3 Days To Kill
El thriller político pasa por una interesante renovación: la
premisa del individuo contra la estructura de poder tuvo un impresionante éxito
a inicio de los dosmiles con la franquicia basada en el personaje de Jason
Bourne, un antihéroe que pasa de ser un agente del Estado a un opositor que usa
su entrenamiento para desentrañar la corrupción estructural en la que él ha
servido de poco más que alfil.
Otra cinta que también tiene un relevante comentario político,
pero centrado en la relación padre-hija, es Taken (2008), escrita y producida
por Luc Besson y protagonizada por Liam Neeson, un ex-agente que se enfrenta al
crimen organizado coludido con mandos de gobierno en la búsqueda de su hija
secuestrada. Ambas películas comparten un montaje trepidante en donde la
historia se cuenta desde la perspectiva del anti héroe. Simpatizando con él y
por ende, en contra de las corruptas estructuras legales e ilegales con las que
se enfrenta, el espectador ve una trama de acción no peleada con el comentario
reflexivo.
Más cercana al género de acción y no tanto al thriller
político, y ciertamente menos incisiva que las anteriores películas, se
encuentra 3 Days To Kill, la historia de un agente del servicio secreto (el
matón “Ethan Renner”, interpretado por Kevin Costner) que adquiere una
enfermedad letal para la cual hay una cura que sólo conoce y puede proveer su
mando superior, a cambio de un trabajo final que frustrará el plan de Renner de
jubilarse para entablar una relación con su hija adolescente.
Escrita por Adi Hasak (Shadow Conspiracy) y Luc Besson (La
Femme Nikita, El professional…), se podría pensar que 3 Days To Kill remite
precisamente a esas historias, pero su tratamiento tiene el sello del director
Joseph McGinty, más conocido por la estetizada acción de su película del 2000,
Charlie’s Angels, y no tanto por el ritmo trepidante ni la testosterona de sus
personajes masculinos. 3 Days To Kill es también –o sobre todo– el regreso de
Kevin Costner a la pantalla grande, tras varios años de dedicarse a hacer papeles
secundarios, series de televisión o incluso de dedicarse a tocar en su banda de
música country.
Ya casi en sus 60, Costner se preparó físicamente para el
demandante papel del agente Renner, aunque su interpretación de un hombre rudo,
cuya fortaleza interior es aún más ferrea, está muy lejana de la que tan bien
le sale a Liam Neeson, el actor irlandés a quien indudablemente Coster quiere
emular. El agente de Costner no está exento de hacer chistes para aligerar el
peso de su ocupación, y de hecho resulta notable la interacción que tiene con
los tres personajes femeninos más cercanos a él: su esposa, su hija y la mujer
que le provee la droga que debe salvar su vida: una misteriosa Amber Heard en
plan de femme fatale.
Las motivaciones de Ethan Renner no son políticas, sino
personales, y en su retorno al oficio de matón, no lo notamos vacilante excepto
por el hecho de que ya no podrá llevarse con su familia como él deseaba. El
lado amable y sentimental de un matón es un sello tan distintivo en el universo
Costner, y extensivo a esta historia, donde tenemos a la familia en un pedestal
mientras literalmente explotan bombas alrededor de ella, haciendo que el
personaje funcione como un ladrillo más de ese muro político que nunca se
cuestiona ni mucho menos se resquebraja, y de hecho va a la caza del villano
predecible y ya exhausto que es “el terrorista”.
3 Days to Kill, una co-producción estadounidense-francesa, se
antoja como una paso titubeante del reconocido Besson (productor, además de
guionista) al mercado estadounidense, al que ya había entrado con la exitosa
Taken. En esta ocasión desaprovecha no sólo su bagaje, prestigio y fórmula,
sino las condiciones actuales del debate político que urgen una mirada menos
relajada a las prácticas perversas del Estado, comenzando por Estados Unidos
pero que no se limitan a ese país.
Lo que Besson no desaprovecha, y que resulta de lo más
atractivo, es la colaboración con el fotógrafo Thierry Arbogast, cuyo ojo fue
clave en la creación de los ambientes laberínticos y claustrofóbicos habitados
por personajes ya icónicos como León, el matón interpretado por Jean Reno en El
profesional, así como la antisistema Nikita y casi una decena de películas
reconocidas por su calidad visual: Ridículo o El quinto elemento.
Mientras que existen planes para una tercera parte de la más
compleja Taken, 3 Days To Kill tiene el potencial de construir al menos dos
personajes importantes que no son el protagonista: Bresson y McGinty han
mostrado tino en la creación de personajes femeninos fuertes. En primera
intancia y mucho más interesante que Renner, resulta su némesis Vivi Delay, una
agente del FBI bien instalada en esa psicopatía perfeccionada de los guardianes
del orden que ya no sorprende a nadie, y ataviada de trajes de látex negro a lo
Gatúbela. Será interesante ver a este personaje con un alto componente de
sadismo administrar la droga que mantiene vivo a Renner por tiempo indefinido.
Por su parte, la adolescente Zooey Renner es interpretada por
una actriz que ya ha tenido interpretaciones convincentes en True Grit, Ender’s
Game y su protagónico en Romeo y Julieta de Carlo Carlei. Como la hija de un
hombre misterioso que lleva una doble vida, Zooey representa lo opuesto, una
chica que genuinamente quiere acercarse a su padre, y cuya vida está en riesgo
sin que ella lo sepa.
Filmada en París y Bosnia, los admiradores de la tecnología y
los efectos especiales se regocijarán con el despliegue de artefactos, desde
mini bombas hasta sofisticados autos deportivos y persecusiones vertiginosas
que tienen el sello Bresson, ya no tanto como el director-autor de los 90, sino
como el productor de un modelo de películas de acción que sin duda todavía
cuenta con un buen número de seguidores.