además de no ser adepta a las creaciones
del productor norteamericano, Travers defendió a capa y espada su personaje más
importante y personal: la niñera mística Mary
Poppins, y hasta el último momento se aseguró de que la adaptación
respetara la integridad de la historia. Este inusitado celo resultó uno de los
mayores desafíos en la carrera de Disney, cuyo conflicto con la colega británica
seguramente tenía un enorme, aunque secreto, componente de admiración.
En Saving Mr. Banks, Disney intentará encantar a Travers,
ofreciendo algunos de los mejores trucos de la casa: equipos de escritores
talentosos, storyboards que aclaran
qué y cómo se filmaría, y sobre todo, las imaginativas canciones que componían
los hermanos Sherman especialmente para la historia. Nada de esto sorprende a
Travers. En este simpático aunque frustrante cortejo creativo, Disney descubre
que en el fondo de este desencuentro, no es tan diferente a Travers. Apelando a
motivaciones que ambos comparten desde la infancia, es como la adaptación se
concreta en una de las películas más célebres de Disney.
Esta colisión de personalidades tan creativas como neuróticas
es representada con precisión por Tom Hanks como Disney (sorprende su parecido
físico) y Emma Thompson (con todo un repertorio de gestos, ademanes y
vocalizaciones) como la orgullosa, perfeccionista y quisquillosa Pamela Travers,
acompañados por Colin Farrell como el conflictivo y alcohólico padre de la
escritora (a él alude el título de la película), Ruth Wilson como su madre,
Jason Schwartzman y B.J. Novak como los legendarios hermanos Sherman,
compositores de la banda sonora de Mary
Poppins, al igual que otros clásicos de Disney como Winnie The Poo o El
libro de la selva, y Victoria Williams como Julie Andrews, la actriz que dio
vida a Mary Poppins en el filme
homónimo de 1964.
El guión de esta visita al pasado corrió a cargo de la
inglesa Kelly Marcel, quien como Travers, comenzó su carrera como actriz para
más tarde dedicarse a la escritura, y actualmente también a la producción de
series televisivas y a escribir los guiones de adaptaciones fílmicas como 50
Shades of Gray. Las similitudes entre ambas no son mera coincidencia. Podría
considerarse que la visión de Marcel es reivindicar la imagen de Travers como
una mujer poderosa que influenció el ambiente primordialmente masculino de
Hollywood en la década del 60; un poco como la irrupción de la propia Marcel, en
contextos distintos pero que han cambiado poco en lo fundamental.
El guión de Marcel ha sido descrito como una “obra maestra en
estructura narrativa”, y ya está considerado como serio competidor para el
Oscar en 2014. Su co-guionista es la australiana Sue Smith, con experiencia en
adaptaciones de personajes de la vida real y temáticas como conflictos sociales
(laborales, domésticos…), un poco en el sentido de Ken Loach pero sin la
crudeza del británico. Del lado de las guionistas se encuentra la productora también
británica Alison Owen, empujando todas una visión más cercana a la de Jane
Campion en el corazón mismo de Hollywood, y acerca de uno de los patriarcas más
poderosos de la industria, como sigue siendo Walt Disney.
La dirección corre a cargo de John Hancock, un especialista
en dramas de época y en el inusual éxito de taquilla The Blind Side (con Sandra
Bullock), y la fotografía de John Schwartzman (hermano de Jason) remite al
estilo de colores vívidos que se deja ver en las películas de Ben Stiller,
Michel Gondry o Wes Anderson. El diseño de producción de Michael Corenblith (Apollo
13, The Grinch…) recrea no sólo la época, sino en específico el parque de
diversiones Disneylandia, donde se rodó parte de la historia.
El compositor Richard Sherman, único sobreviviente del dueto
Sherman Brothers, participó desde la fase de pre-producción, asesorando a los
actores que interpretan al dueto y a los músicos acompañantes, así como
supervisando la recreación de las grabaciones, una de ellas interpretadas por el
mismo Colin Farrell. La banda sonora fue escrita por Thomas Newman y es
publicada por Walt Disney Records.
Saving Mr. Banks, además de ser documento actual sobre el
pasado de Hollywood, un creativo “detrás de cámara” y una reconstrucción visual
fidedigna del universo Disney en los años 60, es, sobre todo, un comentario
astuto sobre las relaciones desiguales en el seno de la industria y una
atribución positiva del papel de una creadora en un ambiente aún dominado por
hombres. Aunque la representación de Disney no es completamente verosímil –no
se le muestra como el fumador compulsivo que era, con tal de no recibir una
clasificación para adultos–, que esta película haya sido producida por el mismo
estudio Disney, es un acontecimiento inédito y arriesgado.
La novela y la
película: diferencias
Nunca fue secreto que Pamela Travers consideraba las
producciones de Disney de una calidad cuestionable. Cuando no superficiales,
dentro y fuera de Estados Unidos las historias animadas por el estudio
generaron controversia por sus representaciones racistas, que incluso en el
primer cuarto de siglo, resultaban obvias y ofensivas para muchos espectadores,
particularmente la población negra.
Una de las cláusulas que Travers hizo firmar a Walt Disney
fue que la adaptación de Mary Poppins
no consistiría en una película de animación. Aunque lo logró parcialmente, por
más que la autora supervisó el contenido de la película, ésta se defiende como
un producto en sí mismo y con valores únicos y ajenos a la novela.
En primer lugar, la Mary
de Travers es mucho más compleja y hasta con cierta disposición por la
melancolía, mientras que en la película Julie Andrews interpretó a una hermosa,
delicada y divertida niñera con enorme talento para expresar por medio del
canto sus fantasías, éstas puestas en escena de manera tan colorida como la
niñera.
El guión de Bill Walsh y Don DaGradi (Alicia en el país de
las maravillas, Peter Pan, La bella durmiente, The Absent-Minded Professor) imprimió
el sello de la casa Disney: historias y personajes edulcorados acompañados por
caricaturas, papalotes y animaciones visualmente atractivas, pero sin
correspondencia en la imaginación de Travers.
La recepción de la película fue más que positiva entre la
Academia Cinematográfica estadounidense, la crítica y el público, aunque a
Travers no le satisfizo esta versión rosa de su novela.