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Jul 11, 2014

Sin City: una dama por la que matar (Frank Miller, Robert Rodriguez, 2014)

Sin City: una dama por la que matar

Han pasado casi 10 años desde que la novela gráfica noir de Frank Miller, Sin City, fuera llevada a la pantalla grande, resultando en una de las adaptaciones mejor logradas en tanto a su estilización visual. Más arriesgada que las adaptaciones de súper héroes tan en boga en ese entonces, Sin City dio paso a la puesta en cine de cómics cuyo lenguaje resultó ser durante años un desafío para varios directores fílmicos, como fue el caso de Watchmen o V de Venganza, realizadas en los años inmediatos a Sin City. El crédito lo tiene Robert Rodríguez, quien logró imprimir en su película el ambiente de opresión y desasosiego que transmitía la novela gráfica.

Con el mismo Frank Miller ocupándose del guión y la co-dirección, Sin City es una historia protagonizada por varios personajes a lo largo de varios episodios no acomodados en orden cronológico, pero que comparten como hilo conductor a una ciudad lúgubre que, más que servir como el escenario de fondo, cobra la misma importancia de cualquier personaje. La ciudad-personaje moldea, de hecho, los caracteres y destinos de los personajes principales, entre los cuales se encuentran Marv (Mickey Rourke), Hartigan (Bruce Willis) y Nancy (Jessica Alba), presentes también en la secuela.

Una dama por la que matar narra en primer lugar el pasado de Dwight McCarthy, el protagonista de toda la saga, y su tormentosa relación con la femme fatale Ava Lord. En esta segunda parte, el papel de Dwight McCarthy es protagonizado por un Josh Brolin con el rostro transformado (Clive Owen dio vida a Dwight en la cinta de 2005), y Eva Green, ya bien instalada en personajes oscuros y problemáticos, y quien por cierto protagoniza otra de las películas exitosas de Frank Miller: 300: Rise Of An Empire.

A este primer episodio le siguen tres más, dos de los cuales han sido escritos por Miller específicamente para la película, lo que permite pensar en una relación más fluida entre la obra dibujada y la película, interdependientes una de la otra. En estos episodios desfilan alrededor de 40 personajes, entre los que se encuentran los interpretados por Jessica Alba, Rosario Dawson, Joseph Gordon-Levitt, Mickey Rourke, Lady Gaga y el mismo Frank Miller como un cura. En “Just Another Saturday Night” se narran las vivencias de Marv (Rourke), previas a la historia contada en 2005: un hombre que despierta súbitamente en una carretera, al lado de muertos. Rourke luce brutal, más o menos como ha sido su aspecto recientemente: el de un luchador curtido a golpes.

En “The Long Bad Night”, Gordon-Levitt es un jugador sofisticado que se mete en problemas y que a pesar de sus virtudes, es arrastrado por su sed de venganza, y en “The Fat Loss” Jessica Alba es Nancy Callahan penando el suicidio de John Hartigan (Bruce Willis), acto cometido en la versión de 2005, y planeando fríamente el asesinato del político criminal Senator Roark, villano número 1 de la historia.

Robert Rodríguez y Frank Miller continúan con el planteamiento expresionista en esta secuela, añadiendo color a ciertos personajes/situaciones, pero siempre con el monocromo como leitmotiv. Hay tantos elementos propios de la historieta que casi podría afirmarse que Sin City es una novela gráfica en movimiento, con globos de diálogo que añaden información al diálogo verbal, dibujos yuxtapuestos con los actores y el escenario, tipografías y un efecto tridimensional cuadro por cuadro que da la impresión de que las acciones se fueran a salir del plano en cualquier momento.    

Una de las transformaciones que más prometen es la del personaje de Jessica Alba, quien en esta ocasión deja de ser víctima para convertirse en una vengadora que amenaza por completo la impunidad del hombre poderoso. Se ha dicho que la Nancy de Jessica Alba emula a una de esas heroínas tan icónicas del cine de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino… una chica a lo Kill Bill, por ejemplo. Al respecto Alba ha asegurado que eso es sólo reflejo de su mismo crecimiento como actriz, y que a nueve años de la primera película, ha dejado la ingenuidad atrás.

Aunque probablemente se trate más de uno de esos personajes femeninos del polémico Frank Miller y su “violencia sexy”, quien nunca se ha distinguido por sus matices. Desde sus vengadoras “empoderadas” hasta sus femme fatales, lo que tienen en común estas mujeres son las desmesuradas curvas, el busto y los labios como atributos fijos y explotables que no tienen equivalente alguno en los personajes varones. Un ejemplo es el póster promocional impulsado directamente por la productora Miramax, con el no menos polémico Harvey Weinstein a la cabeza, en el que Eva Green muestra sus “atributos femeninos” veladamente escondidos tras una blusa semi-transparente, y que recientemente fue censurado.

Sin la intervención directa de Quentin Tarantino, como se llegó a rumorar durante los meses de producción, es difícil que las mujeres imaginadas por Miller vayan más allá del molde. Pero más allá del tema de las representaciones, será interesante ver qué tanto se aprovechan en esta secuela los recursos tecnológicos –la película es 90% CGI y retoque digital– que ya hicieron de Sin City 2005 una de las películas más llamativas en cuanto a su estilización, y que indudablemente  es un referente para el lucrativo negocio de las franquicias de cómic llevadas a la pantalla grande.

Cómic en movimiento
La legendaria editorial Dark Horse Comics tiene, además de Sin City, otros títulos llevados al cine con excelentes resultados, tanto o más que los títulos de la Marvel o DC Comics:
-       Hellboy. Las adaptaciones de Guillermo del Toro en 2004 y 2008 se convirtieron en dos de las películas más sobresalientes de su carrera, ahora ya como un director indispensable de la fantasía y la ciencia ficción. Cómic original de Mike Mignola, sorprende la facilidad con que del Toro asimiló la historieta sin la ayuda del autor original.

-        300. Frank Miller se inspiró en la Batalla de las termópilas para uno de sus cómics más conocidos. Zack Snyder la llevó a la pantalla grande en 2007 y en 2014 hizo una “precuela”. En la revista Variety le llamaron clásico a la primera y aunque la segunda no salió tan bien parada, muestran que el imaginario de Miller aún no se agota.


Jun 17, 2014

Sex Tape (Jake Kasdan, 2014)

Sex Tape

Como en las películas más populares de Cameron Diaz y Jason Segel, Sex Tape fácilmente podría pasar por la comedia lasciva del verano, pero tras esa primera impresión se desvela uno de los temas más espinosos y menos resueltos de la ansiedad colectiva en la era de la obsesión-dependencia por compartir hasta los detalles más nimios de nuestras vidas a través del internet y con la inmediatez de un click.

Diaz y Segel interpretan a Annie y Jay, una pareja que tras años de convivir en un matrimonio estable pero monótono, deciden darle sabor a su relación, particularmente a su vida sexual, grabando un video con el iPad de Jay. Éste desconoce que el video se ha sincronizado simultáneamente en su aparato y en “la nube”, como se le llama en la jerga tecnológica a los servidores que almacenan contenidos digitales en línea, y en los que es cada vez más común que el usuario promedio guarde sus videos, fotos y documentos personales.

El video sexual se filtra más por un proceso automatizado que por mano humana, y la posibilidad de que los contactos de la pareja súbitamente tengan acceso a él a través de sus propios dispositivos móviles y en tiempo real, es algo que aterra a Annie y Jay, que intentan “recuperar” el video para darse cuenta de la posibilidad de que su acto íntimo y su imagen ya no les pertenezca, y que además pueda ser perfectamente reproducible como un virus, ante su mirada atónita e ingenua. Esta simple premisa desencadena una serie de consecuencias tratadas de manera chusca, pero que dan cuenta de la asombrosa facilidad en que lo que alguna vez consideramos nuestra intimidad, carece ya de sentido.

No sólo eso. La rutina de colocar nuestra privacidad en servicios de hospedaje digital ajenos, sugiere que alguien más ha tomado el control de nuestros contenidos, y a nadie le consta que sea únicamente para fines comerciales, sobre todo a partir del escándalo Edward Snowden vs. NSA, donde se reveló la cooperación abierta de las grandes empresas de internet con la agencia estadounidense de espionaje.

Lo que hace sólo cinco años podría considerarse paranoia y teorías de la conspiración, hoy es un hecho documentado que parece no importarle al gran público. No es exagerado afirmar que en varios servidores alrededor del mundo, no sólo existen perfiles de usuario basados en gustos y comentarios, sino especialmente en datos mucho más privados e invaluables, como nuestras fotografías, huellas digitales, expedientes médicos y por supuesto, filiaciones políticas. La comedia escrita por Kate Angelo y dirigida por Jake Kasdan mantiene un tono gracioso y afable, pero no necesariamente peleado con la reflexión que surge (o debería surgir) a partir de estas nuevas prácticas tan cotidianas.

El tono cómico de la película está afortunadamente lejos de lo ingenuo; piénsese más en los papeles raunchy que ha protagonizado Cameron Diaz en Hay algo acerca de Mary, la tremenda The Counselor y sobre todo Bad Teacher, en la que actuó con Jason Segel, y que podría considerarse el antecedente de Sex Tape. Ambos actores están claramente desinteresados en hacer comedias políticamente correctas, y en el caso de Segel, añade a sus interpretaciones cierto humor neurótico que le resta ligereza a la historia.

El humor de Sex Tape es cercano a la supuesta ingenuidad y la auto-denostación que caracteriza a comediantes como Steve Carrell, Ben Stiller o Judd Apatow, quienes efectivamente parecen hacer tragicomedias de la vida cotidiana, con inserciones de humor juvenil y zonzo ante los cuales es imposible no reír. Es refrescante que ya se pueda considerar a Cameron Diaz como la antítesis de Sandra Bullock o Jennifer Aniston, y Rob Lowe, el rompecorazones de los 80 con rostro perfecto, también parece más que dispuesto a burlarse de sí mismo en su papel de jefe de Annie. 

Podría decirse que Sex Tape es, mucho más que una “comedia de sexo”, una parodia del género de la comedia romántica, y que además aprovecha a mofarse de nuestra dependencia a lo digital y a la omnipresencia de los dispositivos móviles que más que “conectar”, facilitan la trivialidad que caracteriza a esta generación.

Un humor forjado en la televisión norteamericana

Mientras que lo de Cameron Diaz ha sido siempre el cine, el humor de Sex Tape se puede rastrear más fácilmente a la televisión, que al séptimo arte. Es en el medio televisivo donde Jason Segel se ha dado a conocer no sólo como actor, sino también como guionista, en un estilo similar al de Judd Apatow y Seth Rogen. Es la televisión también donde el joven director Jake Kasdan ha desarrollado gran parte de su carrera. Coincidió con Segel en la serie de culto Freaks and Geeks.

La lasciva y salvaje película Bad Teacher de 2011, en la que Diaz y Segel logran una química innegable como nueva pareja cómica, que se repite en Sex Tape, resultó ser un éxito de taquilla que le mereció ser adaptada a una serie de televisión con el mismo nombre, pero distintos actores y argumentos. No resulta difícil suponer que la clasificación C que casi siempre es asignada a estos contenidos en el cine, tenga en la diversidad de producciones televisivas más margen de acción y libertad, a diferencia de las restricciones que imponen las producciones fílmicas con presupuestos millonarios, y que por lo tanto, casi nunca arriesgan.

Probablemente sin el soporte televisivo, la comedia estadounidense norteamericana de la actualidad sería más conservadora. Al menos en este sentido se puede afirmar que el cine se está nutriendo como nunca de ese medio muchas veces considerado “menor”, que es la televisión.




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