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Jan 17, 2013

Zero Dark Thirty

Zero Dark Thirty

Este año Hollywood tiene sus más altas apuestas en la única mujer galardonada por esa industria: Kathryn Bigelow. Experta en narrativas trepidantes, la filmografía de la oriunda de California ha adoptado en esta década –específicamente desde 2001– un cariz polémico que se puede notar particularmente en sus filmes sobre las guerras de Irak y Afganistán.

La caza de Osama bin Laden, historia que ocupa Zero Dark Thirty, ha suscitado tanta controversia que recientemente la directora y el guionista han tenido que defenderla. Desde los políticos republicanos de su país, que han exigido una investigación por las supuestas filtraciones de información clasificada que fue compartida con el equipo de producción, hasta las plumas críticas que la califican como poco menos que propaganda imperialista (algunas con muy buenos argumentos, como el texto de Jane Mayer para The New Yorker), lo cierto es que el filme no debería entenderse por sí mismo, o como una historia desligada de la Historia.

Existe el contexto –más si se trata sobre semejante tema–, y existe el antecedente de 30 años de trayectoria fílmica. En realidad Bigelow es una directora más complicada de lo que sugieren las posiciones encontradas. La maquinaria de la violencia como tema nodal no es una preocupación reciente en su cine, sino que ha sido la constante desde su ruptura con el mundo de la pintura y su encuentro a inicios de los 70 con el grupo de artistas Art & Language, que desde la crítica buscaban incidir en el espacio político. 

Bigelow halló su voz no en su formación como pintora, sino en el cine, un medio en el que no se necesitaba de una formación especializada para poder comunicar las ideas que le preocupaban a la directora en aquel entonces. Podría decirse que la escuela más importante de Bigelow fue intuitiva. Ha declarado un antes y después a partir de su encuentro con el cine de Fassbinder, y fácilmente podría deducirse que con algunos de los más astutos exploradores de la violencia como impulso vital: Sam Peckinpah y Akira Kurosawa. 

“Poner los pies en el campo de batalla” ha sido, pues, el abordaje que pasa por hiperrealismo en Bigelow, que como mujer en una industria primordialmente de hombres, ha sido incesantemente interrogada y sometida al escrutinio durante casi 30 años sobre su rol como directora. Ante ello ha optado por una neutralidad forzada o defensiva en sus declaraciones, pero sus películas indican algo distinto. Despojada de sentimentalismo, o de la “sensibilidad femenina”  asociada a películas como las de Jane Campion (muy válida, pero ciertamente no la única), el cine de Kathryn Bigelow no sólo tiene una manufactura impactante, sino una mirada distintiva y sí, femenina. Hay que recordar el enorme contraste entre hombres y mujeres en películas como The Loveless (1982) o Point Break (1991): la violencia de los hombres como resultado de vínculos inexistentes o frágiles con las segundas.

Mas la directora no ha asignado mucho metraje a la representación de la mujer en sus películas, hasta Zero Dark Thirty, que tiene como protagonista a una analista de la CIA que a pesar de los frecuentes obstáculos de sus pares –hombres–, logra el objetivo de asesinar a Osama bin Laden después de 10 años de búsqueda. Se trata de la agente Maya, un personaje basado en una (o un) supuesta agente real de la CIA. Sobre este punto Bigelow no abunda por protección a sus fuentes, pero no es necesario, pues su interés no es hacer solo un recuento basado en “hechos comprobables”, sino posicionar a una mujer en puestos de comando claves, que, salvadas las diferencias, recuerdan a la misma biografía de Bigelow.

La película sigue esa estrategia del “pie en el campo de batalla”, sin ofrecer contexto y transitando sin problemas de la neutralidad a la apología de la violencia del Estado, o la doctrina de la “violencia preventiva” que legó el gobierno de George W. Bush y suscribieron varios.
He aquí un tema para el debate: ¿el empoderamiento de la heroína de Kathryn Bigelow es tal en una estructura que legaliza la violencia e incluso hace de ella una industria? ¿No debe la “mirada femenina” cuestionar la estructura misma del poder, deconstruirlo? Algunas de las escenas más escandalosas de Zero Dark Thirty muestran a la agente Maya proveyendo el vaso de agua con que los colegas torturan a los detenidos.

¿Quizá la heroína de Kathryn Bigelow sea exactamente lo contrario y habría que leerla más cercana a las mujeres sometidas a la violencia patriarcal que han retratado recientemente cineastas más incisivas como Chantal Akerman (La Folie Almayer, 2011) o Claire Denis (White Material, 2009)? Ciertamente la puesta en escena descontextualizada y las declaraciones neutrales de Bigelow contribuyen a las severas críticas, y no es difícil imaginar que Zero Dark Thirty le signifique un villancico a Dick Cheney. El punto a favor de la película, así haya sido su intención o no, es que la controversia es una oportunidad excelente para el debate, tan necesario y poco frecuente en el autocomplaciente Hollywood.

Otras películas notables de Kathryn Bigelow
THE LOVELESS (1982)
Dirigida por Bigelow y Monty Montgomery, este estilizado guiño a de The Wild Ones (1955) cuenta la historia de un motociclista con dificultades para demostrar las emociones que siente por una chica. Interpretado con sutileza por un joven Willem Dafoe en lo que fue su primer largometraje.

BLUE STEEL (1989)
Una de las pocas películas de Bigelow sobre mujeres en puestos de autoridad reservados para hombres, y las consecuencias de ello. Actúa Jamie Lee Curtis en el papel principal. La tensión en Blue Steel fue perfeccionada en las siguientes Point Break y The Hurt Locker.

POINT BREAK (1991)
Dos de las interpretaciones más memorables de Patrick Swayze y Keanu Reeves, Bigelow empujó al límite sus capacidades histriónicas y sobre todo, físicas. Cuenta la historia de una banda de ladrones liderada por Swayze y perseguidas por Reeves. En un punto las motivaciones del malechor y el policía se vuelven indiferenciables.
STRANGE DAYS (1995)
Producida junto a su entonces marido James Cameron, Strange Days es una historia que varía el ritmo adrenalínico y adopta uno más surrealista, lyncheano. Una meditación de fin de milenio, Lenny Nero es un ex policía que trafica con discos duros que contienen memorias, emociones y oscuras historias. Interpretado por Ralph Fiennes.
THE HURT LOCKER (2008)

El regreso de Bigelow después de casi un lustro de inactividad. Cuenta la historia de un escuadrón anti-bombas en Irak. El realismo y la tensión de la película han sido calificados por algunos veteranos de guerra como la representación más fiel de la angustia y el terror de la experiencia en Irak. Ganadora del óscar por mejor película y mejor directora.

West of Memphis

West of Memphis

En años recientes filmes como Presunto culpable han cobrado notoriedad al incidir en el espacio público, específicamente a favor de las víctimas de sistemas de justicia corruptos. Siguiendo en buena medida los preceptos del Cinéma vérité, este tipo de documental tiene una clara intención de ladear la balanza a favor del inculpado. Lejos de ser un cine “objetivo”, presenta el caso dentro de un amplio contexto a partir del cual el público puede sacar sus propias conclusiones. Otra característica es que el realizador está consciente de que el asunto a tratar habla por sí mismo y de que su presencia o declaraciones dentro del filme deben ser discretas, a diferencia del muy conocido y protagónico documentalista Michael Moore, por ejemplo.

En Estados Unidos uno de los filmes que más han contribuido a modificar el curso de una sentencia es la trilogía Paradise Lost, antecedente directo de West of Memphis y que da cuenta del amañado juicio y condena de los adolescentes Damien Echols, Jason Baldwin y Jessie Misskelley por el asesinato de tres niños en West Memphis, Arkansas, en mayo de 1993. Enjuiciados con pruebas fabricadas, un inverosímil escenario de magia negra y rituales satánicos, confesiones forzadas, un jurado y una opinión pública presa de la histeria colectiva, los muchachos pasaron cerca de 20 años en la cárcel por un crimen que no cometieron, hasta que en 2011 obtuvieron su libertad en un acuerdo legal que no incluía el reconocimiento del craso error por parte del estado.

Paradise Lost fue una astuta saga de documentales realizada por los experimentados socios Joe Berlinger y Bruce Sinofsky (editor en su momento de los reconocidos Albert y David Maysles), quienes siguieron de cerca este caso durante dos décadas. En ese lapso ellos mismos se ocuparon de contribuir al financiamiento de la defensa, a la vez de pagar una suerte de regalías a las familias de las víctimas por sus testimonios filmados. Con el tiempo y una mejor defensa, aparecieron nuevas pruebas que hacían insostenible la condena de pena de muerte para Echols y cadena perpetua para sus amigos. Sin la intervención de los directores y de este importante proyecto, es seguro que la condena se hubiera cumplido.

En West of Memphis la directora estadounidense Amy Berg sigue un curso similar, acaso con un tono de denuncia más firme. Con Peter Jackson y el mismo Damien Echols en la producción, podría pensarse que este documental es un contraataque con la intención de que el estado de Arkansas rectifique públicamente y declare la inocencia de los jóvenes. Para ello Berg se ha asegurado de volver a contar detalladamente la historia y de aportar pruebas más incontrovertibles, buscando, por ejemplo, a quienes aportaron testimonios falsos, así como realizando entrevistas osadas a los mismos detectives y fiscales que fabricaron el caso.

La directora debutó en 2006 con un sustancioso recuento del pedófilo cura Oliver O’Grady y sus múltiples crímenes sexuales durante la década del 70 en Los Ángeles, solapados todos por altos jerarcas de la arquidiócesis de esa ciudad. Sobre este escandaloso suceso, Berg consiguió una serie de entrevistas con el acusado que revelan el entramado de complicidades en esa organización. Asimismo retratan la frialdad y la escalofriante perversidad del depredador sexual. El consenso entre críticos y público en general es que este documental, Deliver Us From Evil, es un documento de enorme valor cinematográfico y político.  

Con estos antecedentes, Berg además ha aprovechado, siguiendo el ejemplo de Berlinger-Sinofsky, la contribución de músicos y actores famosos que han dado renombre a estos documentales desde la primera parte de Paradise Lost en 1996, cuando de manera inédita el grupo Metallica cedió los derechos de varias de sus canciones para ser reproducidas en los filmes. El condenado a la pena capital había sido señalado en gran parte por su supuesto involucramiento en un culto satánico, y se le había condenado con base en su apariencia –cabello negro y largo, camisetas de Metallica y otros grupos de metal, carácter huraño, aspecto “raro”…–. En West of Memphis, el músico de la legendaria banda de punk Black Flag, Henry Rollins, aporta música escrita específicamente sobre el caso, así como sus decididos puntos de vista.

Otras voces que se han pronunciado a favor del documental y de lo que denuncia, es el actor Johnny Depp en cadena nacional con David Letterman, así como muchas otras figuras públicas. West of Memphis se antoja, pues, un documental imperdible no sólo por lo que aborda, sino por un uso sobrio del lenguaje cinematográfico que logra conmover a la vez de generar conciencia sobre el tema, pero también sobre el alcance y la relevancia del cine en el espectro político.

[COLOFÓN]

Compás documental
Algunas resonancias del estilo documental de West of Memphis se pueden rastrear hasta el trabajo de Errol Morris, los mencionados Albert y David Maysles y el más reciente filme de Werner Herzog.
El primero debutó en 1978 con una historia sobre un cementerio de mascotas titulada Gates of Heaven. La realidad observada con ojo poético es el estilo personal que adopta Morris en este filme que rompe por completo con la noción de “realidad objetiva”. Las entrevistas que consigue Morris con los afligidos dueños de mascotas fungen como ocasiones impensadas para reflexionar sobre la vida misma. 
La trayectoria fílmica de los hermanos Albert y David Maysles se remonta hasta el inicio de los 60. Sus documentales sobre The Beatles y The Rolling Stones los colocaron en el radar, pero es su trabajo de la década siguiente el que sobresale por un estilo fílmico personalísimo. Éste se puede apreciar sobre todo en Grey Gardens, una película donde los límites entre observador/observado son difuminados con una cámara-ojo contemplativo. En Gray Gardens, los Maysles nos permiten habitar íntimamente el mundo “excéntrico” de las protagonistas.
Otra mirada única es la del alemán Werner Herzog. Podría decirse que Into the Abyss (2011) es su filme más “lineal y objetivo”, pero lo cierto es que en esta historia sobre dos condenados a la pena de muerte, con su narrativa equilibrada entre víctimas y victimarios, Herzog logra, en esos minutos de epifanías tan característicos de su cine, convocar a una honda reflexión sobre el sentido de la vida, cuando la muerte está anunciada.



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