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Jan 17, 2013

West of Memphis

West of Memphis

En años recientes filmes como Presunto culpable han cobrado notoriedad al incidir en el espacio público, específicamente a favor de las víctimas de sistemas de justicia corruptos. Siguiendo en buena medida los preceptos del Cinéma vérité, este tipo de documental tiene una clara intención de ladear la balanza a favor del inculpado. Lejos de ser un cine “objetivo”, presenta el caso dentro de un amplio contexto a partir del cual el público puede sacar sus propias conclusiones. Otra característica es que el realizador está consciente de que el asunto a tratar habla por sí mismo y de que su presencia o declaraciones dentro del filme deben ser discretas, a diferencia del muy conocido y protagónico documentalista Michael Moore, por ejemplo.

En Estados Unidos uno de los filmes que más han contribuido a modificar el curso de una sentencia es la trilogía Paradise Lost, antecedente directo de West of Memphis y que da cuenta del amañado juicio y condena de los adolescentes Damien Echols, Jason Baldwin y Jessie Misskelley por el asesinato de tres niños en West Memphis, Arkansas, en mayo de 1993. Enjuiciados con pruebas fabricadas, un inverosímil escenario de magia negra y rituales satánicos, confesiones forzadas, un jurado y una opinión pública presa de la histeria colectiva, los muchachos pasaron cerca de 20 años en la cárcel por un crimen que no cometieron, hasta que en 2011 obtuvieron su libertad en un acuerdo legal que no incluía el reconocimiento del craso error por parte del estado.

Paradise Lost fue una astuta saga de documentales realizada por los experimentados socios Joe Berlinger y Bruce Sinofsky (editor en su momento de los reconocidos Albert y David Maysles), quienes siguieron de cerca este caso durante dos décadas. En ese lapso ellos mismos se ocuparon de contribuir al financiamiento de la defensa, a la vez de pagar una suerte de regalías a las familias de las víctimas por sus testimonios filmados. Con el tiempo y una mejor defensa, aparecieron nuevas pruebas que hacían insostenible la condena de pena de muerte para Echols y cadena perpetua para sus amigos. Sin la intervención de los directores y de este importante proyecto, es seguro que la condena se hubiera cumplido.

En West of Memphis la directora estadounidense Amy Berg sigue un curso similar, acaso con un tono de denuncia más firme. Con Peter Jackson y el mismo Damien Echols en la producción, podría pensarse que este documental es un contraataque con la intención de que el estado de Arkansas rectifique públicamente y declare la inocencia de los jóvenes. Para ello Berg se ha asegurado de volver a contar detalladamente la historia y de aportar pruebas más incontrovertibles, buscando, por ejemplo, a quienes aportaron testimonios falsos, así como realizando entrevistas osadas a los mismos detectives y fiscales que fabricaron el caso.

La directora debutó en 2006 con un sustancioso recuento del pedófilo cura Oliver O’Grady y sus múltiples crímenes sexuales durante la década del 70 en Los Ángeles, solapados todos por altos jerarcas de la arquidiócesis de esa ciudad. Sobre este escandaloso suceso, Berg consiguió una serie de entrevistas con el acusado que revelan el entramado de complicidades en esa organización. Asimismo retratan la frialdad y la escalofriante perversidad del depredador sexual. El consenso entre críticos y público en general es que este documental, Deliver Us From Evil, es un documento de enorme valor cinematográfico y político.  

Con estos antecedentes, Berg además ha aprovechado, siguiendo el ejemplo de Berlinger-Sinofsky, la contribución de músicos y actores famosos que han dado renombre a estos documentales desde la primera parte de Paradise Lost en 1996, cuando de manera inédita el grupo Metallica cedió los derechos de varias de sus canciones para ser reproducidas en los filmes. El condenado a la pena capital había sido señalado en gran parte por su supuesto involucramiento en un culto satánico, y se le había condenado con base en su apariencia –cabello negro y largo, camisetas de Metallica y otros grupos de metal, carácter huraño, aspecto “raro”…–. En West of Memphis, el músico de la legendaria banda de punk Black Flag, Henry Rollins, aporta música escrita específicamente sobre el caso, así como sus decididos puntos de vista.

Otras voces que se han pronunciado a favor del documental y de lo que denuncia, es el actor Johnny Depp en cadena nacional con David Letterman, así como muchas otras figuras públicas. West of Memphis se antoja, pues, un documental imperdible no sólo por lo que aborda, sino por un uso sobrio del lenguaje cinematográfico que logra conmover a la vez de generar conciencia sobre el tema, pero también sobre el alcance y la relevancia del cine en el espectro político.

[COLOFÓN]

Compás documental
Algunas resonancias del estilo documental de West of Memphis se pueden rastrear hasta el trabajo de Errol Morris, los mencionados Albert y David Maysles y el más reciente filme de Werner Herzog.
El primero debutó en 1978 con una historia sobre un cementerio de mascotas titulada Gates of Heaven. La realidad observada con ojo poético es el estilo personal que adopta Morris en este filme que rompe por completo con la noción de “realidad objetiva”. Las entrevistas que consigue Morris con los afligidos dueños de mascotas fungen como ocasiones impensadas para reflexionar sobre la vida misma. 
La trayectoria fílmica de los hermanos Albert y David Maysles se remonta hasta el inicio de los 60. Sus documentales sobre The Beatles y The Rolling Stones los colocaron en el radar, pero es su trabajo de la década siguiente el que sobresale por un estilo fílmico personalísimo. Éste se puede apreciar sobre todo en Grey Gardens, una película donde los límites entre observador/observado son difuminados con una cámara-ojo contemplativo. En Gray Gardens, los Maysles nos permiten habitar íntimamente el mundo “excéntrico” de las protagonistas.
Otra mirada única es la del alemán Werner Herzog. Podría decirse que Into the Abyss (2011) es su filme más “lineal y objetivo”, pero lo cierto es que en esta historia sobre dos condenados a la pena de muerte, con su narrativa equilibrada entre víctimas y victimarios, Herzog logra, en esos minutos de epifanías tan característicos de su cine, convocar a una honda reflexión sobre el sentido de la vida, cuando la muerte está anunciada.



Dec 7, 2012

Infancias repensadas: El niño de la bicicleta y La caza

Infancias repensadas: El niño de la bicicleta y La caza

Este mes la cartelera de cine presenta una interesante ocasión para el debate con el estreno de dos miradas inteligentes sobre el tema de la infancia y su relación ineluctable con la edad adulta. Se trata de la belga El niño de la bicicleta, y la danesa La caza, ambas merecedoras de la Palma de oro en Cannes (2011 y 2012, respectivamente).

El niño de la bicicleta redondea la serie de películas humanistas, como se les suele categorizar, que conforma la filmografía de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne. Autodefinidos como “una persona con cuatro ojos”, los hermanos se iniciaron como dramaturgos para después encontrar en el cine el medio más adecuado para narrar sus historias. Como en la mejor tradición del inglés Ken Loach, la mirada de los Dardenne bien podría emparentarse en esa concepción del cine como un vínculo íntimo entre autores y sus sujetos a filmar, donde los primeros simpatizan abiertamente con intérpretes y personajes frecuentemente localizados en situaciones de vulnerabilidad o desesperación.

Tal es el caso de Cyril Catoul, un púber de 11 años que es abandonado por el padre y ante el riesgo de que su tutela recaiga en el Estado, emprende una frenética búsqueda afectiva a bordo de su única posesión: su bicicleta. No es casual que la apasionada demanda de amor y de hogar que lleva a cabo este chico, se simbolice fehacientemente con el color rojo, empezando por su cabello y su indumentaria, recordatorios directos del color que bombea su corazón durante esas trayectorias agotadoras, de día y de noche.

A su lado o un pedalazo atrás de Cyril, como público participamos activamente en esta búsqueda y su resolución está dirigida tanto a él como a nosotros. El realismo con que los hermanos retratan la infancia desolada contrasta con el acogimiento femenino, más que materno, en el que se resuelve el conflicto de la historia.

¿Reflejar la realidad o sostener un punto de vista?
Es frecuente asociar el cine de los Dardenne con el neorrealismo italiano de la posguerra; en efecto, la poética de la forma en los Dardenne establece un vínculo emocional entre personaje y espectador inmediato, como en los mejores momentos de Rossellini o De Sica, escuela indudable de los hermanos belgas, del mismo modo que la Nueva Ola francesa y en particular el Antoine Doinel de Los 400 golpes, es evocado en el impulso irrefrenable y casi vandálico de Cyril.

En un rumbo más polémico se encuentra el cine nórdico que aborda temas sociales como el que ocupa el cine de los hermanos belgas. Polémico en el sentido de suscitar una necesaria discusión que se diluye o banaliza en tiempos de corrección política, el cine de autores como Lasse Hallstrom (brillante es Show Me Love de 1998), Joachim Trier (Reprise, 2006), Erik Poppe (Troubled Water, 2008), Susane Bier (In A Better World, 2010) o Thomas Vinterberg, inciden en el espacio público en el momento en que sus filmes incomodan, inquietan, provocan e incluso reconfortan.

El cine de Vinterberg se desplaza entre el escándalo protagonizado por uno de los pilares de la sociedad (la familia de La celebración), la histeria masiva de un pueblo entero, y la redención de su personaje principal, como sucede en La caza, protagonizada por Mads Mikkelsen, un profesor de bachillerato sobre el que pesa una acusación calumniosa, por lo que es sujeto a la condena y la humillación públicas. La de Lucas, su personaje, es una suerte de crucifixión que ha sido varias veces explorada por las cintas pertenecientes al manifiesto dogma, pero el tormento del profesor remite de manera más cercana a la excelente Troubled Water y su protagonista Jan, el exreo acusado del homicidio de un niño.

Mikkelsen es probablemente el actor con mayor rango histriónico de una generación de actores daneses de sobrada pericia, como sus contemporáneos Jakob Cedergren, Nikolaj Lie Kaas, Ulrich Thomsen o Nicolas Bro. La caza ratifica el estatus de Thomas Vinterberg como un director de grandes dramas engranados en problemáticas sociales complejas –después de la excesiva Submarino –, pero sobre todo se ha reconocido el trabajo de un Mikkelsen, ya bastante conocido en Hollywood, pero que encuentra en las historias producidas en su país una inigualable plataforma para su ejercicio actoral, imperdible en esta cinta.

Tanto El niño de la bicicleta como La caza nos presentan el desafío de superar la corrección política en temas que frecuentemente se tratan con condescendencia y simplificación. Tal tarea resulta relevante  especialmente hoy, ante la oleada de cintas que aseguran reflejar las angustias y pesares (“basadas en hechos reales”) de los niños y adolescentes de la actualidad (el ya famoso tema del “bullying”, por ejemplo), pero no sin un dejo de misantropía y superficialidad que reflejan más la incomprensión del cineasta que de sus lejanos sujetos fílmicos.

OTROS TÍTULOS OBLIGATORIOS DE LOS DARDENNE Y VINTERBERG
L’enfant (¿El niño?), 2005. Los Dardenne cobraron notoriedad en nuestro país con esta película donde unos padres novatos –niños ellos mismos– venden a su bebé sin ningún dejo de conciencia ni culpa. Más que poner la lupa sobre alguna especie de sociopatía individual o excepcional, los Dardenne muestran un acto que cada vez se percibe más como la regla en una sociedad compulsivamente antisocial.

La celebración, 1998. Uno de los dramas más demoledores del manifiesto Dogma, La celebración es un título irónico sobre el lento e irreversible derrumbamiento  de una familia durante la fiesta de cumpleaños del patriarca. En la mesa el platillo principal será la depravación develada por el hijo mayor, después de años de represión y neurosis.

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