Pages

Featured post

50 años de Lawrence of Arabia

Este año se cumplen 50 años de una de las películas más canónicas en la historia del cine. La épica dirigida por el británico David Lean...

Mar 11, 2014

Godzilla, Gareth Edwards

Godzilla

Japón ha dotado al mundo de un sinnúmero de personajes que pueblan el imaginario colectivo; de ellos, el más icónico es Godzilla, el gigantesco monstruo ("kaiju”) originalmente imaginado y dirigido por Ishiro Honda en 1954, menos de diez años después de las tragedias de Hiroshima y Nagasaki, que cobraron miles de vidas y dejaron sobrevivientes con devastadores efectos por la radiación de las bombas.

El trauma de haber sido el único país atacado por bombas nucleares encontró un cauce de expresión en varias áreas de la cultura japonesa.
El Godzilla de Honda, al representar con un horrible y desproporcionado monstruo el horror y la devastación de las bombas nucleares, casi instantáneamente se convirtió en un ícono que consecuentemente fue reproducido en distintos medios como la televisión, los cómics y varios remakes del filme original.


El tino de Honda, alumno nada menos que de uno de los más grandes cineastas como Akira Kurosawa, fue proveer al monstruo de un temperamento que lo hizo no sólo inolvidable, sino más temido de lo que cualquier otro monstruo intercambiable podría resultar. Un ente memorable en una narrativa que en todo momento mantiene el suspenso y el horror ante la devastación, el remake que el británico Gareth Edwards tiene preparado para este 2014 rescata la visión de Ishiro Honda y lo hace, además, en una de las coyunturas más agitadas desde la Segunda Guerra Mundial, como es la actual, donde el desastre nuclear no sólo sigue presente, sino ahora acompañado por los efectos del calentamiento global que algunos científicos ya han calificado de irreversibles.


Hombre vs Natura
El plan de Edwards y su guionista, David Callaham, es que se vuelva a mirar a Godzilla en estrecha relación con el desastre que lo originó y que multiplica como en un efecto dominó; esto después de que los recientes remakes se han centrado más en el aspecto visual del ente y de su devastación, que en los orígenes, prescindiendo de una historia de fondo que abarata la película. En Godzilla 2014, con Nueva York como locación (algunas escenas fueron filmadas en Japón, Vancouver y Hawaii), Edwards y Callaham aluden explícitamente a la secrecía del gobierno de Estados Unidos en relación con la existencia del monstruo.


Edwards aprovecha las posibilidades de efectos digitales cada vez más avanzados en una seria competencia con el Pacific Rim (2013) de Guillermo del Toro, pero con una visualidad mucho menos oscura, que recuerda más a la narración clásica de Steven Spielberg en Tiburón: el espectador es introducido en un ambiente familiar, cotidiano y de aparente tranquilidad, pero tiene siempre la sensación de que algo ominoso está por ocurrir. El suspenso sostenido se quiebra con la aparición de Godzilla, acompañado ahora por otros malignos kaijus (los horrendos Mutos de múltiples extremidades, diseñados durante cerca de un año) en impresionantes batallas del hombre contra la naturaleza.


El caos de Godzilla y compañeros es representado como el peor terremoto, huracán y estallido atómico combinados, en una ciudad ya bien fetichizada como el pico de la modernidad, cuya destrucción remite inmediatamente a eventos reales. La ventaja aquí es que los rascacielos neoyorkinos dan cuenta de la proporción de las bestias que se asoman del océano, unas vistas no tan alejadas del Tokio de los 50 y que acentúan la magnitud del cataclismo.


El responsible de los efectos visuales, Jim Rygiel (El señor de los anillos, Star Trek: insurrección, etc.) basó el diseño de Godzilla en el movimiento y el comportamiento del oso pardo, el dragón de Komodo y hasta en algunas características faciales del perro y el águila. A Godzilla se le ha reinventado digitalmente: ahora presenta deformidades faciales que resaltan su condición tétrica: sus ojos son dos cavidades hondas y oscuras que antes que ver, parecen devorar. Par a par con la imagen, el sonido provee quizás el lado más espeluznante del monstruo. 

El rugido clásico de Godzilla también fue rediseñado para esta película, pensado sobre todo en las posibilidades del sonido en las salas IMAX, donde el sonido de hondo de este kaiju literalmente vibrará en el pecho del espectador.


Pero si se piensa que la apariencia y la irrupción violenta del monstruo simbolizan la reacción de la naturaleza permanentemente violentada por el hombre, el carácter tétrico de Godzilla adquiere matices: la naturaleza es impredecible y reacciona adversamente, pero también provee y protege. Godzilla, como en el relato original, no es el enemigo del ser humano, ¿pero es éste capaz de darse cuenta?


Los protagónicos son dos de los actores más reconocidos de la televisión estadounidense por sus recientes y memorables personajes como el profesor devenido narcotraficante “Walter White” en la serie Breaking Bad: Bryan Cranston, interpretando en Godzilla a un profesor de física nuclear que recordará indudablemente al primer Walter White, y Elizabeth Olsen, ya con importantes caracterizaciones de personajes femeninos poderosos y complejos (Mad Men, Top Of The Lake), quien en esta ocasión la hace de Elle Brody, la esposa del teniente militar al mando de la operación para destruir a los kaijus.


Godzilla de Gareth Edwards será sin duda una puesta al día imperdible, al retomar las características del Godzilla original e incorporar la tecnología más avanzada a una de las historias más populares del siglo XX, y con la que ya varias generaciones de espectadores han crecido. 


Más del director
Aunque Godzilla es sólo su segundo largometraje, el joven director nacido en 1975 dejó una magnífica impresión en Hollywood con su primer filme independiente, Monsters. Los adeptos al género no se pueden perder esta historia de ciencia ficción que transcurre en la frontera México-Estados Unidos. Una nave de la NASA suspendida en el espacio es colonizada por vida extraterrestre. Una falla causa que se estrelle en esta zona de la tierra, contaminándola por toda la región. Pronto, las diferencias entre los dos países determinarán cuál lado se salva y cuál no.


Una narrativa inteligente, así como un uso creativo de recursos limitados (añaden realismo las tomas de semi-documental), prueban que con Monsters y ahora Godzilla, Edwards es un director capaz de aportar significado y comentario a un género que cada vez con más frecuencia rehúye de ellos, amparándose exclusivamente en la excelencia de los efectos visuales.  

Feb 2, 2014

3 Days To Kill (Joseph McGinty, 2013)

3 Days To Kill

El thriller político pasa por una interesante renovación: la premisa del individuo contra la estructura de poder tuvo un impresionante éxito a inicio de los dosmiles con la franquicia basada en el personaje de Jason Bourne, un antihéroe que pasa de ser un agente del Estado a un opositor que usa su entrenamiento para desentrañar la corrupción estructural en la que él ha servido de poco más que alfil.

Otra cinta que también tiene un relevante comentario político, pero centrado en la relación padre-hija, es Taken (2008), escrita y producida por Luc Besson y protagonizada por Liam Neeson, un ex-agente que se enfrenta al crimen organizado coludido con mandos de gobierno en la búsqueda de su hija secuestrada. Ambas películas comparten un montaje trepidante en donde la historia se cuenta desde la perspectiva del anti héroe. Simpatizando con él y por ende, en contra de las corruptas estructuras legales e ilegales con las que se enfrenta, el espectador ve una trama de acción no peleada con el comentario reflexivo.

Más cercana al género de acción y no tanto al thriller político, y ciertamente menos incisiva que las anteriores películas, se encuentra 3 Days To Kill, la historia de un agente del servicio secreto (el matón “Ethan Renner”, interpretado por Kevin Costner) que adquiere una enfermedad letal para la cual hay una cura que sólo conoce y puede proveer su mando superior, a cambio de un trabajo final que frustrará el plan de Renner de jubilarse para entablar una relación con su hija adolescente.

Escrita por Adi Hasak (Shadow Conspiracy) y Luc Besson (La Femme Nikita, El professional…), se podría pensar que 3 Days To Kill remite precisamente a esas historias, pero su tratamiento tiene el sello del director Joseph McGinty, más conocido por la estetizada acción de su película del 2000, Charlie’s Angels, y no tanto por el ritmo trepidante ni la testosterona de sus personajes masculinos. 3 Days To Kill es también –o sobre todo– el regreso de Kevin Costner a la pantalla grande, tras varios años de dedicarse a hacer papeles secundarios, series de televisión o incluso de dedicarse a tocar en su banda de música country.
Ya casi en sus 60, Costner se preparó físicamente para el demandante papel del agente Renner, aunque su interpretación de un hombre rudo, cuya fortaleza interior es aún más ferrea, está muy lejana de la que tan bien le sale a Liam Neeson, el actor irlandés a quien indudablemente Coster quiere emular. El agente de Costner no está exento de hacer chistes para aligerar el peso de su ocupación, y de hecho resulta notable la interacción que tiene con los tres personajes femeninos más cercanos a él: su esposa, su hija y la mujer que le provee la droga que debe salvar su vida: una misteriosa Amber Heard en plan de femme fatale.
Las motivaciones de Ethan Renner no son políticas, sino personales, y en su retorno al oficio de matón, no lo notamos vacilante excepto por el hecho de que ya no podrá llevarse con su familia como él deseaba. El lado amable y sentimental de un matón es un sello tan distintivo en el universo Costner, y extensivo a esta historia, donde tenemos a la familia en un pedestal mientras literalmente explotan bombas alrededor de ella, haciendo que el personaje funcione como un ladrillo más de ese muro político que nunca se cuestiona ni mucho menos se resquebraja, y de hecho va a la caza del villano predecible y ya exhausto que es “el terrorista”.
3 Days to Kill, una co-producción estadounidense-francesa, se antoja como una paso titubeante del reconocido Besson (productor, además de guionista) al mercado estadounidense, al que ya había entrado con la exitosa Taken. En esta ocasión desaprovecha no sólo su bagaje, prestigio y fórmula, sino las condiciones actuales del debate político que urgen una mirada menos relajada a las prácticas perversas del Estado, comenzando por Estados Unidos pero que no se limitan a ese país.
Lo que Besson no desaprovecha, y que resulta de lo más atractivo, es la colaboración con el fotógrafo Thierry Arbogast, cuyo ojo fue clave en la creación de los ambientes laberínticos y claustrofóbicos habitados por personajes ya icónicos como León, el matón interpretado por Jean Reno en El profesional, así como la antisistema Nikita y casi una decena de películas reconocidas por su calidad visual: Ridículo o El quinto elemento.
Mientras que existen planes para una tercera parte de la más compleja Taken, 3 Days To Kill tiene el potencial de construir al menos dos personajes importantes que no son el protagonista: Bresson y McGinty han mostrado tino en la creación de personajes femeninos fuertes. En primera intancia y mucho más interesante que Renner, resulta su némesis Vivi Delay, una agente del FBI bien instalada en esa psicopatía perfeccionada de los guardianes del orden que ya no sorprende a nadie, y ataviada de trajes de látex negro a lo Gatúbela. Será interesante ver a este personaje con un alto componente de sadismo administrar la droga que mantiene vivo a Renner por tiempo indefinido.
Por su parte, la adolescente Zooey Renner es interpretada por una actriz que ya ha tenido interpretaciones convincentes en True Grit, Ender’s Game y su protagónico en Romeo y Julieta de Carlo Carlei. Como la hija de un hombre misterioso que lleva una doble vida, Zooey representa lo opuesto, una chica que genuinamente quiere acercarse a su padre, y cuya vida está en riesgo sin que ella lo sepa.
Filmada en París y Bosnia, los admiradores de la tecnología y los efectos especiales se regocijarán con el despliegue de artefactos, desde mini bombas hasta sofisticados autos deportivos y persecusiones vertiginosas que tienen el sello Bresson, ya no tanto como el director-autor de los 90, sino como el productor de un modelo de películas de acción que sin duda todavía cuenta con un buen número de seguidores.


Popular entries