El más reciente filme del precoz Xavier Dolan (cuatro largometrajes antes de los 25 años) prueba un inesperado viraje en su ya clara trayectoria autoral. Si el énfasis en un estilo visual deudor tanto de la Nueva Ola francesa como del Derek Jarman más pop (Pet Shop Boys, The Smiths), eclipsaba sus observaciones sobre la naturaleza de las relaciones sentimentales posteriores al fin de las identidades (cercanas al cine Queer pero sin encajar del todo en él), Tom en el granero se inscribe con pericia en el género del suspenso, a la vez de ser un comentario poco ambiguo sobre la heterosexualidad en clave patológica.
Adaptada de la obra de teatro homónima de Michel Marc
Bouchard, Dolan protagoniza a Tom, un joven publicista que se traslada desde
Montreal a un pueblo desolado en la inmensidad del Quebec rural para asistir al
funeral de su novio Guillaume, muerto en un accidente y oriundo de este pueblo
sin nombre. Sin conocer de la familia del finado más que la dirección, Tom se
adentra al origen tan misterioso como pesadillesco de su pareja, empezando por
una madre arisca e impenetrable, y un hermano mayor posesivo y dominante, en el
borde de la psicopatía homófoba.
Difícilmente dando crédito del pasado que su novio
comprensiblemente mantenía en secreto, Tom se encuentra pronto en una situación
de rapto virtual, e imposibilitado a abandonar esa granja en medio de la nada,
decide adentrarse más hondo aún.
Dolan afirma haber dedicado un tiempo considerable a estudiar
las minucias del género del suspenso para su adaptación, que es parte de una
obra considerada de las más importantes en la dramaturgia contemporánea canadiense,
como la de Bouchard. El viaje al corazón negro de la sexualidad controlada e
impuesta es uno que Bouchard ha diseccionado no sólo desde el punto de vista de
un escritor homosexual, sino de un miembro de uno de los países que más se
autoproclaman y autocelebran pioneros en la cuestión de los derechos de las
minorías.
Ese discurso queda en entredicho con esta adaptación, donde la
sexualidad imperativa y su consecuente represión asignan a la
heteronormatividad como el lugar del horror psicológica y físicamente
destructivo, hasta el grado de la desfiguración literal y el potencial asesinato.
En ello no hay ambigüedad, pero sí en los personajes de la madre (Agathe) y el hermano
(Francis), tanto que se podría hacer lecturas psicoanalíticas de ambos, y
extraer de ellas más historias de horror.
La sexualidad del macho Francis podría considerarse en
primera instancia la típica fachada de un hombre cuya identidad sexual es menos
que sólida, y que compensa dando una imagen de virilidad extrema, casi
caricaturesca, así como de un comportamiento hostil y francamente patológico,
consecuencia de esa represión. La violencia/ambigüedad que Francis ejerce sobre
Tom es tal que la misma voluntad de éste se quiebra en un punto donde el miedo/repulsión
y la atracción parecen fundirse. Esta pulsión tanática se disemina en la
sombría ambientación lograda por el fotógrafo André Turpin (un talento que Hollywood,
increíblemente, aún no se ha apropiado).
Más intrigante y enigmática resulta la férrea madre, cuyos
silencios y rostro adusto dan muchas claves para entender la psicología de esta
familia. Agathe se encuentra en un estado de negación no sólo de la verdadera
identidad homosexual de su hijo muerto, sino del monstruo de vida en la que lo
obligó a crecer, y de la que huyó en cuanto pudo, sin mirar atrás, reduciendo
al mínimo la falaz comunicación con su progenitora y con su hermano, y sólo
regresando a su lugar de origen dentro de un ataúd. Mas la negación en la madre
nunca es ignorancia, sino la confrontación desesperada con la verdad. En el
rostro atormentado de la magnífica actriz Lise Roy se expresa el conflicto de
esta madre carcomida tanto por el dolor, como por la culpa.
Finalmente, y quizás una de las no-presencias más turbadoras
y memorables en el cine actual, es el fantasma de Guillaume como personaje
central, alrededor del cual giran en una melancolía irreversible los
protagónicos. Este es otro punto a favor de Dolan: nunca vemos, más que un
breve instante en una fotografía, el rostro de Guillaume, pero lo llegamos a
conocer a fondo, a compartir su desesperación, comprender su escape y padecer
su prematura muerte.
En el fondo un drama humano intenso y relevante, con el
género del suspenso como plataforma, Tom en el granero es sin duda la película
más lograda de Dolan, y se inscribe, así sea indirectamente, en una tendencia
de películas de temática homosexual –In My Skin, El extraño del lago, La vida
de Adèle, etc.– que astutamente desafían la categorización y el cine de nicho.
Los dramas contados a través de estas subjetividades complejas y de
experiencias que parten de lo local y de las minorías, ocupan así un sitio
prioritario en el imaginario de los grandes públicos, no sólo en el número de
audiencia, sino en su capacidad de sentirse afectado y conectar íntimamente con
la obra. Xavier Dolan se gradúa así como un jovencísimo gran cineasta.
Filmografía comentada de Dolan
Maté a mi madre (2009)
Debut autobiográfico en el que Dolan reflexiona sobre el
problemático vínculo con su madre y con la frágil figura paterna. Tan personal
como estilizada, Maté a mi madre convirtió a Dolan inmediatamente en una
celebridad en Canadá. Escribió el guión a los 16 años y la dirigió a los 19.
Con un tono confesional como irreverente, Dolan afirma desde su debut su gusto
por el cine queer de Jarman y Van Sant, sus referencias más obvias. Ganadora en
Cannes y otros festivales.
Los amores imaginarios (2010)
Un chico y una chica, los mejores amigos, se enamoran de un
narciso. Dolan continúa explorando el descubrimiento de la sexualidad a través
de personajes que no se dejan encasillar. El diseño de producción y la banda
sonora recuerdan al video-clip característico de una década en la que el
director no creció, pero a la que alude con frecuencia. Se le asocia también
con el romanticismo de Wong Kar-wai. Ganadora del premio “Una cierta mirada” en
Cannes.
Laurence Anyways (2012)
Drama de amor entre una mujer y una transgénero (hombre a
mujer) en donde Xavier Dolan vuelve a enfatizar su insatisfacción con las
identidades sexuales rígidas. La transformación física de Laurence encuentra, a
los largo de una problemática década de frustraciones, desencuentros y
reconciliaciones, eco en la transformación política de su novia Frederique. La
vida y concepción del mundo de ambas cambia aunque no permanezcan juntas. Dolan
recibió una decena de premios por esta película, más ambiciosa que lograda.
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