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Oct 17, 2013

The Secret Life of Walter Mitty

The Secret Life of Walter Mitty

Uno de los comediantes más populares del cine actual, el sello de Ben Stiller ha sido cultivar por cerca de 30 años un humor aparentemente simple en sus facetas como actor, director y guionista. Sin pretensiones de comentarios filosos o sofisticados, Stiller en realidad siempre ha tenido un propósito mucho más complejo y relevante, por el que no siempre se le da crédito: cuestiona las nociones y los estereotipos de género, específicamente la masculinidad de los hombres en el ámbito afectivo y laboral: novios seductores, maridos proveedores o machos exitosos, ya sea interpretándolos con hipérbole o a sus opuestos: personajes que casi por regla general pueden ser caracterizados como perdedores y desvalidos.

Con el mismo tono de sus contemporáneos Owen Wilson, Steve Carell, Janeane Garofalo o Jack Black, el humor de Stiller abona a una empresa cada vez más frecuente y necesaria por desmontar las masculinidades de nuestra actualidad, que se nota no sólo en el cine, sino también en la televisión, y a través de diversos géneros. Lo de Stiller es un humor paródico capaz de burlarse de sí mismo ante la adversidad que significa la vida cotidiana; adopta casi siempre el papel de un sujeto cualquiera, obtuso, tímido y/o inepto que se complica innecesariamente en situaciones embarazosas (Hay algo acerca de Mary, Meet The Fockers…), hasta el macho exagerado que destila testosterona (Dodgeball: A True Underdog Story, Mystery Men…).

El estilo de Stiller es ligero y afable, y aunque no exento de obscenidades, está más cercano a los enredos de Peter Sellers que al tratamiento cáustico de Todd Solondz o la neurosis de Charlie Kaufman, por lo que resulta fácil sentir simpatía por sus personajes, e incluso identificarse con ellos. La vida secreta de Walter Mitty se antoja como la síntesis de todos los personajes que han hecho famoso a Stiller, fungiendo como protagonista y director.

Walter, el soñador
La historia versa sobre un oficinista que trabaja en la revista LIFE, corrigiendo pruebas fotográficas. Propenso a soñar despierto para compensar así su carácter poco asertivo y el tedio de su rutina, Walter Mitty se enfrenta a la posibilidad de perder su trabajo después de un cambio súbito en la jefatura de la publicación, que transita de impresa a digital, y el advenimiento de un nuevo jefe con la misión de despedir a gran parte del personal. Aunado a eso, Walter ha perdido el negativo de la que sería la última portada impresa. Intentando conservar el empleo, se enrola en un viaje por el mundo para buscar el negativo.

Confluyen así la exuberancia de sus sueños y de los lugares remotos que visita, en una transición de tímida pasividad a la gradual realización de sus sueños, entre ellos: enamorar a la chica que le gusta y lograr éxito en su profesión. Basada en un relato corto del estadounidense James Thurber, y de los más conocidos en ese país, este simpático personaje ya ha sido adaptado con anterioridad al cine, en una película de 1947 dirigida por Norman Z. McLeod. En la versión más reciente, adaptada al contexto actual, el guionista Steven Conrad enfatiza el carácter soñador pero también melancólico de un hombre con dificultades para reconciliar sus anhelos con su realidad, aprovechando que Ben Stiller tiene un enorme talento y experiencia para proveer de sutiles matices a los hombres en ese estado de queda desesperación.

Acompañan a Stiller Kristen Wiig como la colega de la que Walter está enamorado, y quien tiene su propia dosis de anhelos y desencantos. Sean Penn es el fotógrafo estrella de la revista, Shirley Maclaine interpreta a la madre de Walter y Adam Scott al temido jefe.

El imaginario que Stiller ha logrado para Walter Mitty recuerda inmediatamente a la excentricidad onírica de Michel Gondry y la nostalgia de Wes Anderson. Las tomas contrapicado muestran la sincronicidad con la que transcurre un día en la vida de Walter, y los planos generales la magnitud de los edificios en los que entra y sale, casi minúsculo junto a ellos. También dimensionan la soledad del personaje. La rutina tiene un color blanco/gris gélido, y la oficina está decorada con colores neutros, intervenidos cuando la mente de Walter fantasea en  colores intensos y vívidos, como los lugares que visita. También son colores simbólicos: Walter se viste de rojo y viaja en un coche rojo tan pronto comienza a vivir la vida que quiere y no la que debe.

Como los colores, las locaciones expresan metafóricamente los estados de ánimo y los anhelos de este soñador. La exuberante fotografía de Stuart Dryburgh (El piano, El diario de Bridget Jones, Aeon Flux, El retrato de una dama…) captura los contrastes de lugares como Alaska o Afganistán, pasando por Islandia y los Himalayas. Para rehacer los interiores de la redacción de la revista LIFE, se ha contado con el experto Jeff Mann, quien diseñó los sets de Mad Men. La oficina es un espacio sobrio y simétrico, con un orden calculado donde contrastan las fotografías de personajes únicos de la historia del siglo XX como Kennedy o Lennon, colgadas en el pasillo principal y que inspiran a Walter a llevar una vida menos anodina.

A esta visualidad vívida se suma una banda sonora que expande y enfatiza la personalidad y las experiencias del solitario Walter: el indie sinfónico de Arcade Fire, José González, Of Monsters And Men y St. Vincent acompañan la musicalización de Theodore Shapiro, quien ya ha trabajado con Stiller.

La vida secreta de Walter Mitty se encuentra en un punto entre el drama y la comedia; con algunos momentos de humor característico, se trata de una de las películas más sobrias en la carrera de Ben Stiller como director, y no sorprendería que la dulzura y tristeza del protagonista y su tratamiento visual-sonoro tan cuidado la conviertan en una de las favoritas para los premios de la Academia.


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Compañeras de proyección
Algunas películas a las que recuerda tanto la trama como el personaje de Walter Mitty, son La ciencia del sueño, de Michel Gondry, y casi toda la filmografía de Wes Anderson, poblada de excéntricos soñadores que recurren a su talento y fantasías para apartarse o hacer menos gris su cotidianidad.

En La ciencia del sueño, Gael García Bernal interpreta a un oficinista con una imaginación muy activa, donde ocurren aventuras y romances mucho más interesantes que lo que puede ofrecer la vida real, hasta que ambos mundos chocan. Michel Gondry logró proyectar las fantasías de su personaje con un entrañable diseño visual que ha hecho de esta película, y de la filmografía completa de Gondry, clásicos contemporáneos.

Es difícil pensar en alguien tan meticuloso como Wes Anderson para sus diseños cinematográficos. En su más reciente película, Moonrise Kingdom, hasta el más mínimo detalle cuenta bastante del personaje o la situación que se presenta en pantalla o que se evoca. Anderson filma con un tono nostálgico y celebratorio del pasado, mas no sentimentaloide, y con un enorme afecto por sus personajes “raros” y solitarios, gradualmente equipándolos con suficiente voluntad y autonomía hasta alcanzar conclusiones satisfactorias.




Thor: The Dark World

Thor: The Dark World

Thor, el clásico de Marvel Comics publicado originalmente en 1963, y recientemente llevado al cine en Thor (Kenneth Branagh, 2011), Los Vengadores (Joss Weddon, 2012) y su secuela que se estrena este mes, The Dark World de Alan Taylor, se inscribe dentro de esa exitosa tendencia de adaptaciones del cómic al cine, siendo las historias y personajes de Marvel y DC franquicias que por su solo nombre aseguran una sustancial entrada de taquilla, pero que en años recientes han sido repensados para el contexto actual y/o en términos de una mayor elaboración de los personajes.

Las adaptaciones que Christopher Nolan hizo de Batman, o el reciente Superman de Zack Snyder, confirman un desarrollo más a fondo y actual de los personajes, súper héroes que otrora salvaban al planeta de enemigos fácilmente asociados a los contextos políticos de las historias originales. Aunque menos politizados que los héroes de DC, los de Marvel han resultado éxitos rotundos con Iron Man (2008), El increíble Hulk (2008), Capitán América (2011) o Los Vengadores (2012), donde la forma cinematográfica resulta fascinante no sólo por el aprovechamiento de las tecnologías digitales desarrolladas específicamente para cada película, sino porque esta tendencia deja ver un ánimo de competencia muy provechoso para el cine.

Thor, basada en el guerrero de la mitología nórdica, coincide, además, con un renovado interés por el universo nórdico, que se ha expresado sobre todo en la producción de series televisivas de impecable manufactura, como Vikingos (History Channel, 2013) y Game of Thrones (HBO, 2011). Esta última, que ha sido denominada “Los Soprano de la época medieval” en alusión a las tramas y personajes trabajados con hondura en la famosa serie sobre la mafia de Nueva Jersey liderada por Tony Soprano (HBO, 1999), tiene especial importancia para Thor: The Dark World, dada la experiencia de Alan Taylor como director y productor ejecutivo de la serie.

Podemos esperar un rumbo distinto para Thor bajo la dirección de Taylor, respecto de sus antecesoras Thor de 2011 y Los Vengadores de 2012. Taylor es un cineasta joven más versado en la televisión, pero con una mirada que pone el énfasis en la forma cinematográfica, a diferencia de la película filmada por Kenneth Brannagh, más centrada en el drama humano y un uso modesto de los efectos especiales.

En esta tercera parte de la historia, filmada en Inglaterra e Islandia. Thor, el príncipe de Asgard, lucha por salvar los mundos conocidos como los Nueve reinos, en donde enfrentará ya no sólo a su archienemigo y hermano adoptivo Loki (Tom Hiddleston), sino al siniestro Malekith el Maldito, el rey de los Elfos Oscuros, interpretado por un espeluznante Christopher Eccelston (Doctor Who), cuyo maquillaje recuerda a los seres horripilantes del mundo de J.R.R. Tolkien filmados por Peter Jackson, o incluso a los seres creados por Guillermo del Toro en El laberinto del fauno.

El objetivo de Malekith es regresar al universo a su estado de oscuridad total, en la que nació. Lo acompaña la clase de ser que nunca quieres encontrarte a la vuelta de la esquina: Algrim-Kurse, interpretado por Adewale Akinnuoye-Agbaje (el mercenario-cura de la serie Lost), es un elfo oscuro y la mano derecha de Malekith. Algrim se transforma en un enorme monstruo con forma de toro que expulsa lava. Adewale es un expresivo actor, ideal para un personaje tan inquietante como Algrim.

Alan Taylor ha asegurado la continuidad del drama que se observa en el protagonista y sus más cercanos, donde la batalla del dios del trueno tendrá su clímax en lo que se espera como una pérdida irreparable para él. Esta tercera parte de Thor fue escrita por Don Payne y Robert Rodat, y está basada en el guión original para el cómic, escrito por Walt Simonson, quien introdujo al súper villano Malekith. Acompaña al australiano Chris Hemsworth un reparto notable: Anthony Hopkins como el padre, Natalie Portman como su objeto de deseo, Idris Elba como Heimdall, Benicio del Toro como El colector, y el omnipresente en toda producción con motivos nórdicos Stellan Skarsgard, como Dr. Erik Selvig, entre otros.

Los villanos principales corren el riesgo de robar protagonismo al guerrero y sus leales, no sólo por la solvente actuación de Hiddleston y Eccelston, sino porque se trata de personajes cuyos dilemas les añaden más dimensiones que las nobles y rectas de Thor. Este sería el caso de Loki, acaso el personaje más complicado e interesante de la historia, siempre tambaleante entre la redención y el mal total, acaso por la conflictuada relación con su hermano, en la que la rivalidad y el resentimiento bien podrían ser las motivaciones que lo impulsan.

El inglés Tom Hiddleston fue invitado a colaborar en Thor por Kenneth Branagh, con quien trabajó en la serie Wallander y otras producciones televisivas de primer orden en el Reino Unido. La nómina de actores internacionales es un acierto de Marvel, y un plus que no siempre tienen las películas de súper héroes. Si Alan Taylor logra conciliar el talento de sus actores con una cinematografía visualmente ambiciosa y un ritmo ad hoc, Thor continuará abriendo el camino para secuelas y más mega-producciones de súper héroes, dignificando al género. 

EXTRA:
LOCACIONES COMO DE OTRO MUNDO
Alan Taylor escogió Inglaterra e Islandia como las locaciones adecuadas para filmar Thor, por lo que la historia tiene un aspecto más vikingo que futurista.
ISLANDIA
Las locaciones más impresionantes de la película son, sin duda, las islandesas. La cascada Dettifoss, en el noreste del país, es la más grande del mundo. Esas aguas que caen al abismo simulan una gran cascada del imaginario reino de Asgard.
Asimismo, la geología única de ese lugar, llena de volcanes majestuosos, fue locación idónea para filmar Svartalfheim, el hogar de los Elfos Oscuros, ubicado en algún punto entre los Nueve reinos.
STONEHENGE Y BOURNE WOODS INGLATERRA
El mítico Stonehenge, patrimonio de la humanidad, es otra de las locaciones donde se filmó Thor. El sitio resultó ser todo un desafío para la producción, que se encontró con muchas restricciones para filmar en este monumento histórico.
Además de Stonehenge, gran parte de Thor se filmó en Bourne Woods, Surrey, al sur de Inglaterra. A contrario de Stonehenge, Bourne Woods ofrece muchas facilidades de filmación y es una localidad donde se han filmado otras historias épicas como Gladiador, Robin Hood o Harry Potter And The Half-Blood Prince.


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