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Oct 17, 2012

El origen de los guardianes

El origen de los guardianes
La animación infantil tiene en El origen de los guardianes la más firme apuesta que se recuerde dentro del género, desde la clásica Monsters hasta la más reciente Cars. Esto se debe en parte al grupo creativo convocado por Guillermo del Toro –sin duda un referente mundial en la cinematografía de fantasía y animación– como productor ejecutivo, William Joyce como productor y guionista, y Peter Ramsey en la dirección.


Con la estampa de DreamWorks, esta historia toma prestados algunos de los personajes más representativos del imaginario infantil, como Santa Claus, El conejo de Pascua o el Hada de los dientes, quienes unen sus poderes mágicos para salvar a los niños del mundo ante la amenaza de un espíritu maligno llamado Pitch.


El equipo se completa con un importante cartel de actores: Alec Baldwin, Hugh Jackman, Chris Pine y Jude Law dando voz a los personajes. De ellos, Baldwin es el que ofrece la interpretación vocal más gustosa. Poca sorpresa en ello, si se considera que la comedia es el fuerte del estadounidense, como ha demostrado al frente de la serie 30 Rock y en sus frecuentes presentaciones en el programa Saturday Night Live. 


Por otra parte, será muy interesante apreciar el lado lúdico de Hugh Jackman como un conejo gruñón, teniendo en cuenta la fama de galán viril que tiene el australiano. El joven Chris Pine tiene el papel principal como el pequeño Jack, y  a Jude Law le ha tocado hacerla de villano.


Pero El origen de los guardianes no empieza ni termina únicamente en la película, sino que hay toda una historia rica que la circunda. Un poco de contexto: El relato surge en una imaginación de William Joyce; polifacético ilustrador, escritor y guionista que ha realizado portadas para The New Yorker y laborado en los estudios Pixar. Co-creó la popular Robots de 2005 y no hace mucho que se ganó el Oscar por el fabuloso corto de animación The fantastic flying books of Mr. Morris Lessmore (se puede ver una reciente versión interactiva para tabletas digitales en https://vimeo.com/25833596). Con El origen de los guardianes y Epic, que se estrenará el próximo año, se espera que Joyce se haga de un nombre tan importante en la industria, como el de su colega Del Toro.


En la dirección lo acompaña Peter Ramsey, quien tiene en sus créditos una de las versiones de la taquillera Monsters, en la que trabajó junto a Reese Witherspoon, Hugh Laurie y Kiefer Sutherland, entre otros. Aunque los productores le han dado un voto de confianza y El origen de los guardianes es su segunda gran dirección, ésta ha sido supervisada siempre de cerca por Guillermo Del Toro, que oficialmente funge como productor ejecutivo, pero ha hecho sugerencias importantes en todo el proceso creativo de la película.


Mientras que la historia apela sobre todo a un público infantil, lo cierto es que el arte por computadora con que factura esta película promete ser un goce visual que no admite límite de edad. Si el fascinante mundo de William Joyce y compañía lo es también para el público, hay algunos productos que acompañan a la película, recomendables en igual proporción.


PILONCILLOS
Para leer

1) La película se basa en el libro de William Joyce, The Guardians of Childhood, por lo que el público más dedicado querrá conocer a detalle el relato remitiéndose a la historia original. En realidad “el libro” está lejos de ser completado, pues se trata de una serie de aproximadamente 13 tomos que se irán publicando en los próximos años.

2) Las horas de labor artesanal que se invierten en la creación de una cinta de animación no han cambiado sustancialmente desde los viejos días de la Disney y sus dibujantes a mano, y los animadores de hoy con potentes CPUs y programas de diseño como herramientas. The Art of Rise of the Guardians es un libro que recoge testimonios y cuenta con un afectuoso prefacio escrito por Alec Baldwin.

Para jugar

El estudio de videojuegos Torus Games está por sacar del horno su versión de El origen de los guardianes para quienes no queden satisfechos con la película. Famoso por sus versiones interactivas de Scooby Doo o Shrek, el estudio ha añadido super poderes a los protagonistas de esta historia, y se encontrará disponible en las principales consolas y PCs.


Para escuchar

El soundtrack contiene un tema escrito por el actor devenido músico Jared Leto, e interpretado por 30 seconds To Mars, el grupo que formó junto a su hermano Shannon Leto. Tan versátil como Joyce, Leto tiene en su currícula créditos como músico, pintor, actor, escritor y fotógrafo. “Kings and Queens” ha tenido una magnífica rotación por radio, televisión e internet, y ha ganado numerosos premios.

Sep 17, 2012

50 años de El Satánico Dr. No, de Terence Young

50 años de El Satánico Dr. No, de Terence Young

Este año es el cincuenta aniversario de una de las películas más idiosincráticas del cine de la posguerra. El legado de Ian Fleming ha logrado, como pocos, insertar su ideología en el imaginario popular, y de manera más eficaz, con la estetización sofisticada provista por sus adaptaciones al cine, en particular la primera película sobre James Bond, llevada a cabo por el egresado de Cambridge, novelista, guionista y ex-militar Terence Young.
Durante la década del 50 Young se desempeñó como un solvente guionista de historias dramáticas que se convirtieron en éxitos internacionales. Respaldado por los productores Albert R. Broccoli y Harry Saltzman, Young dirigió las adaptaciones de la novela de Ian Fleming: Dr. No (1962), From Russia With Love (1963) y Thunderball (1965).

La estética de Terence Young y el inicio de un género
En sólo tres años, Young acuñó una de las estéticas más memorables del cine de los 60. Las aventuras y las tramas protagonizadas por el agente Bond serían escenificadas en países “remotos” y exotizados (Jamaica); ambientes propicios para el lucimiento de las habilidades del protagonista, un héroe moderno y conquistador en el terreno político y en el sexual.
Para ello Young se aseguró de que literalmente desde los créditos iniciales, creados por Maurice Binder, su James Bond sería icónico. Young colaboró en el guión con Kevin McClory, Jack Whittingham y el mismo Ian Fleming. El habilidoso editor Peter R. Hunt fue el responsable de esas secuencias de persecuciones que forjaron escuela. La cinematografía, el diseño visual y el soundtrack fueron aspectos en los que se puso especial atención. Pero de todos los elementos que hicieron de la trilogía de Young un clásico, el más importante fue su protagonista, el actor escocés Sean Connery.

La lista de oficios de Connery, previos a su trabajo actoral, son tantos y tan diferentes, que podría decirse que esa fue su verdadera escuela de actuación: lechero, marino, conductor de tren, salvavidas, obrero, modelo, barnizador de ataúdes y fisiculturista.

De toda esta experiencia de vida es que Connery obtuvo más de un secreto para dotar de carisma y habilidades seductoras a su personaje más conocido: el agente 007. El poderío físico de Connery, su mirada y porte de Don Juan, y las decisiones certeras que casi siempre derivaban en acciones heróicas, fueron todos elementos de virilidad que hasta al día presente se asocian a Sean Connery (le siguen llamando “el hombre más sexy del mundo” y la Reina Isabel lo ha hecho Caballero), y de manera más importante, necesarios para el protagonista de un género que entonces se gestaba: el del agente secreto.
Visto a la luz de los años, el legado de Terence Young es una creación visual excepcional que inauguró, desde el cine, la iconografía de los 60. Como un filme eminentemente político, su peso histórico es mucho menor que el estético.  

La lupa sobre el agente
Los personajes que destinan irrecuperables horas de su vida e ingenio, y arriesgan su integridad física y mental en pos de un fin más importante que ellos, siempre han cautivado la imaginación de los lectores, pero los que más asombro provocan son, acaso, aquellos que maniobran en el límite siempre en nombre de un ente supremo o un mando superior incuestionable, que en el caso del James Bond de los 60, es nada menos que el Imperio Británico. James Bond es una narrativa clásica del imperialismo cultural que desde su puesta en escena y casi en cada reedición, ha sido puesta en cuestionamiento desde la crítica cultural y el análisis fílmico, pero quizás de manera más significativa, desde la misma creación literaria y cinematográfica.

La obra de John Le Carré, ex-espía británico que dejó el servicio exterior para dedicarse a la literatura, es una dedicada tarea por desentrañar la sombría política de la Gran Bretaña durante la posguerra. Los de Le Carré, como los de ese gran escritor de tramas políticas que fue Grahan Greene (“El factor humano”), son agentes no al servicio de ningún Estado o corporación, sino agentes en tanto hombres cuyas decisiones tomadas en circunstancias apremiantes, los vuelven libres. Le Carré y Greene forjaron, desde la experiencia y la cuidadosa observación de la política de su tiempo, personajes multidimensionales con dilemas y contradicciones (imperdible es la adaptación al cine de Tinker, Tailor, Soldier, Spy, protagonizada por Gary Oldman en 2011), y en un esquema más amplio, personajes contextualizados que fijaban la postura política de los escritores y se convertían en narrativas históricamente relevantes.  

Más recientemente, nada menos que el actor Matt Damon, en una de las giras promocionales de la saga Jason Bourne (el agente de la CIA que desde la deserción desmonta la corrupción sistemática de sus superiores), defendía esta historia y señalaba a James Bond como un agente “imperialista, misógino y sociópata”. Mientras que las palabras de Damon cuentan con una enorme dosis de verdad, hay que notar que el James Bond interpretado por Daniel Craig es el más interesante en décadas, cuando su destreza como espía lo ha llevado a descubrir los complots de los recientes gobiernos estadounidenses, en particular los de George W. Bush contra ciertos gobiernos de países latinoamericanos, como afirma Juan Cole en su artículo “A Quantum of Anti-Imperialism”[1].

Desde el James Bond de Terence Young al de Marc Forster existe una notoria y astuta estrategia de quienes controlan la franquicia por poner la historia al día. En este sentido, James Bond no está exento de la práctica ya común (aunque no siempre bien lograda) de las historias autorreflexivas.


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