Claire Denis, Los Perversos
Dice Claire Denis (Francia, 1948) que el suyo es un cine
creado a partir de las sensaciones, que sus guiones le duelen y que dirige a
sus actores como si estuviera bailando con ellos. El tono contemplativo,
lánguido y frecuentemente hipnótico de sus largas tomas y complejas elipsis
parecería ser una meditación en escena a la que se accede no siempre con
facilidad, y mucho menos con las formas de contar hegemónicas a que el cine
comercial nos tiene acostumbrados. Aunque sin hacer una división tajante entre
“cine comercial” y “cine de autor” en el caso de Denis, lo cierto es que la
francesa ha construido durante las recientes dos décadas una filmografía de
claras señales autorales no sólo a partir su distintiva manera de contar, sino
de sus temáticas.
Un cine sensorial
Inmediatamente reconocibles son las preocupaciones –cuando no
obsesiones– de Denis por hacer un cine de texturas y relieves que excitan los
sentidos mientras sus temáticas, que frecuentemente rondan las cuestiones de
raza y género, transgreden en un nivel casi subconsciente. Denis creció en la África
colonial, y en alguna ocasión contó que ver de cerca la humillación de la
opresión racial, fue una experiencia que la marcó. Sin ser nunca un cine de
denuncia ni mensaje, sus historias desafían la narrativa convencional y rara
vez ofrecen respuestas. Más interesada en contar de la manera más vívida
posible las experiencias –su cine en sí es una experiencia sensorial que
afecta, no sólo la historia que cuenta– de sus personajes, muchos de ellos
ficcionalizados a partir de su experiencia propia.
Mientras que el consenso en la crítica la ha colocado como
una de las autoras más relevantes de la actualidad, a Denis se le da bastante
bien desconcertar. Algunas de sus películas son consideradas obras maestras
(Beau Travail de 1999 o White Material de 2009 recibieron críticas casi
unánimemente favorables), mientras que otras son recibidas con confusión y
hasta shock. Trouble Every Day, de 2001, es en realidad un regreso a la
metáfora del vampirismo como el deseo obsesivo que puede escalar hasta consumir
al objeto adorado. Se le llegó a malinterpretar como mero “canibalismo gore”, y
I Can’t Sleep (1994), basada en la historia real de un asesino serial
trasvestido y negro que asesinaba a ancianas blancas, produjo un debate intenso
entre la comunidad negra de Francia.
En Los Perversos (2013), Denis no elude la provocación a
partir de los cuerpos, en el que quizás sea uno de los filmes más oscuros de la
directora. Protagonizado por Vincent Lindon (“Marco Silvestri”) con un
semblante permanentemente lúgubre, y Chiara Mastroianni, Los Perversos es la
historia de un capitán naval dedicado al transporte de carga que tiene que
volver de emergencia a Francia cuando le informan del suicidio de su cuñado.
La rutina y el necesario distanciamiento que Marco se ha
procurado durante gran parte de su vida adulta, son trastocados cuando descubre
los secretos viciosos de su hermana, y que han destruido la vida de su sobrina.
En el centro de esta historia se encuentra la figura de un anciano rico y
perverso (Michel Subor, uno de los actores fetiche de la directora),
simbolizando el poder patriarcal corruptor de todo. Marco se infiltra en la
vida de este amenazante ser sin reparar en la destrucción que dejará a su paso.
El filme más noir
de Claire Denis hasta el momento, Los Perversos recuerda por instantes a las
ambientaciones sombrías y la ansiedad en el aire de Lost Highway (David Lynch,
1997), así como los impulsos tanáticos de Crash (David Cronenberg, 1996). El
descenso de Marco toca fondo cuando descubre lo que ha sucedido con su sobrina,
un personaje fantasmal cuya cuyo cuerpo poseído y traumatizado es una cárcel de
la que escapa en uno de los momentos más climáticos de la historia.
La familia
de(con)struída
Se ha dicho que Los Perversos se desvía del tema del
colonialismo que tanto interesa a Denis; nada más lejano. Los cuerpos
colonizados y/o traficados como moneda de cambio son uno de los sellos de la
francesa desde sus inicios. En Los Perversos, sólo se traslada a una historia
familiar, sin contexto aparente. El cuerpo femenino esclavizado, vejado,
mutilado y violado de todas las formas posibles, se presenta con la brutalidad
que amerita la trama, pero nunca con una intención explotativa. Los protagonistas
varones son personajes tridimensionales: Marco se asume como el patriarca
sustituto de una familia destruída, y a la vez es el patriarca ausente de su
propia familia. Incluso el anciano perverso se muestra mucho más complicado que
“el personaje malo” cuando, afectando la vida de todos a su alrededor, pone a
su hijo pequeño en el centro de sus prioridades, pero como su propiedad.
La subtrama de Marco con la esposa (Mastroianni) del anciano
tiene una importancia para nada secundaria en la película, sino que se imbrica
con la historia principal y revela, cual caja de pandora, los secretos más
siniestros de la familia, así como la propia oscuridad de Marco. Los personajes
femeninos son un tanto pasivos: sus cuerpos han sido apropiados por hombres con
fines distintos, hasta opuestos. Excepto que hacia el final ellas tienen la
última decisión. El poder patriarcal es destructivo hasta el punto de su propia
disolución: los bastardos (traducción precisa del título en francés), la
carencia de padre, es una alusión a ese poder –el masculino– deconstruído una
vez más en la obra de la cineasta francesa.
La música como un
elemento principal
Claire Denis no sólo filma y edita como quien improvisa un
tema musical. El ambiente desolador y oscuro de Los Perversos es provisto tanto
por la imagen como por la banda sonora. El grupo inglés Tindersticks lleva años
colaborando con Denis con piezas especiales para sus historias, proveyendo su
característico soul orquestal y lúgubre.
En la película las composiciones de Stuart A. Staples cobra intensidad hacia el
denso final.