Jorge Villamizar
9 Octubre
10:40 – 12 hrs
Sin duda que la trayectoria profesional de Jorge Villamizar es atípica como pocas: Graduado en la Escuela Naval de su natal Colombia, partió a Londres para cursar Ciencias Políticas y después a Miami para un posgrado en Administración de empresas. Llama la atención que mientras la vasta mayoría de “luminarias en ciernes” pasan años estudiando en academias de formación musical y escénica, demasiado preocupados por fabricarse una imagen artística, Villamizar es de esos extraños casos en donde todo en la vida apunta hacia cierta dirección, y de pronto, un algo nos hace replantear el camino. A ese algo han venido a prestarle atención incondicionales seguidores esta noche, porque no es menos que el alma que imprime este colombiano a sus canciones, armado con una guitarra y un ingenio inusual en la música pop latinoamericana. A Villamizar no sólo se le apareció esa musa por la que tantos se cortarían el meñique, sino que como influencias alude a esa formación básica como la leche y el hierro: The Beatles, de quien su madre era admiradora, así como Joaquín Sabina, Víctor Manuel, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y música folclórica de los Andes.
Entre esas horas perdidas del colegio, Jorge tomaba la guitarra y un día se dio cuenta que era bueno para escribir estribillos con ganchos y letras con humor inteligente, sentimentales mas no trilladas. Formó en Miami el grupo Bacilos, conoció a gente del medio que reconoció inmediatamente su originalidad y en poco tiempo sus canciones le procuraron establecerse como un favorito de radio y televisión, y más notablemente, de colegas que han incluído en sus discografías temas escritos por Villamizar, como Paulina Rubio y Julieta Venegas. Después de tres discos con Bacilos, los temas de Jorge son cada vez más personales, por eso que ha decidido mudarse a la ciudad de México y desde aquí comenzar como solista, siendo su debut en Lunario.
Una clave para entender la relación entre él y sus seguidores es la siguiente: tras presentar a su grupo acompañante (dos tijuanenses, un bonaerense), afirma que en esta nueva etapa no está aprendiendo a ser solista, sino a estar solo, aludiendo a su reciente divorcio. Tal franqueza permea en sus canciones, particularmente las acústicas, sin acompañamiento, como mejor suena: directo, íntimo y, sin empacho, al borde de la canción confesional. Es natural que el público se involucre totalmente en sus nuevos temas, a la vez de festejar los éxitos, todos interpretados y la balada bailable que sus seguidoras demandaron en el segundo encore: Tabaco y Chanel. Lejos del cliché del romanticismo de lírica reciclada, la denuncia social o el regionalismo, la de este autodenominado “colombiano errante”, es una muestra de que la canción popular latinoamericana va por buen rumbo.
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