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Apr 17, 2013

The Bay y el cine de terror ecológico

The Bay y el cine de terror ecológico

El terror ecológico o eco-terror se ha afianzado como subgénero literario, televisivo y cinematográfico desde la década pasada, sobre todo con la discusión sobre el calentamiento global impulsado como un tema de prioridad por varios grupos de científicos, y sistemáticamente desatendido en las políticas climáticas decididas por los Estados más poderosos.

La reticencia de países como Estados Unidos y China a hacerse cargo de los efectos devastadores que ha tenido su híper industrialización durante las décadas recientes, convierten al tema de la ecología como uno central en nuestros tiempos, y el cine ha dado cuenta de ello de manera muy oportuna.

Desde documentales que alertan sobre el cambio climático irreversible –cuyos efectos ya se observan en gran parte del mundo–, como An Inconvenient Truth (2006) del ex candidato presidencial estadounidense Al Gore, pasando por You’ve Been Trumped (Anthony Baxter, 2012), acerca del gigantesco campo de golf construido por el magnate Donald Trump sobre una reserva ecológica escocesa, hasta el tono alarmista y la estética semi gore de documentales como Confessions o an Eco-terrorist del activista Peter Brown (surgido de la exitosa serie de TV Sea Shepherds), el terror ecológico en cine cumple una función de concientización por medio del shock emocional, más que por el convencimiento a base de argumentos científicos o de discusión racional. Para ello se ha hecho de una estética muy particular y efectiva.

Ésta parte de la utilización tanto de recursos del cine documental, como de noticieros en formato “breaking news”: entrevistas y testimonios, material de archivo (“found footage”), videoconferencias por Skype, webcams, videos caseros y frecuentemente un manejo semi-amateur de la cámara, que da la sensación de que el acontecimiento está sucediendo en tiempo real y es o fue transmitido por algún noticiero como un acontecimiento verdadero.

Este fue precisamente el planteamiento que se puso de moda con El proyecto de la bruja de Blair (1999), una ficción en formato documental cuya ilusión de verosimilitud sugestionó incluso a sus protagonistas, quienes creyeron estar en un ambiente verdaderamente embrujado, y por tanto ofrecieron, más que actuaciones, reacciones de miedo genuino ante la cámara. Varios años después se usó esta fórmula en muchos títulos del género de horror, como REC o Actividad Paranormal, cuyos productores son los mismos de The Bay.

Con el veterano Barry Levinson (Rain Man, Wag The Dog…) en la dirección, The Bay acontece en un pequeño pueblo de Estados Unidos, donde todos los peces de la bahía han muerto. Ante la amenaza de que se trate de una plaga sobrenatural la causante de este desastre ecológico, y de que pueda causar una zombieficación de los habitantes, el pueblo es puesto en cuarentena por fuerzas federales, en una clara alusión a las películas Epidemia (1995) o 28 días después (2003). La secrecía y falta de información que resultan de este manejo de la crisis, provocan una situación de desconfianza paranóica, que es lo que esta ficción se propondría denunciar.

Además del material de archivo, Levinson perfecciona su retórica añadiendo a las “pruebas” de su caso reportes científicos y llamadas al 911. Su capacidad para generar miedo evoca inmediatamente al cine clásico de horror, sobre todo al Tiburón de Spielberg (75) o incluso la psicosis tan súbita como una diseminación virulenta  en The Thing (Carpenter, 82). The Bay se trata sin duda de una película que cumple con todas las características del cine de horror, pero puestas al día y apropiándose de elementos visuales de otros medios como la televisión y el internet.

Como en El proyecto de la bruja de Blair, Levinson acude a actores relativamente desconocidos que bien podrían pasar por gente común (reporteros, testigos…) y reforzar así la idea de estar viendo un noticiero, donde el personaje principal sería el pueblo mismo, y la enfermedad que lo carcome. Al igual que Carpenter, The Bay no está exenta de la sangre y vísceras que se esperan de cualquier película de terror.

Explotar el miedo ha sido siempre el propósito del género de horror. La novedad con las películas de eco-terror es lo mucho que nos dicen sobre la ignorancia y escepticismo que existe en grandes sectores de la población mundial, en temas como el medio ambiente. También refleja cómo, a pesar de estar en la era de la información, el manejo poco escrupuloso de ésta por parte de los grandes medios de comunicación, provocan psicosis al instante y a la carta. ¿Exageración? Basta recordar que en 2009 la capital mexicana sucumbió casi en su totalidad y en menos de 24 horas a la psicosis colectiva con la noticia de la “gripe porcina”, un espectáculo reciclado cada invierno en varias partes del mundo.

The Bay se inscribe dentro de un subgénero que durante los últimos 15 años ha repetido una fórmula bastante exitosa. Por parte del espectador queda ver más allá de esta fórmula y reflexionar sobre lo fácil y común que es la sugestión mediática, basada en la información manipulada y repetida ad nauseum, así como cuestionar la opacidad con la que operan los gobiernos y autoridades en temas vitales como el medio ambiente y la salud pública.  


–LO QUE VIENE EN ECO-TERROR–
Los seguidores del género deben estar pendientes de las producciones que se estrenarán este año, como Night Moves, protagonizada por Jesse Eisenberg (The Social Network), Dakota Fanning y Peter Sarsgaard, es una historia sobre eco-activistas extremos, gobiernos opacos y una planta hidroeléctrica que vuela en pedazos.


The East, con Alexander Skarsgard, Brit Marling y Ellen Page, sobre un grupo de activistas-anarquistas y corporaciones faltas de escrúpulos. Las autoridades gubernamentales se infiltrarán al grupo criminal para desarticularlo. No al de la corporación, sino al de los activistas.

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