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Mar 17, 2013

World War Z

World War Z

La figura del muerto viviente, portador de un mal peor que la peste y con altísimo grado de contagio, más conocido como zombie, se disputa este verano el reino como el depositario número uno del miedo colectivo. Por colectivo se creía el miedo de un determinado grupo de personas, pertenecientes a un país o una fracción de continente, como se recuerda en la reciente 28 días después (Danny Boyle, 2003), o la clásica Invasion of the Body Snatchers (Don Siegel, 1956). En World War Z esa amenaza se ha vuelto global e inmediata: una pandemia de consecuencias tan catastróficas que la raza humana corre el riesgo de extinguirse.

Producida y protagonizada por Brad Pitt, con apoyo de la Paramount y la productora del joven multimillonario David Ellison (que se perfila, como su hermana Megan, como dos productores cinematográficos a los que hay que prestar atención), esta ambiciosa historia se basa en la novela homónima escrita por Max Brooks en 2006, a su vez basada en los relatos de historia oral que Studs Terkel hizo sobre la Segunda Guerra Mundial en su novela The Good War, y que le valió el premio Pulitzer en 1985.

Atenta a las fuentes históricas orales como estrategia narrativa (la historia oral es el relato de viva voz de actores participantes en algún evento histórico) y con ecos del periodismo de guerra, World War Z es el relato del delegado de la ONU y padre de familia Gerry Lane, quien, ante el brote de la pandemia, decide colaborar con la organización y los gobiernos aliados para intentar frenarla. Lane ha viajado a varias partes del mundo con la misión de documentar el fenómeno zombie, que antes del brote pandémico se consideraba excepcional, por lo que su experiencia será clave en la búsqueda por controlar esta amenaza global.

A diferencia de otras películas que se circunscriben a la figura del muerto viviente, Word War Z resulta mucho más ambiciosa: el zombie es lo que motiva una historia que pronto se desenvuelve en varios nudos dramáticos que exceden por mucho los límites del género del horror. Así, WWZ es en partes iguales una película de horror, como un thriller político que astutamente echa mano del documental ficcionado (o “falso documental”) para reforzar su retórica: tomas aéreas y a ras de suelo, cámaras fijas y de mano, y un manejo magistral de enormes multitudes humanas que huyen despavoridas de muertos vivientes que se parecen físicamente tanto a ellos, que en estas escenas caóticas es prácticamente imposible distinguir unos de otros. 

Al director Marc Forster le ha funcionado espléndidamente esta estrategia híper-realista, de noticiero de televisión, pero sin coquetear nunca visualidades sucias o explotadoras (en el sentido del subgénero “exploitative”) del periodismo amarillista, o incluso el gore. Los tonos marrones de post-guerra en WWZ recuerdan no sólo a distopías apocalípticas y sombrías como War of the Worlds (Spielberg, 2005), sino que su fotografía está más cercana al fotoperiodismo, e incluso por momentos remite a las escalofriantes escenas de la magnífica cinta sueca Songs From The Second Floor (Roy Anderson, 2000), donde los muertos se desprenden de la tierra.

Esto se debe al talento del veterano Robert Richardson, con tres óscares en su haber por cintas como The Aviator o Hugo, y a quien caracteriza su estética sobria e inteligentemente correspondiente al relato y sus tonos dramáticos. Además de este sólido aspecto técnico, la historia en sí misma promete grados de complejidad que no son comunes en este tipo de mega producciones.

No obstante los cortes de última hora que borran incómodas menciones a China como el hipotético sitio de origen del brote infeccioso, el guión fue escrito por uno de los narradores más interesantes de Hollywood, Drew Goddard, quien el año pasado dirigió The Cabin in the Woods, y es conocido por hacer comentarios políticos relevantes en torno a temas como el espectador en momentos de la híper-referencialidad. Será interesante ver cuál es el sello de Goddard en una película que trata un tema eminentemente político, que involucra a los gobiernos del mundo y a la ONU, decidiendo el mismo futuro de la especie humana.

En World War Z el foco de atención no es tanto el aspecto putrefacto del muerto viviente, y la sangre o vísceras de sus víctimas. A cambio de esta viscosidad, el director suizo propone una trama tejida inteligentemente y una visualidad impactante que podrían hacer de esta la película de zombies más importante al inicio de la década.

Biologías amenazantes y otros riesgos de contagio que hay que ver
The Thing (John Carpenter, 1982)
El estadounidense John Carpenter tenía el extraño don de hacer películas incisivas con estéticas escalofriantes. Uno de los más grandes maestros del terror, Carpenter aisla a un grupo de científicos en la Antártida, y en cuestión de días desmenuza el comportamiento humano ante lo desconocido y temido. Las monstruosidades diseñadas por Carpenter y su equipo son tan espantosas como lo que provocan en la mente de quienes las padecen.
Children of Men (Alfonso Cuarón, 2006)

Distopía basada en el libro homónimo de P.D. James, versa sobre la amenaza del fin de la especie humana, pero no por una amenaza externa o una pandemia, sino por una biología en recesión: la infertilidad de las mujeres en un hipotético 2027 semi caótico, donde quedan pocos gobiernos “estables”. En Children of Men, Cuarón usa la misma estrategia narrativa que WWZ: documental ficcionado y elementos de noticiero televisivo como fuentes de realismo.

OBLIVION

OBLIVION

Las adaptaciones de la novela gráfica al cine pasan por un excelente momento. De Watchmen, la historia escrita y graficada por Alan Moore y Dave Gibbons en los 80, se dijo durante años que nunca podría ser adaptada al cine por la dificultad de pensar su poli-narrativa en clave cinematográfica, mas el director Zack Snyder presentó en 2009 una adaptación correspondiente e imaginativa que abrió paso al traslado mediático de otras novelas gráficas.

Ese es el caso de Oblivion, cómic escrito por Joseph Kosinski, quien funge también como guionista, director y productor de esta historia de ciencia ficción distópica, ambientada en el año 2073 en la tierra, décadas después de haber sido colonizada por una devastadora invasión alienígena. El de Kosinski es uno de los nombres que se barajan entre los candidatos para dirigir el episodio 7 de Star Wars en 2015. De ser así, sucedería a Christopher Nolan como el director de ciencia ficción más importante en la industria del cine.

Kosinski hizo el año pasado un imaginativo remake, a partir de tecnologías actuales como el IMAX 3D, del clásico Tron de los años 80, y ha fungido como director de arte para comerciales de los videojuegos Gears of War y Halo 3.

El nuevo orden post-invasión
El estelar de Oblivion queda a cargo de Tom Cruise, quien interpreta al ex marino Jack Harper, semi ermitaño refugiado en una estación aérea, y cuyo descenso a la tierra es provocado por varias circunstancias que remiten inmediatamente a la exitosa adaptación de la novela anónima de H.G. Wells “War of Worlds” (2005), las sagas Mission Impossible, así como al argumento de Blade Runner y el oficial Rick Deckard (Harrison Ford), particularmente en las complicaciones surgidas del involucramiento entre el protagonista y el personaje femenino, interpretado en Oblivion por la actriz Olga Kurylenko.

En 2073 la tierra se ha convertido en un estado policíaco, sitiado, y uno de los personajes más interesantes y complejos es el de Malcolm Beech (interpretado por Morgan Freeman), líder de la resistencia insurgente que a sus 102 años comparte algo de su sabiduría con el joven e inexperto Jack Harper.

Planteamiento visual
Planeada desde el inicio como una película filmada para ser proyectada en pantallas IMAX, el planteamiento visual de Oblivion es, en primera instancia, monumental. La acción transcurre en una apocalíptica Nueva York, donde los rascacielos contrastan con el paisaje abismal de la tierra abierta, y con las estaciones espaciales localizadas a la altura de las nubes. En las tétricas hendiduras viven “sociedades secretas”, y es ahí a donde Jack Harper tendrá que descender en su búsqueda por recursos naturales.

Joseph Kosinski tiene un estilo visual muy distintivo, que se acerca más a los blancos minimalistas concebidos por Stanley Kubrick en 2001: Odisea del espacio, que el estilo noir y opresivo de Ridley Scott en Blade Runner. El atuendo del oficial-héroe Jack Harper, por ejemplo, es un traje futurista color blanco, ciertamente parecido a los trajes de astronauta de la NASA, pero más estilizados.

La estación de monitoreo y la nave aérea en que se traslada son espacios amplios y claros, diseñados para aprovechar la luz solar, y remiten a la arquitectura modernista de los años 50. Este estilo elegante y geométrico cumple un propósito muy específico: contrastar con las visualidades oscuras que se desarrollan en las entrañas de la tierra, donde se desarrolla en nudo de la acción.

He aquí una de las principales diferencias entre el cómic y la película. El primero tiene un planteamiento visual más homogéneo y oscuro, mientras que la película propone un “estilo colisionado”, de blancos contra negros. El diseño visual corrió a cargo de los artistas Andree Wallin, Arvid Nelson y el mismo Kosinski, quien planteó abiertamente la intención de romper con la visualidad noir de los últimos 30 años, y que se asocia a películas como Blade Runner, Alien o la reciente Prometheus, donde Ridley Scott aportó pocas novedades a su estilo característico.  

Algo es cierto: la historia cumple cabalmente con lo que se espera de la ciencia ficción, y el personaje interpretado por Cruise no trastoca lo que debe ser un héroe. Lo novedoso aquí, y que seguramente dará paso a re-pensar la estética de las distopías, es precisamente la visualidad que propone Kosinski, rica en referencias no sólo al cine, sino también a la arquitectura y el diseño mas innovador del siglo XX, sin caer en el hábito “retro” tan propio de esta década. 

–– EXTRAS ––
Distopías en cómic
Además de las obras referidas, el nuevo orden impuesto tras una invasión alienígena ha sido motivo de muchos cómics, entre los que destacan el Batman de Frank Miller, Akira, o las más conocidas obras de Alan Moore como Watchmen o V For Vendetta. En América Latina la ciencia ficción distópica destaca en el trabajo de Alejandro Jodorowski y su The Incal, en el que colaboró con el francés Moebius, así como El Eternauta, el gran cómic que escribió el argentino Héctor G. Oesterheld, y dibujó el peruano Solano López en 1957.
La resistencia de un grupo de porteños unidos por el deseo de libertad, es una historia que se ha intentado adaptar al cine desde hace varios años. No sorprendería que en cualquier momento Hollywood adquiera los derechos de este clásico latinoamericano. Mientras tanto, hay varias ediciones de este cómic que hacen justicia a las grandiosas viñetas de Solano López. La mexicana de 2010 es una de ellas.


Dirección: Joseph Kosinski
Guión: Joseph Kosinski, William Monahan, Karl Gajdusek, Michael Arndt
Con: Tom Cruise, Olga Kurylenko, Andrea Riseborough, Morgan Freeman, Melissa Leo, Nikolaj Coster-Waldau
Lenguaje: Inglés
País: EEUU
Distribuidora: Universal Pictures 


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