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Jan 11, 2014

Claire Denis, Los Perversos

Claire Denis, Los Perversos

Dice Claire Denis (Francia, 1948) que el suyo es un cine creado a partir de las sensaciones, que sus guiones le duelen y que dirige a sus actores como si estuviera bailando con ellos. El tono contemplativo, lánguido y frecuentemente hipnótico de sus largas tomas y complejas elipsis parecería ser una meditación en escena a la que se accede no siempre con facilidad, y mucho menos con las formas de contar hegemónicas a que el cine comercial nos tiene acostumbrados. Aunque sin hacer una división tajante entre “cine comercial” y “cine de autor” en el caso de Denis, lo cierto es que la francesa ha construido durante las recientes dos décadas una filmografía de claras señales autorales no sólo a partir su distintiva manera de contar, sino de sus temáticas.

Un cine sensorial
Inmediatamente reconocibles son las preocupaciones –cuando no obsesiones– de Denis por hacer un cine de texturas y relieves que excitan los sentidos mientras sus temáticas, que frecuentemente rondan las cuestiones de raza y género, transgreden en un nivel casi subconsciente. Denis creció en la África colonial, y en alguna ocasión contó que ver de cerca la humillación de la opresión racial, fue una experiencia que la marcó. Sin ser nunca un cine de denuncia ni mensaje, sus historias desafían la narrativa convencional y rara vez ofrecen respuestas. Más interesada en contar de la manera más vívida posible las experiencias –su cine en sí es una experiencia sensorial que afecta, no sólo la historia que cuenta– de sus personajes, muchos de ellos ficcionalizados a partir de su experiencia propia.

Mientras que el consenso en la crítica la ha colocado como una de las autoras más relevantes de la actualidad, a Denis se le da bastante bien desconcertar. Algunas de sus películas son consideradas obras maestras (Beau Travail de 1999 o White Material de 2009 recibieron críticas casi unánimemente favorables), mientras que otras son recibidas con confusión y hasta shock. Trouble Every Day, de 2001, es en realidad un regreso a la metáfora del vampirismo como el deseo obsesivo que puede escalar hasta consumir al objeto adorado. Se le llegó a malinterpretar como mero “canibalismo gore”, y I Can’t Sleep (1994), basada en la historia real de un asesino serial trasvestido y negro que asesinaba a ancianas blancas, produjo un debate intenso entre la comunidad negra de Francia.

En Los Perversos (2013), Denis no elude la provocación a partir de los cuerpos, en el que quizás sea uno de los filmes más oscuros de la directora. Protagonizado por Vincent Lindon (“Marco Silvestri”) con un semblante permanentemente lúgubre, y Chiara Mastroianni, Los Perversos es la historia de un capitán naval dedicado al transporte de carga que tiene que volver de emergencia a Francia cuando le informan del suicidio de su cuñado.

La rutina y el necesario distanciamiento que Marco se ha procurado durante gran parte de su vida adulta, son trastocados cuando descubre los secretos viciosos de su hermana, y que han destruido la vida de su sobrina. En el centro de esta historia se encuentra la figura de un anciano rico y perverso (Michel Subor, uno de los actores fetiche de la directora), simbolizando el poder patriarcal corruptor de todo. Marco se infiltra en la vida de este amenazante ser sin reparar en la destrucción que dejará a su paso.

El filme más noir de Claire Denis hasta el momento, Los Perversos recuerda por instantes a las ambientaciones sombrías y la ansiedad en el aire de Lost Highway (David Lynch, 1997), así como los impulsos tanáticos de Crash (David Cronenberg, 1996). El descenso de Marco toca fondo cuando descubre lo que ha sucedido con su sobrina, un personaje fantasmal cuya cuyo cuerpo poseído y traumatizado es una cárcel de la que escapa en uno de los momentos más climáticos de la historia.


La familia de(con)struída
Se ha dicho que Los Perversos se desvía del tema del colonialismo que tanto interesa a Denis; nada más lejano. Los cuerpos colonizados y/o traficados como moneda de cambio son uno de los sellos de la francesa desde sus inicios. En Los Perversos, sólo se traslada a una historia familiar, sin contexto aparente. El cuerpo femenino esclavizado, vejado, mutilado y violado de todas las formas posibles, se presenta con la brutalidad que amerita la trama, pero nunca con una intención explotativa. Los protagonistas varones son personajes tridimensionales: Marco se asume como el patriarca sustituto de una familia destruída, y a la vez es el patriarca ausente de su propia familia. Incluso el anciano perverso se muestra mucho más complicado que “el personaje malo” cuando, afectando la vida de todos a su alrededor, pone a su hijo pequeño en el centro de sus prioridades, pero como su propiedad.

La subtrama de Marco con la esposa (Mastroianni) del anciano tiene una importancia para nada secundaria en la película, sino que se imbrica con la historia principal y revela, cual caja de pandora, los secretos más siniestros de la familia, así como la propia oscuridad de Marco. Los personajes femeninos son un tanto pasivos: sus cuerpos han sido apropiados por hombres con fines distintos, hasta opuestos. Excepto que hacia el final ellas tienen la última decisión. El poder patriarcal es destructivo hasta el punto de su propia disolución: los bastardos (traducción precisa del título en francés), la carencia de padre, es una alusión a ese poder –el masculino– deconstruído una vez más en la obra de la cineasta francesa.

La música como un elemento principal

Claire Denis no sólo filma y edita como quien improvisa un tema musical. El ambiente desolador y oscuro de Los Perversos es provisto tanto por la imagen como por la banda sonora. El grupo inglés Tindersticks lleva años colaborando con Denis con piezas especiales para sus historias, proveyendo su característico soul orquestal y lúgubre. En la película las composiciones de Stuart A. Staples cobra intensidad hacia el denso final.


Dec 7, 2013

Saving Mr. Banks

Saving Mr. Banks

Quizá la primera oportunidad de ver en pantalla grande a uno de los emprendedores más icónicos del siglo XX, Walt Disney, y producida por el mismo estudio Disney (junto a la británica BBC y otras productoras menores), Saving Mr. Banks se centra en la vida de la escritora inglesa P. L. Travers, autora de la célebre novela para niños Mary Poppins (1934). La película intercala la infancia de la autora, su consolidación como tal, y su difícil relación de trabajo con Walt Disney, a quien le llevó cerca de 20 años conseguir los derechos de la novela para su adaptación filmica.

Esto último porque, además de no ser adepta a las creaciones del productor norteamericano, Travers defendió a capa y espada su personaje más importante y personal: la niñera mística Mary Poppins, y hasta el último momento se aseguró de que la adaptación respetara la integridad de la historia. Este inusitado celo resultó uno de los mayores desafíos en la carrera de Disney, cuyo conflicto con la colega británica seguramente tenía un enorme, aunque secreto, componente de admiración.

En Saving Mr. Banks, Disney intentará encantar a Travers, ofreciendo algunos de los mejores trucos de la casa: equipos de escritores talentosos, storyboards que aclaran qué y cómo se filmaría, y sobre todo, las imaginativas canciones que componían los hermanos Sherman especialmente para la historia. Nada de esto sorprende a Travers. En este simpático aunque frustrante cortejo creativo, Disney descubre que en el fondo de este desencuentro, no es tan diferente a Travers. Apelando a motivaciones que ambos comparten desde la infancia, es como la adaptación se concreta en una de las películas más célebres de Disney.

Esta colisión de personalidades tan creativas como neuróticas es representada con precisión por Tom Hanks como Disney (sorprende su parecido físico) y Emma Thompson (con todo un repertorio de gestos, ademanes y vocalizaciones) como la orgullosa, perfeccionista y quisquillosa Pamela Travers, acompañados por Colin Farrell como el conflictivo y alcohólico padre de la escritora (a él alude el título de la película), Ruth Wilson como su madre, Jason Schwartzman y B.J. Novak como los legendarios hermanos Sherman, compositores de la banda sonora de Mary Poppins, al igual que otros clásicos de Disney como Winnie The Poo o El libro de la selva, y Victoria Williams como Julie Andrews, la actriz que dio vida a Mary Poppins en el filme homónimo de 1964.

El guión de esta visita al pasado corrió a cargo de la inglesa Kelly Marcel, quien como Travers, comenzó su carrera como actriz para más tarde dedicarse a la escritura, y actualmente también a la producción de series televisivas y a escribir los guiones de adaptaciones fílmicas como 50 Shades of Gray. Las similitudes entre ambas no son mera coincidencia. Podría considerarse que la visión de Marcel es reivindicar la imagen de Travers como una mujer poderosa que influenció el ambiente primordialmente masculino de Hollywood en la década del 60; un poco como la irrupción de la propia Marcel, en contextos distintos pero que han cambiado poco en lo fundamental.

El guión de Marcel ha sido descrito como una “obra maestra en estructura narrativa”, y ya está considerado como serio competidor para el Oscar en 2014. Su co-guionista es la australiana Sue Smith, con experiencia en adaptaciones de personajes de la vida real y temáticas como conflictos sociales (laborales, domésticos…), un poco en el sentido de Ken Loach pero sin la crudeza del británico. Del lado de las guionistas se encuentra la productora también británica Alison Owen, empujando todas una visión más cercana a la de Jane Campion en el corazón mismo de Hollywood, y acerca de uno de los patriarcas más poderosos de la industria, como sigue siendo Walt Disney.

La dirección corre a cargo de John Hancock, un especialista en dramas de época y en el inusual éxito de taquilla The Blind Side (con Sandra Bullock), y la fotografía de John Schwartzman (hermano de Jason) remite al estilo de colores vívidos que se deja ver en las películas de Ben Stiller, Michel Gondry o Wes Anderson. El diseño de producción de Michael Corenblith (Apollo 13, The Grinch…) recrea no sólo la época, sino en específico el parque de diversiones Disneylandia, donde se rodó parte de la historia.

El compositor Richard Sherman, único sobreviviente del dueto Sherman Brothers, participó desde la fase de pre-producción, asesorando a los actores que interpretan al dueto y a los músicos acompañantes, así como supervisando la recreación de las grabaciones, una de ellas interpretadas por el mismo Colin Farrell. La banda sonora fue escrita por Thomas Newman y es publicada por Walt Disney Records.

Saving Mr. Banks, además de ser documento actual sobre el pasado de Hollywood, un creativo “detrás de cámara” y una reconstrucción visual fidedigna del universo Disney en los años 60, es, sobre todo, un comentario astuto sobre las relaciones desiguales en el seno de la industria y una atribución positiva del papel de una creadora en un ambiente aún dominado por hombres. Aunque la representación de Disney no es completamente verosímil –no se le muestra como el fumador compulsivo que era, con tal de no recibir una clasificación para adultos–, que esta película haya sido producida por el mismo estudio Disney, es un acontecimiento inédito y arriesgado.

La novela y la película: diferencias
Nunca fue secreto que Pamela Travers consideraba las producciones de Disney de una calidad cuestionable. Cuando no superficiales, dentro y fuera de Estados Unidos las historias animadas por el estudio generaron controversia por sus representaciones racistas, que incluso en el primer cuarto de siglo, resultaban obvias y ofensivas para muchos espectadores, particularmente la población negra.

Una de las cláusulas que Travers hizo firmar a Walt Disney fue que la adaptación de Mary Poppins no consistiría en una película de animación. Aunque lo logró parcialmente, por más que la autora supervisó el contenido de la película, ésta se defiende como un producto en sí mismo y con valores únicos y ajenos a la novela.

En primer lugar, la Mary de Travers es mucho más compleja y hasta con cierta disposición por la melancolía, mientras que en la película Julie Andrews interpretó a una hermosa, delicada y divertida niñera con enorme talento para expresar por medio del canto sus fantasías, éstas puestas en escena de manera tan colorida como la niñera.

El guión de Bill Walsh y Don DaGradi (Alicia en el país de las maravillas, Peter Pan, La bella durmiente, The Absent-Minded Professor) imprimió el sello de la casa Disney: historias y personajes edulcorados acompañados por caricaturas, papalotes y animaciones visualmente atractivas, pero sin correspondencia en la imaginación de Travers.

La recepción de la película fue más que positiva entre la Academia Cinematográfica estadounidense, la crítica y el público, aunque a Travers no le satisfizo esta versión rosa de su novela.



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