Desde las insólitas Being
John Malkovich y Adaptation,
pasando por la preciosista Where The Wild
Things Are, hasta el sci-fi romántico de Her –meramente promocionada como “una historia de amor”–, los
largometrajes de Spike Jonze se cuentan con una mano, pero indudablemente que
han pasado al imaginario colectivo como parte de ese cine de fin de milenio
caraterizado por temáticas íntimamente personales con una correspondencia
visual excéntrica y exuberante, por decir lo menos.
Se podría pensar en una generación conformada por Jonze, Wes
Anderson, Michel Gondry, Ben Stiller y hasta el Tim Burton menos gótico (Big Fish), fascinada por las inagotables
posibilidades de la imaginería surrealista, y que ha logrado narrativas
visuales con claros rasgos autorales. En Her,
con un guión escrito en su totalidad por él, Jonze desarrolla un tema
parcialmente explorado en su cortometraje I’m
Here (2010), una historia de amor protagonizada por dos robots, donde
reflexiona sobre temas como la pérdida, el sacrificio y la soledad.
Her es
protagonizada por Joaquín Phoenix, en el papel de Theodore Twombly, un escritor
melancólico y solitario –acaba de pasar por un doloroso divorcio–, que trabaja
redactando tarjetas de felicitación personalizadas en un sitio web. La puesta
en escena ocurre en una megalópolis y un futuro no muy distante. La depresión
de Theodore lo lleva a hacerse de un artilugio sofisticado: una computadora que
puede ser personalizada con un alto grado de precisión. Pronto se enamora de su
sistema operativo, el primero equipado con inteligencia artificial.
La asistente personal de Theodore se llama Samantha (Scarlett
Johansson), una voz virtual cuyas interacciones con su usuario pasan de ofrecer
recordatorios a establecer una relación cada vez más íntima, en la que Samantha
es capaz de anticipar las acciones y hasta pensamientos de Theodore. Con el
alto grado de perfeccionamiento que este software presenta, Samantha se escucha
impresionantemente real, con matices y profundidad en su voz. Tras ésta,
Scarlett Johansson adopta tonos seductores, comprensivos y familiares que
pronto encantan a Theodore, inmerso así en una ilusión romántica no muy lejana
del amor platónico o de las primeras fases del amor “de carne y hueso”.
Una de las singularidades de Samantha es el tipo de preguntas
que le hace a Theodore, mismas que tal vez ningún humano le ha preguntado
antes, y que él nunca se atrevería a preguntarle a la almohada: “¿cómo
compartes tu vida con alguien?”, “¿cómo se siente estar vivo?”. Tan excéntrica
y hasta absurda como la premisa de esta interacción máquina-humano pueda sonar,
se trata de uno de los temas más explorados por la ciencia ficción. Pero ésta
es sólo una arista de la historia que en manos de Jonze, está cargada de un
enorme componente emocional y dramático.
Her explora sobre
todo las posibilidades, alcances y límites del amor no convencional, y del amor
idealizado frente al cuerpo prescindible, a la par de ser un comentario
pertinente sobre las relaciones interpersonales en la era de la
híperconectividad. Dirigido por Jonze, Joaquín Phoenix logra una de las
interpretaciones más sobrias de su carrera dando vida al tímido Theodore, cuya
inhibición y ansiedad social serán opacadas por la progresiva iluminación que
le supone su enamoramiento. “Nunca había trabajado con alguien que posea ese
brillante equilibrio entre el sentimiento emocional y la gracia técnica”, ha
asegurado recientemente Phoenix sobre su experiencia en el set de filmación con
Spike Jonze.
El genio de este director es lograr que no pocos se sientan
identificados con Theodore en esos momentos donde aparece arrobado de amor
mientras el resto del mundo continúa en su rutina, azorado por la extrañeza de
su relación. Por la parte de Samantha, resulta interesante cómo Jonze representa
visualmente la ausencia (nunca vemos a Scarlett Johansson, sólo la escuchamos):
con metáforas sobrias y sobre todo, su indudable existencia proyectada en casi
todo momento sobre el rostro de Theodore.
Como en sus previos largometrajes, Jonze ha trabajado con
K.K. Barrett (sus créditos también incluyen Marie Antoinette, I Heart Huckabees,
Lost in Translation, Human Nature y The Work of Director Michel Gondry) en el
diseño de producción, favoreciendo colores cálidos –el espectro del magenta
sigue a Theodore– e interiores más cercanos al Art Decó y el modernismo, que a
diseños contemporáneos o futuristas.
Her fue filmada en
Los Ángeles y Shanghai, dos ciudades con ritmos de crecimiento acelerados y
cuya planificación urbana para el futuro no puede escapar de una estética homogeneizante,
erigiéndose verticalmente en eco-rascacielos antisépticos ya anticipados en la
distopía I, Robot (Alex Proyas, 2004),
y que desde ya podemos encontrar en arquitecturas contemporáneas, incluso en
ciudades periféricas. La decisión de filmar en estos sitios no es casual: en la
gran urbe, el personaje deprimido y solitario es incluso más pequeño y más
propenso a perderse entre la densidad multitudinaria de otros solitarios como
él.
Mirar hacia las ventanas de nuestros dispositivos
electrónicos y mirar hacia las alturas, son otro par de directrices de un
futuro en el que ya hemos entrado, parece apuntar geométricamente el director.
En primer lugar una historia de amor, pero también mucho más que eso, la nueva
película de Spike Jonze se presta para un abanico de interpretaciones que
indudablemente la enriquecerán, y lo confirmarán como uno de los directores de
cine de autor más vigentes y cuya voz se antoja cada vez más resonante.
Cortometrajes
Las preocupaciones autorales de Spike Jonze han tenido mejor
acogida en proyectos de corta duración y menor presupuesto que el requerido por
sus largometrajes. Más relajado en este formato, el director californiano ha
logrado dotar de hondura no sólo a personajes inanimados, sino a estrellas del
pop frecuentemente representadas por los medios tan o más parcas que un
personaje de caricaturas.
En We Were Once A
Fairytale (2009), Jonze logra registros sorprendentes por parte del rappero
y actor Kanye West, quien interpreta a un ebrio que en el pozo de la
existencia, su dolor comienza a tener, literalmente, una forma y un color
inesperados. El dolor se torna belleza en el único lugar donde los personajes
solitarios se sienten como en casa: las creaciones de su director.
Pero la vena de este director no es únicamente dramática. Como
un skater consumado, sus aventuras
callejeras y humor adolescente también han figurado en su filmografía. Torrance Rises (1999) es un documental
paródico (“mockumentary”) protagonizado por el mismo Jonze y sus aliados de
entonces: Sofia y Roman Coppola, y realizado en el mismo periodo en que el
director colaboró con el programa de televisión (después llevado al cine)
Jackass.
Sin el humor juvenil, Jonze rodó el documental Tell Them Anything You Want: A Portrait of
Maurice Sendak (2009), sobre el
dibujante de temáticas “infantiles” y creador de Where The Wild Things Are, la historia homónima en la que se adaptó
el filme. En todo momento Jonze aborda el documental con una simpatía evidente.
Imposible no notar la similitud entre biografías y visión de la vida que
comparten ambos creadores.
No comments:
Post a Comment