Sin City: una dama por la que matar
Han pasado casi 10 años desde que la novela gráfica noir de Frank Miller, Sin City, fuera
llevada a la pantalla grande, resultando en una de las adaptaciones mejor
logradas en tanto a su estilización visual. Más arriesgada que las adaptaciones
de súper héroes tan en boga en ese entonces, Sin City dio paso a la puesta en
cine de cómics cuyo lenguaje resultó ser durante años un desafío para varios
directores fílmicos, como fue el caso de Watchmen o V de Venganza, realizadas
en los años inmediatos a Sin City. El crédito lo tiene Robert Rodríguez, quien
logró imprimir en su película el ambiente de opresión y desasosiego que
transmitía la novela gráfica.
Con el mismo Frank Miller ocupándose del guión y la
co-dirección, Sin City es una historia protagonizada por varios personajes a lo
largo de varios episodios no acomodados en orden cronológico, pero que comparten
como hilo conductor a una ciudad lúgubre que, más que servir como el escenario
de fondo, cobra la misma importancia de cualquier personaje. La
ciudad-personaje moldea, de hecho, los caracteres y destinos de los personajes
principales, entre los cuales se encuentran Marv (Mickey Rourke), Hartigan
(Bruce Willis) y Nancy (Jessica Alba), presentes también en la secuela.
Una dama por la que matar narra en primer lugar el pasado de
Dwight McCarthy, el protagonista de toda la saga, y su tormentosa relación con
la femme fatale Ava Lord. En esta
segunda parte, el papel de Dwight McCarthy es protagonizado por un Josh Brolin
con el rostro transformado (Clive Owen dio vida a Dwight en la cinta de 2005),
y Eva Green, ya bien instalada en personajes oscuros y problemáticos, y quien
por cierto protagoniza otra de las películas exitosas de Frank Miller: 300:
Rise Of An Empire.
A este primer episodio le siguen tres más, dos de los cuales
han sido escritos por Miller específicamente para la película, lo que permite
pensar en una relación más fluida entre la obra dibujada y la película,
interdependientes una de la otra. En estos episodios desfilan alrededor de 40
personajes, entre los que se encuentran los interpretados por Jessica Alba,
Rosario Dawson, Joseph Gordon-Levitt, Mickey Rourke, Lady Gaga y el mismo Frank
Miller como un cura. En “Just Another Saturday Night” se narran las vivencias
de Marv (Rourke), previas a la historia contada en 2005: un hombre que
despierta súbitamente en una carretera, al lado de muertos. Rourke luce brutal,
más o menos como ha sido su aspecto recientemente: el de un luchador curtido a
golpes.
En “The Long Bad Night”, Gordon-Levitt es un jugador sofisticado
que se mete en problemas y que a pesar de sus virtudes, es arrastrado por su
sed de venganza, y en “The Fat Loss” Jessica Alba es Nancy Callahan penando el
suicidio de John Hartigan (Bruce Willis), acto cometido en la versión de 2005,
y planeando fríamente el asesinato del político criminal Senator Roark, villano
número 1 de la historia.
Robert Rodríguez y Frank Miller continúan con el
planteamiento expresionista en esta secuela, añadiendo color a ciertos
personajes/situaciones, pero siempre con el monocromo como leitmotiv. Hay
tantos elementos propios de la historieta que casi podría afirmarse que Sin
City es una novela gráfica en movimiento, con globos de diálogo que añaden
información al diálogo verbal, dibujos yuxtapuestos con los actores y el
escenario, tipografías y un efecto tridimensional cuadro por cuadro que da la
impresión de que las acciones se fueran a salir del plano en cualquier momento.
Una de las transformaciones que más prometen es la del
personaje de Jessica Alba, quien en esta ocasión deja de ser víctima para
convertirse en una vengadora que amenaza por completo la impunidad del hombre
poderoso. Se ha dicho que la Nancy de Jessica Alba emula a una de esas heroínas
tan icónicas del cine de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino… una chica a lo
Kill Bill, por ejemplo. Al respecto Alba ha asegurado que eso es sólo reflejo
de su mismo crecimiento como actriz, y que a nueve años de la primera película,
ha dejado la ingenuidad atrás.
Aunque probablemente se trate más de uno de esos personajes
femeninos del polémico Frank Miller y su “violencia sexy”, quien nunca se ha
distinguido por sus matices. Desde sus vengadoras “empoderadas” hasta sus femme fatales, lo que tienen en común
estas mujeres son las desmesuradas curvas, el busto y los labios como atributos
fijos y explotables que no tienen equivalente alguno en los personajes varones.
Un ejemplo es el póster promocional impulsado directamente por la productora
Miramax, con el no menos polémico Harvey Weinstein a la cabeza, en el que Eva
Green muestra sus “atributos femeninos” veladamente escondidos tras una blusa
semi-transparente, y que recientemente fue censurado.
Sin la intervención directa de Quentin Tarantino, como se
llegó a rumorar durante los meses de producción, es difícil que las mujeres
imaginadas por Miller vayan más allá del molde. Pero más allá del tema de las
representaciones, será interesante ver qué tanto se aprovechan en esta secuela
los recursos tecnológicos –la película es 90% CGI y retoque digital– que ya
hicieron de Sin City 2005 una de las películas más llamativas en cuanto a su
estilización, y que indudablemente es un
referente para el lucrativo negocio de las franquicias de cómic llevadas a la
pantalla grande.
Cómic en movimiento
La legendaria editorial Dark Horse Comics tiene, además de
Sin City, otros títulos llevados al cine con excelentes resultados, tanto o más
que los títulos de la Marvel o DC Comics:
-
Hellboy.
Las adaptaciones de Guillermo del Toro en 2004 y 2008 se convirtieron en dos de
las películas más sobresalientes de su carrera, ahora ya como un director
indispensable de la fantasía y la ciencia ficción. Cómic original de Mike
Mignola, sorprende la facilidad con que del Toro asimiló la historieta sin la ayuda
del autor original.
-
300. Frank Miller se inspiró en la
Batalla de las termópilas para uno de sus cómics más conocidos. Zack Snyder la
llevó a la pantalla grande en 2007 y en 2014 hizo una “precuela”. En la revista
Variety le llamaron clásico a la
primera y aunque la segunda no salió tan bien parada, muestran que el
imaginario de Miller aún no se agota.
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