Real Steel, el boxeo
metálico del futuro
Una buena parte de las
producciones hechas por el estudio DreamWorks siempre ha cobrado forma desde el
andamiaje de la ciencia ficción. El más reciente filme de esta casa, fundada en
los 90 por Steven Spielberg, Jeffrey Katzenberg y David Geffen, se titula Real
Steel (basada en el relato Steel de Richard
Matheson, 1956), y se le puede asociar a historias de corte futurista que abordan
la compleja relación hombre-máquina, como son los casos de Inteligencia
Artificial (2001), Minority report: Sentencia previa (2002) y La guerra de los
mundos (2005), entre otros importantes títulos con el sello de esta productora.
Pero a diferencia de
éstas, para Real Steel se ha asegurado una adaptación libre a cargo del
guionista Dan Gilroy (Freejack, Chasers, The Fall y comisionado para The Bourne
Legacy), que se prevee más como un cruce entre la ciencia ficción y la acción; una
puesta en escena en el futuro próximo, que cuenta los avatares de Charlie
Kenton (interpretado por Hugh Jackman), un luchador que ha depuesto los guantes
en un mundo donde el boxeo es de pronto protagonizado por máquinas.
Hombre
vs. máquina
La obsolescencia del
hombre y el reinado de la máquina es el planteamiento básico de esta cinta que
simultáneamente cuenta la complicada y distante relación de Kenton y su pequeño
hijo Max. Ambos encontrarán en su nuevo oficio como entrenadores de máquinas
boxeadoras una oportunidad para intimar y hasta para verse reflejados en su
robot de elección: uno de cualidades técnicas cuestionables y hasta
descartables, pero que por alguna razón (tal vez algo en su interior que es
casi humano) siempre gana los campeonatos.
El director Shawn Levy
la ha llamado una “conmovedora película de deportes”, y no falta quien la vea
como una síntesis de Transformers y Rocky. En efecto, la cinta es coproducida
por la casa ImageMovers Digital, perteneciente a la
división de películas de acción de Universal Studios. La
singularidad de Real Steel es una combinación de géneros fílmicos respaldada
por sus impresionantes artificios visuales, que la diferencian de su antecedente
directo, la adaptación que hizo el mismo Richard Matheson para la serie
televisiva The Twilight Zone, en 1963.
Hollywood ha recurrido
al rico imaginario de Matheson desde hace más de 50 años, y no en pocas
ocasiones. Considerado por escritores como Ray Bradbury, Robert Bloch, William
F. Nolan, Stephen King o Anne Rice como una de las principales plumas de la
ciencia ficción, la trayectoria de Matheson en las letras y el cine es vasta. Además
de sus decenas de historias de ficción y terror para películas y series
televisivas, las más memorables son acaso sus colaboraciones con Steven
Spielberg en Duelo (1971), la tercera parte de Tiburón (1983), o su adaptación
para Pide al tiempo que vuelva (1980).
Los
puños de acero en el Hollywood actual
El desafío de Real Steel
es que sea un éxito de taquilla (desde ya se prepara la secuela) que además de
entretener, suscite en la que seguramente será una audiencia masiva, la
reflexión sobre las problemáticas de la era moderna que siempre preocuparon a
Matheson, y que en concordancia con el estilo sombrío del autor, logre articular
las experiencias de sus personajes con tramas y ambientes hostiles y opresivos.
Se puede anticipar que
la impronta de Real Steel será más de la casa (las expresiones faciales “emotivas”
de los robots, por ejemplo, remiten a Inteligencia artificial, Yo, Robot y Transformers),
que del director, pues como el guionista, Shawn Levy (Una noche en el museo,
2009; Una noche fuera de serie, 2010) cuenta con más experiencia en comedias que
en cintas de acción.
La peso de la cinta
también recae en el trabajo actoral. Por la parte de los protagonistas, el
australiano Hugh Jackman ya tiene una considerable currícula como actor de
acción en la saga de X-Men o en Van Helsing, y Evangeline Lilly, más conocida
por el desempeño físico que exigía su rol en la serie televisiva Lost, hizo un
destacable trabajo en Zona de miedo (2008). Con esta cinta bien podría
consolidarse como una de las principales actrices hollywoodenses de cine de
acción. Y al histrionismo natural y emotivo del púber canadiense Dakota Goyo
hay que atender con especial atención, dada su importancia en la trama de la
historia.
Colofón
Otra interesante alusión
a esta historia es la que hicieron en forma de parodia Los Simpson en el
episodio titulado "I, (Annoyed
Grunt)-Bot" (2004), en donde los robots combatientes, lejos de representar
una competencia para los humanos, responden a una de las leyes básicas de la
robótica, que es servir a los humanos y nunca herirlos, por lo que el boxeador
de acero llamado ED-209 termina sirviéndole un martini a Homero Simpson,
mientras éste desconoce las reglas del juego y se hace del premio.