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Nov 17, 2013

Her, Spike Jonze


Desde las insólitas Being John Malkovich y Adaptation, pasando por la preciosista Where The Wild Things Are, hasta el sci-fi romántico de Her –meramente promocionada como “una historia de amor”–, los largometrajes de Spike Jonze se cuentan con una mano, pero indudablemente que han pasado al imaginario colectivo como parte de ese cine de fin de milenio caraterizado por temáticas íntimamente personales con una correspondencia visual excéntrica y exuberante, por decir lo menos.

Se podría pensar en una generación conformada por Jonze, Wes Anderson, Michel Gondry, Ben Stiller y hasta el Tim Burton menos gótico (Big Fish), fascinada por las inagotables posibilidades de la imaginería surrealista, y que ha logrado narrativas visuales con claros rasgos autorales. En Her, con un guión escrito en su totalidad por él, Jonze desarrolla un tema parcialmente explorado en su cortometraje I’m Here (2010), una historia de amor protagonizada por dos robots, donde reflexiona sobre temas como la pérdida, el sacrificio y la soledad.

Her es protagonizada por Joaquín Phoenix, en el papel de Theodore Twombly, un escritor melancólico y solitario –acaba de pasar por un doloroso divorcio–, que trabaja redactando tarjetas de felicitación personalizadas en un sitio web. La puesta en escena ocurre en una megalópolis y un futuro no muy distante. La depresión de Theodore lo lleva a hacerse de un artilugio sofisticado: una computadora que puede ser personalizada con un alto grado de precisión. Pronto se enamora de su sistema operativo, el primero equipado con inteligencia artificial.

La asistente personal de Theodore se llama Samantha (Scarlett Johansson), una voz virtual cuyas interacciones con su usuario pasan de ofrecer recordatorios a establecer una relación cada vez más íntima, en la que Samantha es capaz de anticipar las acciones y hasta pensamientos de Theodore. Con el alto grado de perfeccionamiento que este software presenta, Samantha se escucha impresionantemente real, con matices y profundidad en su voz. Tras ésta, Scarlett Johansson adopta tonos seductores, comprensivos y familiares que pronto encantan a Theodore, inmerso así en una ilusión romántica no muy lejana del amor platónico o de las primeras fases del amor “de carne y hueso”.

Una de las singularidades de Samantha es el tipo de preguntas que le hace a Theodore, mismas que tal vez ningún humano le ha preguntado antes, y que él nunca se atrevería a preguntarle a la almohada: “¿cómo compartes tu vida con alguien?”, “¿cómo se siente estar vivo?”. Tan excéntrica y hasta absurda como la premisa de esta interacción máquina-humano pueda sonar, se trata de uno de los temas más explorados por la ciencia ficción. Pero ésta es sólo una arista de la historia que en manos de Jonze, está cargada de un enorme componente emocional y dramático.

Her explora sobre todo las posibilidades, alcances y límites del amor no convencional, y del amor idealizado frente al cuerpo prescindible, a la par de ser un comentario pertinente sobre las relaciones interpersonales en la era de la híperconectividad. Dirigido por Jonze, Joaquín Phoenix logra una de las interpretaciones más sobrias de su carrera dando vida al tímido Theodore, cuya inhibición y ansiedad social serán opacadas por la progresiva iluminación que le supone su enamoramiento. “Nunca había trabajado con alguien que posea ese brillante equilibrio entre el sentimiento emocional y la gracia técnica”, ha asegurado recientemente Phoenix sobre su experiencia en el set de filmación con Spike Jonze.

El genio de este director es lograr que no pocos se sientan identificados con Theodore en esos momentos donde aparece arrobado de amor mientras el resto del mundo continúa en su rutina, azorado por la extrañeza de su relación. Por la parte de Samantha, resulta interesante cómo Jonze representa visualmente la ausencia (nunca vemos a Scarlett Johansson, sólo la escuchamos): con metáforas sobrias y sobre todo, su indudable existencia proyectada en casi todo momento sobre el rostro de Theodore.

Como en sus previos largometrajes, Jonze ha trabajado con K.K. Barrett (sus créditos también incluyen Marie Antoinette, I Heart Huckabees, Lost in Translation, Human Nature y The Work of Director Michel Gondry) en el diseño de producción, favoreciendo colores cálidos –el espectro del magenta sigue a Theodore– e interiores más cercanos al Art Decó y el modernismo, que a diseños contemporáneos o futuristas.

Her fue filmada en Los Ángeles y Shanghai, dos ciudades con ritmos de crecimiento acelerados y cuya planificación urbana para el futuro no puede escapar de una estética homogeneizante, erigiéndose verticalmente en eco-rascacielos antisépticos ya anticipados en la distopía I, Robot (Alex Proyas, 2004), y que desde ya podemos encontrar en arquitecturas contemporáneas, incluso en ciudades periféricas. La decisión de filmar en estos sitios no es casual: en la gran urbe, el personaje deprimido y solitario es incluso más pequeño y más propenso a perderse entre la densidad multitudinaria de otros solitarios como él.

Mirar hacia las ventanas de nuestros dispositivos electrónicos y mirar hacia las alturas, son otro par de directrices de un futuro en el que ya hemos entrado, parece apuntar geométricamente el director. En primer lugar una historia de amor, pero también mucho más que eso, la nueva película de Spike Jonze se presta para un abanico de interpretaciones que indudablemente la enriquecerán, y lo confirmarán como uno de los directores de cine de autor más vigentes y cuya voz se antoja cada vez más resonante.

Cortometrajes
Las preocupaciones autorales de Spike Jonze han tenido mejor acogida en proyectos de corta duración y menor presupuesto que el requerido por sus largometrajes. Más relajado en este formato, el director californiano ha logrado dotar de hondura no sólo a personajes inanimados, sino a estrellas del pop frecuentemente representadas por los medios tan o más parcas que un personaje de caricaturas.

En We Were Once A Fairytale (2009), Jonze logra registros sorprendentes por parte del rappero y actor Kanye West, quien interpreta a un ebrio que en el pozo de la existencia, su dolor comienza a tener, literalmente, una forma y un color inesperados. El dolor se torna belleza en el único lugar donde los personajes solitarios se sienten como en casa: las creaciones de su director.

Pero la vena de este director no es únicamente dramática. Como un skater consumado, sus aventuras callejeras y humor adolescente también han figurado en su filmografía. Torrance Rises (1999) es un documental paródico (“mockumentary”) protagonizado por el mismo Jonze y sus aliados de entonces: Sofia y Roman Coppola, y realizado en el mismo periodo en que el director colaboró con el programa de televisión (después llevado al cine) Jackass.

Sin el humor juvenil, Jonze rodó el documental Tell Them Anything You Want: A Portrait of Maurice Sendak (2009), sobre el dibujante de temáticas “infantiles” y creador de Where The Wild Things Are, la historia homónima en la que se adaptó el filme. En todo momento Jonze aborda el documental con una simpatía evidente. Imposible no notar la similitud entre biografías y visión de la vida que comparten ambos creadores.





Oct 17, 2013

The Secret Life of Walter Mitty

The Secret Life of Walter Mitty

Uno de los comediantes más populares del cine actual, el sello de Ben Stiller ha sido cultivar por cerca de 30 años un humor aparentemente simple en sus facetas como actor, director y guionista. Sin pretensiones de comentarios filosos o sofisticados, Stiller en realidad siempre ha tenido un propósito mucho más complejo y relevante, por el que no siempre se le da crédito: cuestiona las nociones y los estereotipos de género, específicamente la masculinidad de los hombres en el ámbito afectivo y laboral: novios seductores, maridos proveedores o machos exitosos, ya sea interpretándolos con hipérbole o a sus opuestos: personajes que casi por regla general pueden ser caracterizados como perdedores y desvalidos.

Con el mismo tono de sus contemporáneos Owen Wilson, Steve Carell, Janeane Garofalo o Jack Black, el humor de Stiller abona a una empresa cada vez más frecuente y necesaria por desmontar las masculinidades de nuestra actualidad, que se nota no sólo en el cine, sino también en la televisión, y a través de diversos géneros. Lo de Stiller es un humor paródico capaz de burlarse de sí mismo ante la adversidad que significa la vida cotidiana; adopta casi siempre el papel de un sujeto cualquiera, obtuso, tímido y/o inepto que se complica innecesariamente en situaciones embarazosas (Hay algo acerca de Mary, Meet The Fockers…), hasta el macho exagerado que destila testosterona (Dodgeball: A True Underdog Story, Mystery Men…).

El estilo de Stiller es ligero y afable, y aunque no exento de obscenidades, está más cercano a los enredos de Peter Sellers que al tratamiento cáustico de Todd Solondz o la neurosis de Charlie Kaufman, por lo que resulta fácil sentir simpatía por sus personajes, e incluso identificarse con ellos. La vida secreta de Walter Mitty se antoja como la síntesis de todos los personajes que han hecho famoso a Stiller, fungiendo como protagonista y director.

Walter, el soñador
La historia versa sobre un oficinista que trabaja en la revista LIFE, corrigiendo pruebas fotográficas. Propenso a soñar despierto para compensar así su carácter poco asertivo y el tedio de su rutina, Walter Mitty se enfrenta a la posibilidad de perder su trabajo después de un cambio súbito en la jefatura de la publicación, que transita de impresa a digital, y el advenimiento de un nuevo jefe con la misión de despedir a gran parte del personal. Aunado a eso, Walter ha perdido el negativo de la que sería la última portada impresa. Intentando conservar el empleo, se enrola en un viaje por el mundo para buscar el negativo.

Confluyen así la exuberancia de sus sueños y de los lugares remotos que visita, en una transición de tímida pasividad a la gradual realización de sus sueños, entre ellos: enamorar a la chica que le gusta y lograr éxito en su profesión. Basada en un relato corto del estadounidense James Thurber, y de los más conocidos en ese país, este simpático personaje ya ha sido adaptado con anterioridad al cine, en una película de 1947 dirigida por Norman Z. McLeod. En la versión más reciente, adaptada al contexto actual, el guionista Steven Conrad enfatiza el carácter soñador pero también melancólico de un hombre con dificultades para reconciliar sus anhelos con su realidad, aprovechando que Ben Stiller tiene un enorme talento y experiencia para proveer de sutiles matices a los hombres en ese estado de queda desesperación.

Acompañan a Stiller Kristen Wiig como la colega de la que Walter está enamorado, y quien tiene su propia dosis de anhelos y desencantos. Sean Penn es el fotógrafo estrella de la revista, Shirley Maclaine interpreta a la madre de Walter y Adam Scott al temido jefe.

El imaginario que Stiller ha logrado para Walter Mitty recuerda inmediatamente a la excentricidad onírica de Michel Gondry y la nostalgia de Wes Anderson. Las tomas contrapicado muestran la sincronicidad con la que transcurre un día en la vida de Walter, y los planos generales la magnitud de los edificios en los que entra y sale, casi minúsculo junto a ellos. También dimensionan la soledad del personaje. La rutina tiene un color blanco/gris gélido, y la oficina está decorada con colores neutros, intervenidos cuando la mente de Walter fantasea en  colores intensos y vívidos, como los lugares que visita. También son colores simbólicos: Walter se viste de rojo y viaja en un coche rojo tan pronto comienza a vivir la vida que quiere y no la que debe.

Como los colores, las locaciones expresan metafóricamente los estados de ánimo y los anhelos de este soñador. La exuberante fotografía de Stuart Dryburgh (El piano, El diario de Bridget Jones, Aeon Flux, El retrato de una dama…) captura los contrastes de lugares como Alaska o Afganistán, pasando por Islandia y los Himalayas. Para rehacer los interiores de la redacción de la revista LIFE, se ha contado con el experto Jeff Mann, quien diseñó los sets de Mad Men. La oficina es un espacio sobrio y simétrico, con un orden calculado donde contrastan las fotografías de personajes únicos de la historia del siglo XX como Kennedy o Lennon, colgadas en el pasillo principal y que inspiran a Walter a llevar una vida menos anodina.

A esta visualidad vívida se suma una banda sonora que expande y enfatiza la personalidad y las experiencias del solitario Walter: el indie sinfónico de Arcade Fire, José González, Of Monsters And Men y St. Vincent acompañan la musicalización de Theodore Shapiro, quien ya ha trabajado con Stiller.

La vida secreta de Walter Mitty se encuentra en un punto entre el drama y la comedia; con algunos momentos de humor característico, se trata de una de las películas más sobrias en la carrera de Ben Stiller como director, y no sorprendería que la dulzura y tristeza del protagonista y su tratamiento visual-sonoro tan cuidado la conviertan en una de las favoritas para los premios de la Academia.


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Compañeras de proyección
Algunas películas a las que recuerda tanto la trama como el personaje de Walter Mitty, son La ciencia del sueño, de Michel Gondry, y casi toda la filmografía de Wes Anderson, poblada de excéntricos soñadores que recurren a su talento y fantasías para apartarse o hacer menos gris su cotidianidad.

En La ciencia del sueño, Gael García Bernal interpreta a un oficinista con una imaginación muy activa, donde ocurren aventuras y romances mucho más interesantes que lo que puede ofrecer la vida real, hasta que ambos mundos chocan. Michel Gondry logró proyectar las fantasías de su personaje con un entrañable diseño visual que ha hecho de esta película, y de la filmografía completa de Gondry, clásicos contemporáneos.

Es difícil pensar en alguien tan meticuloso como Wes Anderson para sus diseños cinematográficos. En su más reciente película, Moonrise Kingdom, hasta el más mínimo detalle cuenta bastante del personaje o la situación que se presenta en pantalla o que se evoca. Anderson filma con un tono nostálgico y celebratorio del pasado, mas no sentimentaloide, y con un enorme afecto por sus personajes “raros” y solitarios, gradualmente equipándolos con suficiente voluntad y autonomía hasta alcanzar conclusiones satisfactorias.




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