The Secret Life of Walter Mitty
Uno de los comediantes más populares del cine actual, el
sello de Ben Stiller ha sido cultivar por cerca de 30 años un humor aparentemente
simple en sus facetas como actor, director y guionista. Sin pretensiones de comentarios
filosos o sofisticados, Stiller en realidad siempre ha tenido un propósito
mucho más complejo y relevante, por el que no siempre se le da crédito: cuestiona
las nociones y los estereotipos de género, específicamente la masculinidad de
los hombres en el ámbito afectivo y laboral: novios seductores, maridos
proveedores o machos exitosos, ya sea interpretándolos con hipérbole o a sus
opuestos: personajes que casi por regla general pueden ser caracterizados como
perdedores y desvalidos.
Con el mismo tono de sus contemporáneos Owen Wilson, Steve Carell,
Janeane Garofalo o Jack Black, el humor de Stiller abona a una empresa cada vez
más frecuente y necesaria por desmontar las masculinidades de nuestra
actualidad, que se nota no sólo en el cine, sino también en la televisión, y a
través de diversos géneros. Lo de Stiller es un humor paródico capaz de burlarse
de sí mismo ante la adversidad que significa la vida cotidiana; adopta casi
siempre el papel de un sujeto cualquiera, obtuso, tímido y/o inepto que se
complica innecesariamente en situaciones embarazosas (Hay algo acerca de Mary,
Meet The Fockers…), hasta el macho exagerado que destila testosterona
(Dodgeball: A True Underdog Story, Mystery Men…).
El estilo de Stiller es ligero y afable, y aunque no exento
de obscenidades, está más cercano a los enredos de Peter Sellers que al
tratamiento cáustico de Todd Solondz o la neurosis de Charlie Kaufman, por lo
que resulta fácil sentir simpatía por sus personajes, e incluso identificarse
con ellos. La vida secreta de Walter Mitty se antoja como la síntesis de todos
los personajes que han hecho famoso a Stiller, fungiendo como protagonista y
director.
Walter, el soñador
La historia versa sobre un oficinista que trabaja en la
revista LIFE, corrigiendo pruebas fotográficas. Propenso a soñar despierto para
compensar así su carácter poco asertivo y el tedio de su rutina, Walter Mitty
se enfrenta a la posibilidad de perder su trabajo después de un cambio súbito
en la jefatura de la publicación, que transita de impresa a digital, y el
advenimiento de un nuevo jefe con la misión de despedir a gran parte del
personal. Aunado a eso, Walter ha perdido el negativo de la que sería la última
portada impresa. Intentando conservar el empleo, se enrola en un viaje por el
mundo para buscar el negativo.
Confluyen así la exuberancia de sus sueños y de los lugares
remotos que visita, en una transición de tímida pasividad a la gradual
realización de sus sueños, entre ellos: enamorar a la chica que le gusta y
lograr éxito en su profesión. Basada en un relato corto del estadounidense
James Thurber, y de los más conocidos en ese país, este simpático personaje ya
ha sido adaptado con anterioridad al cine, en una película de 1947 dirigida por
Norman Z. McLeod. En la versión más reciente, adaptada al contexto actual, el
guionista Steven Conrad enfatiza el carácter soñador pero también melancólico
de un hombre con dificultades para reconciliar sus anhelos con su realidad,
aprovechando que Ben Stiller tiene un enorme talento y experiencia para proveer
de sutiles matices a los hombres en ese estado de queda desesperación.
Acompañan a Stiller Kristen Wiig como la colega de la que
Walter está enamorado, y quien tiene su propia dosis de anhelos y desencantos.
Sean Penn es el fotógrafo estrella de la revista, Shirley Maclaine interpreta a
la madre de Walter y Adam Scott al temido jefe.
El imaginario que Stiller ha logrado para Walter Mitty
recuerda inmediatamente a la excentricidad onírica de Michel Gondry y la
nostalgia de Wes Anderson. Las tomas contrapicado muestran la sincronicidad con
la que transcurre un día en la vida de Walter, y los planos generales la
magnitud de los edificios en los que entra y sale, casi minúsculo junto a
ellos. También dimensionan la soledad del personaje. La rutina tiene un color
blanco/gris gélido, y la oficina está decorada con colores neutros,
intervenidos cuando la mente de Walter fantasea en colores intensos y vívidos, como los lugares
que visita. También son colores simbólicos: Walter se viste de rojo y viaja en un
coche rojo tan pronto comienza a vivir la vida que quiere y no la que debe.
Como los colores, las locaciones expresan metafóricamente los
estados de ánimo y los anhelos de este soñador. La exuberante fotografía de
Stuart Dryburgh (El piano, El diario de Bridget Jones, Aeon Flux, El retrato de
una dama…) captura los contrastes de lugares como Alaska o Afganistán, pasando
por Islandia y los Himalayas. Para rehacer los interiores de la redacción de la
revista LIFE, se ha contado con el experto Jeff Mann, quien diseñó los sets de
Mad Men. La oficina es un espacio sobrio y simétrico, con un orden calculado
donde contrastan las fotografías de personajes únicos de la historia del siglo
XX como Kennedy o Lennon, colgadas en el pasillo principal y que inspiran a Walter
a llevar una vida menos anodina.
A esta visualidad vívida se suma una banda sonora que expande
y enfatiza la personalidad y las experiencias del solitario Walter: el indie
sinfónico de Arcade Fire, José González, Of Monsters And Men y St. Vincent acompañan
la musicalización de Theodore Shapiro, quien ya ha trabajado con Stiller.
La vida secreta de Walter Mitty se encuentra en un punto
entre el drama y la comedia; con algunos momentos de humor característico, se
trata de una de las películas más sobrias en la carrera de Ben Stiller como
director, y no sorprendería que la dulzura y tristeza del protagonista y su
tratamiento visual-sonoro tan cuidado la conviertan en una de las favoritas
para los premios de la Academia.
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Compañeras de
proyección
Algunas películas a las que recuerda tanto la trama como el
personaje de Walter Mitty, son La ciencia del sueño, de Michel Gondry, y casi
toda la filmografía de Wes Anderson, poblada de excéntricos soñadores que
recurren a su talento y fantasías para apartarse o hacer menos gris su
cotidianidad.
En La ciencia del sueño, Gael García Bernal interpreta a un
oficinista con una imaginación muy activa, donde ocurren aventuras y romances
mucho más interesantes que lo que puede ofrecer la vida real, hasta que ambos
mundos chocan. Michel Gondry logró proyectar las fantasías de su personaje con
un entrañable diseño visual que ha hecho de esta película, y de la filmografía
completa de Gondry, clásicos contemporáneos.
Es difícil pensar en alguien tan meticuloso como Wes Anderson
para sus diseños cinematográficos. En su más reciente película, Moonrise
Kingdom, hasta el más mínimo detalle cuenta bastante del personaje o la
situación que se presenta en pantalla o que se evoca. Anderson filma con un
tono nostálgico y celebratorio del pasado, mas no sentimentaloide, y con un
enorme afecto por sus personajes “raros” y solitarios, gradualmente
equipándolos con suficiente voluntad y autonomía hasta alcanzar conclusiones
satisfactorias.