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May 13, 2013

Before Midnight, Richard Linklater

Hace tres décadas que Richard Linklater funge como uno de los realizadores más cautivantes del cine de autor estadounidense, y alguien que no se ha mantenido en los márgenes del cine independiente, sino que ha participado de lleno en la industria de los blockbusters (o películas taquilleras), al mismo tiempo de procurar una línea de cine de autor íntimo, inquisitivo y sobre todo, inmediatamente reconocible.

Su maniobrar en la intersección entre el cine de autor y el cine comercial recuerda a Cameron Crowe (Almost Famous, 2000), Alexander Payne (Sideways, 2004) o Mike Mills (Beginners, 2012), cineastas que se han abierto paso en Hollywood manteniendo su integridad autoral. Así, la maquinaria de la gran industria fílmica permite que millones de personas se acerquen a un cine más demandante que el promedio, y el doble de gratificante.

Linklater comenzó en el cine tras experimentar una epifanía durante una jornada laboral. El oriundo de Houston, Texas, se dedicaba al negocio del petróleo cuando el impulso por el cine lo hizo decidirse a abandonar esta carrera y seguir el rumbo incierto que significa empezar de cero. Tras varios cortometrajes experimentales y un primer largometraje que hoy continúa en estatus de culto, rodó Slacker (1991), una sucesión de viñetas sobre la vida diaria en la ciudad de Austin, cuya narrativa laxa y acercamiento a los personajes sentarían las bases del carácter intimista de su cine.

Un abordaje similar se aprecia en su filme de 1993, Dazed and Confused, historia sobre un grupo de adolescentes en su último día de bachillerato. La verosimilitud de los 70 como época, una banda sonora memorable y el selecto grupo actoral, convirtieron a este filme en uno de culto, editado recientemente en una box set conmemorativa.

En 1995 rodó lo que sería el inicio de una trilogía en la que reflexiona sobre el tema del amor y las relaciones afectivas. Protagonizada por el estadounidense Ethan Hawke (Jesse) y la francesa Julie Delpy (Celine), Before Sunrise podría pasar por una comedia romántica más para el lector no avezado, pero la astucia de Linklater es presentar temas complejos en formatos aparentemente sencillos, sin estructuras narrativas fijas. Este método free style ciertamente permitió a los protagonistas mayor holgura y capacidad de improvisación en su interpretación.

Basada en una experiencia real del cineasta, Before Sunrise es la historia de un joven norteamericano y una francesa que se conocen en el tren. La conexión entre ambos es instantánea, y para el momento en que Jesse reta a Celine a quedarse con él en la siguiente parada, ella ya ha decidido pasar la velada a su lado. Recorren Viena a pie y en sus abundantes diálogos se revela la búsqueda por el significado de la vida a través del amor. La espontaneidad de los personajes, así como sus conversaciones y momentos de incomunicación, están moldeados por el sonar del reloj, que se anuncia inquietantemente. ¿Qué hacer cuando te queda poco tiempo, si no lo que siempre quisiste hacer?

Al final de la película ambos acuerdan reencontrarse en ese mismo punto dentro de seis meses, que a Linklater le llevó nueve años completar en la secuela Before Sunset (2004). En ella, Jesse se ha convertido en un escritor popular gracias a su novela, en la que ha inmortalizado su romance con Celine. En una gira promocional por Paris, se encuentran e intentan reconectar antes de que Jesse tenga que partir a otro destino.

Con el tiempo encima, se dan cuenta de que lo que compartieron años atrás sigue vigente. Tras este encuentro fortuito, ya en sus treinta y con cierta experiencia de vida, ¿permanecerán como pareja o volverán a separarse? ¿Cómo pueden permanecer unidas dos personas tan distintas, él, un estadounidense tan cándido en sus estimaciones sobre el estado del mundo, y ella, la europea escéptica? Esta segunda parte problematiza la relación anhelada y no consumada de Jesse y Celine. Hay momentos en que sus acuerdos son tan frágiles y sus desacuerdos tan vigorosos, que uno se plantea qué hay en ellos que los sigue uniendo. ¿Se complementan? ¿Qué tanto cede uno para complacer al otro?

Otros nueve años después, la trilogía se completa con Before Midnight. Bien ha notado el crítico Owen Gleiberman que la trilogía de Linklater remite inmediatamente al trabajo de Eric Rohmer en los 60. El verano de esta pareja es una exploración de la vida construida en común, y las dificultades y recompensas que ello conlleva. Como en su antecesora, Hawke y Delpy contribuyen con diálogos hechos por ellos mismos a partir de sus propias experiencias. Filmada en Grecia y con sus espectaculares azules oceánicos de fondo, esta tercera parte constituye una crónica no ya de los anhelos románticos y hasta existenciales de los jóvenes en la lejana Viena del 95, sino del trayecto recorrido juntos.

Linklater ha comentado que es muy probable que Before Midnight no sea el cierre de esta memorable historia de amor. Con algo de suerte y salud podremos ver dentro de 9 años una pareja entrando en la vejez, un tema poco exlorado en películas de esta magnitud, pero que demostró Mike Leigh en la entrañable Another Year (2010), el ocaso de la vida es del que más se aprende, y al que más se acude en momentos de vacío o desesperación.

Más de Linklater:

A Scanner Darkly (2006) Basada en la novela homónima de Philip K. Dick, es una distopía sobre la vigilancia policiaca en una era de epidemia por el consumo de drogas.

 Waking Life (2001) Esta película de animación explora la relación entre la realidad y el soñar despierto, un tema que ha fascinado al director desde los inicios de su carrera. La animación es un recurso que permite a Linklater colocar al sueño-fantasía en un lugar más alto que la realidad; ésta es sólo contenida dentro de los sueños.

Suburbia (1996) Un grupo de jóvenes se dedica a comentar sobre lo que odian del mundo mientras digieren comida chatarra en un estacionamiento. Su reticencia, más que un reflejo de la sociedad, es un último recurso, efectivo o no, en contra de todo lo que recuerde a la idea de la productividad.

The Newton Boys (1998) Basada en la historia real de los hermanos Newton, ladrones de bancos como acto de resistencia y liberación.

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Apr 17, 2013

The Bay y el cine de terror ecológico

The Bay y el cine de terror ecológico

El terror ecológico o eco-terror se ha afianzado como subgénero literario, televisivo y cinematográfico desde la década pasada, sobre todo con la discusión sobre el calentamiento global impulsado como un tema de prioridad por varios grupos de científicos, y sistemáticamente desatendido en las políticas climáticas decididas por los Estados más poderosos.

La reticencia de países como Estados Unidos y China a hacerse cargo de los efectos devastadores que ha tenido su híper industrialización durante las décadas recientes, convierten al tema de la ecología como uno central en nuestros tiempos, y el cine ha dado cuenta de ello de manera muy oportuna.

Desde documentales que alertan sobre el cambio climático irreversible –cuyos efectos ya se observan en gran parte del mundo–, como An Inconvenient Truth (2006) del ex candidato presidencial estadounidense Al Gore, pasando por You’ve Been Trumped (Anthony Baxter, 2012), acerca del gigantesco campo de golf construido por el magnate Donald Trump sobre una reserva ecológica escocesa, hasta el tono alarmista y la estética semi gore de documentales como Confessions o an Eco-terrorist del activista Peter Brown (surgido de la exitosa serie de TV Sea Shepherds), el terror ecológico en cine cumple una función de concientización por medio del shock emocional, más que por el convencimiento a base de argumentos científicos o de discusión racional. Para ello se ha hecho de una estética muy particular y efectiva.

Ésta parte de la utilización tanto de recursos del cine documental, como de noticieros en formato “breaking news”: entrevistas y testimonios, material de archivo (“found footage”), videoconferencias por Skype, webcams, videos caseros y frecuentemente un manejo semi-amateur de la cámara, que da la sensación de que el acontecimiento está sucediendo en tiempo real y es o fue transmitido por algún noticiero como un acontecimiento verdadero.

Este fue precisamente el planteamiento que se puso de moda con El proyecto de la bruja de Blair (1999), una ficción en formato documental cuya ilusión de verosimilitud sugestionó incluso a sus protagonistas, quienes creyeron estar en un ambiente verdaderamente embrujado, y por tanto ofrecieron, más que actuaciones, reacciones de miedo genuino ante la cámara. Varios años después se usó esta fórmula en muchos títulos del género de horror, como REC o Actividad Paranormal, cuyos productores son los mismos de The Bay.

Con el veterano Barry Levinson (Rain Man, Wag The Dog…) en la dirección, The Bay acontece en un pequeño pueblo de Estados Unidos, donde todos los peces de la bahía han muerto. Ante la amenaza de que se trate de una plaga sobrenatural la causante de este desastre ecológico, y de que pueda causar una zombieficación de los habitantes, el pueblo es puesto en cuarentena por fuerzas federales, en una clara alusión a las películas Epidemia (1995) o 28 días después (2003). La secrecía y falta de información que resultan de este manejo de la crisis, provocan una situación de desconfianza paranóica, que es lo que esta ficción se propondría denunciar.

Además del material de archivo, Levinson perfecciona su retórica añadiendo a las “pruebas” de su caso reportes científicos y llamadas al 911. Su capacidad para generar miedo evoca inmediatamente al cine clásico de horror, sobre todo al Tiburón de Spielberg (75) o incluso la psicosis tan súbita como una diseminación virulenta  en The Thing (Carpenter, 82). The Bay se trata sin duda de una película que cumple con todas las características del cine de horror, pero puestas al día y apropiándose de elementos visuales de otros medios como la televisión y el internet.

Como en El proyecto de la bruja de Blair, Levinson acude a actores relativamente desconocidos que bien podrían pasar por gente común (reporteros, testigos…) y reforzar así la idea de estar viendo un noticiero, donde el personaje principal sería el pueblo mismo, y la enfermedad que lo carcome. Al igual que Carpenter, The Bay no está exenta de la sangre y vísceras que se esperan de cualquier película de terror.

Explotar el miedo ha sido siempre el propósito del género de horror. La novedad con las películas de eco-terror es lo mucho que nos dicen sobre la ignorancia y escepticismo que existe en grandes sectores de la población mundial, en temas como el medio ambiente. También refleja cómo, a pesar de estar en la era de la información, el manejo poco escrupuloso de ésta por parte de los grandes medios de comunicación, provocan psicosis al instante y a la carta. ¿Exageración? Basta recordar que en 2009 la capital mexicana sucumbió casi en su totalidad y en menos de 24 horas a la psicosis colectiva con la noticia de la “gripe porcina”, un espectáculo reciclado cada invierno en varias partes del mundo.

The Bay se inscribe dentro de un subgénero que durante los últimos 15 años ha repetido una fórmula bastante exitosa. Por parte del espectador queda ver más allá de esta fórmula y reflexionar sobre lo fácil y común que es la sugestión mediática, basada en la información manipulada y repetida ad nauseum, así como cuestionar la opacidad con la que operan los gobiernos y autoridades en temas vitales como el medio ambiente y la salud pública.  


–LO QUE VIENE EN ECO-TERROR–
Los seguidores del género deben estar pendientes de las producciones que se estrenarán este año, como Night Moves, protagonizada por Jesse Eisenberg (The Social Network), Dakota Fanning y Peter Sarsgaard, es una historia sobre eco-activistas extremos, gobiernos opacos y una planta hidroeléctrica que vuela en pedazos.


The East, con Alexander Skarsgard, Brit Marling y Ellen Page, sobre un grupo de activistas-anarquistas y corporaciones faltas de escrúpulos. Las autoridades gubernamentales se infiltrarán al grupo criminal para desarticularlo. No al de la corporación, sino al de los activistas.

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