The Host (La huésped)
Tras el éxito rotundo del
fenómeno Twilight, la saga de romance-ficción que desde 2008 ha recaudado cerca
de dos mil millones de dólares en taquilla y ha colocado a su creadora, la
estadounidense Stephanie Meyer, como la productora de mayor notoriedad y ventas
dentro del sector púber-adolescente de espectadores –superando incluso a JK
Rowling, creadora de Harry Potter–, es que se estrena con enorme anticipación
The Host, un romance de corte clásico y ambientación futurista adaptada al
lenguaje fílmico por el talentoso escritor y director Andrew Niccol.
Oficinista de tiempo completo
devenida escritora de best-sellers, Meyer incursionó en el mundo del
espectáculo casi por accidente. Según cuenta, Twilight fue soñada en partes, y
escrita sin más expectativas que ser leída por ella y su círculo cercano. Esta
modesta afición pronto se convirtió en una novela de trece capítulos que en
principio fue rechazada por varias editoriales, y después peleada por otras
cuantas. Súbitamente se convirtió en best-seller nacional. La biografía de
Meyer remite a la de la escocesa JK Rolling en muchos sentidos; ambas son
atentas lectoras que no han forjado su talento en universidades ni escuelas
profesionales de escritores, y ciertamente han estado en el lugar y momento
propicios.
Una historia futurista con influencias clásicas
Lectora de romances clásicos
–Meyer cita como escritores clave a Shakespeare y Jane Austen–, y de la
narrativa gótica, las historias de Meyer son el lógico resultado de sus hábitos
literarios; sobre todo a esto se puede atribuir el éxito que su historia sobre
un motivo eminentemente romántico como el vampiro, ha tenido entre sus lectores
adolescentes.
La posesión del cuerpo humano
por un ente extraño obliga a preguntar qué significa ser humano. The Host es la
historia de seres extraños que invaden la tierra y el cuerpo de los humanos
(los huéspedes). La protagonista, Melanie Stryder, es una humana que se resiste
a ser invadida completamente por su “visitante”. Dicha resistencia consiste en
proteger lo único que no ha sido invadido del todo: su mente. Melanie forzará a
su ocupante a recordar las experiencias que la hicieron humana, y a visualizar
el deseo que siente por Jared, el último humano que no ha sido invadido. De
esta pulsión vital se concatenan una serie de eventos alrededor de un agitado
triángulo amoroso.
Niccol y su estética futurista
Alejada ya de la narrativa del
vampiro, The Host está más cercana al Lasher de Anne Rice y a la ciencia
ficción; se puede pensar incluso en la relación replicantes/humanos que
planteaba Blade Runner. Para adaptar este relato al cine, la productora de
Meyer ha reclutado a alguien con solvencia en la estética futurista, Andrew
Niccol, quien debutó en 1997 con la destacable Gattaca, puesta en escena en un futuro no muy lejano
donde se practica la ingeniería social, “mejorando” a la especie humana por
medio de la manipulación genética.
Gattaca fue nominada al óscar en
el rubro de mejor diseño de producción, con una estética que tomaba elementos
prestados de la arquitectura modernista de los 50 y el cine negro, en la
continuación de las visualidades expuestas en cintas como Terminator (84) o
Blade Runner (82).
En S1m0ne de 2002, Niccol se
centra en el reemplazo del humano por la máquina, aunque en un tono más
romántico. El presupuesto de esta película fue bastante modesto, por lo que no
se aprecia una producción visual significativa. En 2011 Niccol regresó con una
ambiciosa película protagonizada por la estrella pop Justin Timberlake. In Time
es otra distopía que transcurre en el año 2169, en la que los humanos dejan de
envejecer al cumplir los 25 años. Sorprendentemente Niccol no recurrió a un
complicado diseño de producción, sino que el tratamiento visual recae
primordialmente en la fotografía.
En The Host el diseño de producción
no se distancia mucho del de In Time, en el aprovechamiento de ambientes naturales
y abiertos donde conviven y actúan los humanos, y en contraste, espacios
generados por computadora donde transcurre el conflicto con los entes. Sin
embargo, evocando a Gattaca, Niccol recurre de nuevo a su gusto por el trazo
modernista, notorio en el diseño de edificios tanto como helicópteros y hasta
planchas de hospital. Es interesante el recurso del modernismo en las distopías
de este director: ¿nos invita a constatar, desde este punto post en la historia, que el futuro nunca
llegó?
Queda esto como un apunte para
reflexionar en esta película realizada por la mancuerna Meyer-Niccol, que
seguramente satisfará a públicos más amplios que los seguidores de los romances
adolescentes y de la ciencia ficción.
A LA VISTA: más de Meyer y Niccol
Stephanie Meyer está produciendo
la adaptación fílmica de Down A Dark Hall (1974) de Lois Duncan, una de las
escritoras norteamericanas más populares del género de fantasía y misterio.
Esta adaptación versa sobre las vivencias de una adolescente en un misterioso
internado.
Aún sin planes para ser
transportados al medio fílmico, Prom Nights From Hell es un conjunto de relatos
de misterio en el que participa Meyer junto a otros escritores. Su historia,
Hell On Earth, continúa con los motivos de la escritora.
En 2005 Andrew Niccol se apartó
brevemente de su interés por la ciencia ficción para incursionar más dentro del
terreno del comentario político con la película Lord of War. En ella contó con
la actuación de Nicolas Cage, Donald Sutherland y Ethan Hawke (Gattaca) en un
relato sobre un mercenario-empresario ruso que trafica con armas legal e
ilegalmente. En su agenda destacan los contactos tanto de la mafia, como de los
Estados pertenecientes al Consejo de seguridad de la ONU. Imposible no pensar
en la relevancia de este tema, sobre todo en las crisis que se han suscitado en
Estados Unidos durante los años recientes, promovidas y aprovechadas por la
industria armamentista.
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