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Apr 4, 2014

Tom en el granero (Xavier Dolan, 2013)

Tom en el granero

El más reciente filme del precoz Xavier Dolan (cuatro largometrajes antes de los 25 años) prueba un inesperado viraje en su ya clara trayectoria autoral. Si el énfasis en un estilo visual deudor tanto de la Nueva Ola francesa como del Derek Jarman más pop (Pet Shop Boys, The Smiths), eclipsaba sus observaciones sobre la naturaleza de las relaciones sentimentales posteriores al fin de las identidades (cercanas al cine Queer pero sin encajar del todo en él), Tom en el granero se inscribe con pericia en el género del suspenso, a la vez de ser un comentario poco ambiguo sobre la heterosexualidad en clave patológica.


Adaptada de la obra de teatro homónima de Michel Marc Bouchard, Dolan protagoniza a Tom, un joven publicista que se traslada desde Montreal a un pueblo desolado en la inmensidad del Quebec rural para asistir al funeral de su novio Guillaume, muerto en un accidente y oriundo de este pueblo sin nombre. Sin conocer de la familia del finado más que la dirección, Tom se adentra al origen tan misterioso como pesadillesco de su pareja, empezando por una madre arisca e impenetrable, y un hermano mayor posesivo y dominante, en el borde de la psicopatía homófoba.


Difícilmente dando crédito del pasado que su novio comprensiblemente mantenía en secreto, Tom se encuentra pronto en una situación de rapto virtual, e imposibilitado a abandonar esa granja en medio de la nada, decide adentrarse más hondo aún.


Dolan afirma haber dedicado un tiempo considerable a estudiar las minucias del género del suspenso para su adaptación, que es parte de una obra considerada de las más importantes en la dramaturgia contemporánea canadiense, como la de Bouchard. El viaje al corazón negro de la sexualidad controlada e impuesta es uno que Bouchard ha diseccionado no sólo desde el punto de vista de un escritor homosexual, sino de un miembro de uno de los países que más se autoproclaman y autocelebran pioneros en la cuestión de los derechos de las minorías.


Ese discurso queda en entredicho con esta adaptación, donde la sexualidad imperativa y su consecuente represión asignan a la heteronormatividad como el lugar del horror psicológica y físicamente destructivo, hasta el grado de la desfiguración literal y el potencial asesinato. En ello no hay ambigüedad, pero sí en los  personajes de la madre (Agathe) y el hermano (Francis), tanto que se podría hacer lecturas psicoanalíticas de ambos, y extraer de ellas más historias de horror.


La sexualidad del macho Francis podría considerarse en primera instancia la típica fachada de un hombre cuya identidad sexual es menos que sólida, y que compensa dando una imagen de virilidad extrema, casi caricaturesca, así como de un comportamiento hostil y francamente patológico, consecuencia de esa represión. La violencia/ambigüedad que Francis ejerce sobre Tom es tal que la misma voluntad de éste se quiebra en un punto donde el miedo/repulsión y la atracción parecen fundirse. Esta pulsión tanática se disemina en la sombría ambientación lograda por el fotógrafo André Turpin (un talento que Hollywood, increíblemente, aún no se ha apropiado).


Más intrigante y enigmática resulta la férrea madre, cuyos silencios y rostro adusto dan muchas claves para entender la psicología de esta familia. Agathe se encuentra en un estado de negación no sólo de la verdadera identidad homosexual de su hijo muerto, sino del monstruo de vida en la que lo obligó a crecer, y de la que huyó en cuanto pudo, sin mirar atrás, reduciendo al mínimo la falaz comunicación con su progenitora y con su hermano, y sólo regresando a su lugar de origen dentro de un ataúd. Mas la negación en la madre nunca es ignorancia, sino la confrontación desesperada con la verdad. En el rostro atormentado de la magnífica actriz Lise Roy se expresa el conflicto de esta madre carcomida tanto por el dolor, como por la culpa.


Finalmente, y quizás una de las no-presencias más turbadoras y memorables en el cine actual, es el fantasma de Guillaume como personaje central, alrededor del cual giran en una melancolía irreversible los protagónicos. Este es otro punto a favor de Dolan: nunca vemos, más que un breve instante en una fotografía, el rostro de Guillaume, pero lo llegamos a conocer a fondo, a compartir su desesperación, comprender su escape y padecer su prematura muerte.


En el fondo un drama humano intenso y relevante, con el género del suspenso como plataforma, Tom en el granero es sin duda la película más lograda de Dolan, y se inscribe, así sea indirectamente, en una tendencia de películas de temática homosexual –In My Skin, El extraño del lago, La vida de Adèle, etc.– que astutamente desafían la categorización y el cine de nicho. Los dramas contados a través de estas subjetividades complejas y de experiencias que parten de lo local y de las minorías, ocupan así un sitio prioritario en el imaginario de los grandes públicos, no sólo en el número de audiencia, sino en su capacidad de sentirse afectado y conectar íntimamente con la obra. Xavier Dolan se gradúa así como un jovencísimo gran cineasta.


Filmografía comentada de Dolan


Maté a mi madre (2009)
Debut autobiográfico en el que Dolan reflexiona sobre el problemático vínculo con su madre y con la frágil figura paterna. Tan personal como estilizada, Maté a mi madre convirtió a Dolan inmediatamente en una celebridad en Canadá. Escribió el guión a los 16 años y la dirigió a los 19. Con un tono confesional como irreverente, Dolan afirma desde su debut su gusto por el cine queer de Jarman y Van Sant, sus referencias más obvias. Ganadora en Cannes y otros festivales.


Los amores imaginarios (2010)
Un chico y una chica, los mejores amigos, se enamoran de un narciso. Dolan continúa explorando el descubrimiento de la sexualidad a través de personajes que no se dejan encasillar. El diseño de producción y la banda sonora recuerdan al video-clip característico de una década en la que el director no creció, pero a la que alude con frecuencia. Se le asocia también con el romanticismo de Wong Kar-wai. Ganadora del premio “Una cierta mirada” en Cannes.


Laurence Anyways (2012)
Drama de amor entre una mujer y una transgénero (hombre a mujer) en donde Xavier Dolan vuelve a enfatizar su insatisfacción con las identidades sexuales rígidas. La transformación física de Laurence encuentra, a los largo de una problemática década de frustraciones, desencuentros y reconciliaciones, eco en la transformación política de su novia Frederique. La vida y concepción del mundo de ambas cambia aunque no permanezcan juntas. Dolan recibió una decena de premios por esta película, más ambiciosa que lograda.


https://www.imdb.com/title/tt2427892/?ref_=fn_al_tt_1

Mar 11, 2014

Godzilla, Gareth Edwards

Godzilla

Japón ha dotado al mundo de un sinnúmero de personajes que pueblan el imaginario colectivo; de ellos, el más icónico es Godzilla, el gigantesco monstruo ("kaiju”) originalmente imaginado y dirigido por Ishiro Honda en 1954, menos de diez años después de las tragedias de Hiroshima y Nagasaki, que cobraron miles de vidas y dejaron sobrevivientes con devastadores efectos por la radiación de las bombas.

El trauma de haber sido el único país atacado por bombas nucleares encontró un cauce de expresión en varias áreas de la cultura japonesa.
El Godzilla de Honda, al representar con un horrible y desproporcionado monstruo el horror y la devastación de las bombas nucleares, casi instantáneamente se convirtió en un ícono que consecuentemente fue reproducido en distintos medios como la televisión, los cómics y varios remakes del filme original.


El tino de Honda, alumno nada menos que de uno de los más grandes cineastas como Akira Kurosawa, fue proveer al monstruo de un temperamento que lo hizo no sólo inolvidable, sino más temido de lo que cualquier otro monstruo intercambiable podría resultar. Un ente memorable en una narrativa que en todo momento mantiene el suspenso y el horror ante la devastación, el remake que el británico Gareth Edwards tiene preparado para este 2014 rescata la visión de Ishiro Honda y lo hace, además, en una de las coyunturas más agitadas desde la Segunda Guerra Mundial, como es la actual, donde el desastre nuclear no sólo sigue presente, sino ahora acompañado por los efectos del calentamiento global que algunos científicos ya han calificado de irreversibles.


Hombre vs Natura
El plan de Edwards y su guionista, David Callaham, es que se vuelva a mirar a Godzilla en estrecha relación con el desastre que lo originó y que multiplica como en un efecto dominó; esto después de que los recientes remakes se han centrado más en el aspecto visual del ente y de su devastación, que en los orígenes, prescindiendo de una historia de fondo que abarata la película. En Godzilla 2014, con Nueva York como locación (algunas escenas fueron filmadas en Japón, Vancouver y Hawaii), Edwards y Callaham aluden explícitamente a la secrecía del gobierno de Estados Unidos en relación con la existencia del monstruo.


Edwards aprovecha las posibilidades de efectos digitales cada vez más avanzados en una seria competencia con el Pacific Rim (2013) de Guillermo del Toro, pero con una visualidad mucho menos oscura, que recuerda más a la narración clásica de Steven Spielberg en Tiburón: el espectador es introducido en un ambiente familiar, cotidiano y de aparente tranquilidad, pero tiene siempre la sensación de que algo ominoso está por ocurrir. El suspenso sostenido se quiebra con la aparición de Godzilla, acompañado ahora por otros malignos kaijus (los horrendos Mutos de múltiples extremidades, diseñados durante cerca de un año) en impresionantes batallas del hombre contra la naturaleza.


El caos de Godzilla y compañeros es representado como el peor terremoto, huracán y estallido atómico combinados, en una ciudad ya bien fetichizada como el pico de la modernidad, cuya destrucción remite inmediatamente a eventos reales. La ventaja aquí es que los rascacielos neoyorkinos dan cuenta de la proporción de las bestias que se asoman del océano, unas vistas no tan alejadas del Tokio de los 50 y que acentúan la magnitud del cataclismo.


El responsible de los efectos visuales, Jim Rygiel (El señor de los anillos, Star Trek: insurrección, etc.) basó el diseño de Godzilla en el movimiento y el comportamiento del oso pardo, el dragón de Komodo y hasta en algunas características faciales del perro y el águila. A Godzilla se le ha reinventado digitalmente: ahora presenta deformidades faciales que resaltan su condición tétrica: sus ojos son dos cavidades hondas y oscuras que antes que ver, parecen devorar. Par a par con la imagen, el sonido provee quizás el lado más espeluznante del monstruo. 

El rugido clásico de Godzilla también fue rediseñado para esta película, pensado sobre todo en las posibilidades del sonido en las salas IMAX, donde el sonido de hondo de este kaiju literalmente vibrará en el pecho del espectador.


Pero si se piensa que la apariencia y la irrupción violenta del monstruo simbolizan la reacción de la naturaleza permanentemente violentada por el hombre, el carácter tétrico de Godzilla adquiere matices: la naturaleza es impredecible y reacciona adversamente, pero también provee y protege. Godzilla, como en el relato original, no es el enemigo del ser humano, ¿pero es éste capaz de darse cuenta?


Los protagónicos son dos de los actores más reconocidos de la televisión estadounidense por sus recientes y memorables personajes como el profesor devenido narcotraficante “Walter White” en la serie Breaking Bad: Bryan Cranston, interpretando en Godzilla a un profesor de física nuclear que recordará indudablemente al primer Walter White, y Elizabeth Olsen, ya con importantes caracterizaciones de personajes femeninos poderosos y complejos (Mad Men, Top Of The Lake), quien en esta ocasión la hace de Elle Brody, la esposa del teniente militar al mando de la operación para destruir a los kaijus.


Godzilla de Gareth Edwards será sin duda una puesta al día imperdible, al retomar las características del Godzilla original e incorporar la tecnología más avanzada a una de las historias más populares del siglo XX, y con la que ya varias generaciones de espectadores han crecido. 


Más del director
Aunque Godzilla es sólo su segundo largometraje, el joven director nacido en 1975 dejó una magnífica impresión en Hollywood con su primer filme independiente, Monsters. Los adeptos al género no se pueden perder esta historia de ciencia ficción que transcurre en la frontera México-Estados Unidos. Una nave de la NASA suspendida en el espacio es colonizada por vida extraterrestre. Una falla causa que se estrelle en esta zona de la tierra, contaminándola por toda la región. Pronto, las diferencias entre los dos países determinarán cuál lado se salva y cuál no.


Una narrativa inteligente, así como un uso creativo de recursos limitados (añaden realismo las tomas de semi-documental), prueban que con Monsters y ahora Godzilla, Edwards es un director capaz de aportar significado y comentario a un género que cada vez con más frecuencia rehúye de ellos, amparándose exclusivamente en la excelencia de los efectos visuales.  

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